Barthes El Haiku

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    24-Nov-2015

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<ul><li><p>Roland BarthesEL HAIKU</p><p>La factura del sentid o</p><p>El haiku tiene la propiedad un tanto quimrica de permiti rque cualquiera imagine poder producir uno fcilmente . Se dice :qu ms accesible a la escritura espontnea que esto (de Bu -son) :</p><p>Anochece, es otoo ,pienso solamenteen mis padres .</p><p>El haiku es envidiable : cuntos lectores occidentales no ha nsoado pasearse por la vida, libreta en mano, anotando aqu yall "impresiones" cuya brevedad garantizara la perfeccin ycuya simplicidad atestiguara por la profundidad (en virtud deun doble mito, clsico en tanto hace de la concisin una prue-ba de arte, romntico en tanto atribuye un prerrogativa deverdad a la improvisacin) . Enteramente inteligible, el haik uno quiere decir nada, y es debido a esta doble condicin qu eparece estar ofrecido al sentido de una manera particularment edisponible, servicial, al modo de un gentil anfitrin que permi-tiera a alguno instalarse libremente en su casa, con sus hbitos ,sus valores, sus smbolos ; la "ausencia" del haiku (coma sedice tambin de un espritu irreal o de un anfitrin que se h aido de viaje) llama a la codicia mayor, la del sentido . Este sen-tido precioso, vital, deseable como la fortuna (azar y dinero) ,parece sernos provedo profusamente, a buen precio y sobr epedido, por el haiku, que se halla desembarazado de los cons-treimientos mtricos (en las traducciones que tenemos) . Enel haiku, dirase, el smbolo, la metfora, la leccin, no cuesta ncasi nada : apenas algunas palabras, una imagen, un sentimient o</p><p>ah donde nuestra literatura exige ordinariamente un poema ,un desarrollo o, en el gnero breve, un pensamiento cincelado :en suma, un amplio trabajo retrico . El haiku tambin parec edar a Occidente derechos que su literatura le rehusa y comodi-dades que le regatea . Usted tiene el derecho, dice el haiku, d eser trivial, breve, ordinario ; encierre lo que ve, lo que siente enun fino horizonte de palabras y apasionar ; tiene derecho afundar por usted mismo (y a partir de usted mismo) su propi oprestigio ; su frase, cualquiera que sea, enunciar una leccin, li -berar un smbolo ; ser usted profundo ; al menor costo, suescritura ser plena.</p><p>Occidente humedece cualquier cosa de sentido, a la maner ade una religin autoritaria que importe el bautismo a poblacio-nes completas, Los objetos de lenguaje (hechos con el habla )estn evidentemente convertidos por derecho : el sentido pri-mero de la lengua llama, metonmicamente, al segundo de ldiscurso, y este llamado tiene valor de obligacin universal .Tenemos dos medios para evitar la infamia del sin-sentido enel discurso, y someternos sistemticamente la enunciaci n(con una saturacin carente de cualquier nulidad que pudier adejar ver el vaco del lenguaje) a una u otra de estas significa-ciones (o fabricaciones activas de signos) : el smbolo y el ra-zonamiento, la metfora y el silogismo</p><p>. El haiku, cuyas pro-posiciones son siempre simples, corrientes, en una palabr aaceptables (como se dice en lingstica), es atrado hacia un ou otro de estos dos imperios del sentido . Como se trata de u n</p><p>1 5</p></li><li><p>"poema", se le ordena en esa seccin der cdigo general d elos sentimientos que llamamos "la emocin potica" (la Poes aes para nosotros, comnmente, el significante de lo "difuso" ,de lo "inefable", de lo "sensible", es la clase de impresione sinclasificables) ; se habla de un instante privilegiado", y sobr etodo de "silencio " (que es para nosotros signo de plenitu ddel lenguaje)</p><p>. Si alguno (Joco) escribe :Cunta genteha pasado a travs de la lluvia de otoosobre el puente de Seta !</p><p>se ve ah la imagen del tiempo que huye . Si otro (Basho )escribe :</p><p>Llego por el sendero de la montaaAh, qu exquisito !Una violeta!</p><p>significa que ha encontrado una ermita budista, "flor devirtud" ; y as subsecuentemente . No hay un solo trazo qu eno sea investido de una carga simblica por el comentarist aoccidental . O an ms, se quiere ver a cualquier precio den-tro del tercero del haiku (tres versos de cinco, siete y cincoslabas) un diseo silogstico de tres tiempos (ascenso, sus-penso y conclusin) :La vieja charca :una rana salta adentro,oh!, el chasquido del agua.</p><p>(en este silogismo singular se hace la inclusin por la fuerza :es necesario, para considerarlo como tal, que la menor salt edentro de la mayor) . Desde luego, si se renuncia a la metfor ao al silogismo, el comentario resultara imposible : hablar de lhaiku sera pura y simplemente repetirlo . Es esto lo que hac einocentemente un comentarista de Basho :</p><p>Son ya las cuatro. . .</p><p>Me he levantado nueve vecespara admirar la luna.</p><p>"La luna est tan hermosa, dice, que el poeta se levanta yvuelve a levantarse sin cesar para contemplarla desde su venta -na ." Descifradoras, formalizantes o tautolgicas, las vas d einterpretacin, destinadas entre nosotros a abrir paso al senti-do, es decir a hacerlo entrar por una fractura -y no a sacudir -lo, a hacerlo fracasar cmo lo hace la muela del rumiante d eabsurdo que debe ser el practicante Zen cuando se halla frent ea su koan ' no hacen entonces ms que perder el haiku, pue sel trabajo de lectura que ste conlleva consiste en suspender e llenguaje, no en provocarlo, empresa de la que precisamente e lmaestro del haiku, Basho, parece conocer bien la dificultad yla necesidad :</p><p>Qu admirable esquien la piensa : "La vida es efmera "al ver un relmpago !</p><p>16</p></li><li><p>La excencin del sentid o</p><p>El Zen ejerce la guerra total contra la prevaricacin del sen-tido . Se sabe que el budismo frustra la va fatal de cualquie raseveracin (o de cualquier negacin) al recomendarse el n oser sorprendido jams dentro de las cuatro proposiciones si-guientes : eso es A - eso no es A -- eso es a la vez A y no A -eso no es ni A ni no A. Ahora bien, esta cudruple posibilida dcorresponde al paradigma perfecto, tal como lo ha construd ola lingstica estructural : A - no A - ni A ni no A (grado cero) - A y no A (grado complejo) . En otras palabras, la viabudista es precisamente aqulla del sentido obstrudo : el arc</p><p>ano mismo de la significacin, a saber, el paradigma, se vuelv eimposible, cuando el Sexto Patriarca 2 da sus instrucciones a lrespecto del mondo, ejercicio de la pregunta-respuesta, reco-mienda, para mejor desvanecer el funcionamiento paradigm-tico, que una vez que un trmino se establezca, el interlocuto rse desplace hacia el trmino adverso ("Si al interrogarte alguie nte pregunta por el ser, responde con el no ser . Si te preguntapor el no ser, responde con el ser. Si te interroga por el hombrecoman, responde hablndole del sabio, etc.") de manera qu ese muestre lo irrisorio del dispositivo paradigmtico y el carc-ter mecnico del sentido, Aquello que se busca (con una tcni-ca mental en la que la precisin, la paciencia, el refinamient oy el saber atestiguan hasta qu punto el pensamiento orienta ltiene por dificil el apremio del sentido) aquello que se busc aes el fundamento del signo, a saberla clasificacin (maya) . Cons-treido al enclasamiento por excelencia, el del lenguaje, e lhaiku opera por lo menos con el fin de obtener un lenguaj eplano, que nada asiente (como sucede irremisiblemente e nnuestra poesa) sobre los niveles superpuestos del sentido, esoque podra llamarse el "hojaldre" de los smbolos . Cuando s enos dice que es el ruido de la rana lo que despert a Basho ala verdad del Zen, puede entenderse (aunque se trata todav ade una manera demasiado occidental de hablar) que Bash odescubri en ese sonido no ciertamente el motivo de una "ilu -minacin", de una hiperestesis simblica, sino ms bien u nagotamiento del lenguaje : hay un momento en el que el len -guaje cesa (momenta obtenido gracias a un gran refuerzo d eejercicios), y es este remate sin eco el que instituye a la vez l averdad del Zen y la forma, breve y vaca, del haiku . La nega-cin del "desarrollo" es aqu radical, pues no se trata de dete-ner el lenguaje sabre un silencio pesado, pleno, profundo, n itampoco sobre un vaco del alma que se abrira a la comunica-cin divina (el Zen carece de Dios) ; lo que est establecido n odebe desarrollarse ni en el discurso ni al final del discurso ; l oque est establecido es mate, y lo nico que se puede hacer esrepetirlo ; es esto lo que se le recomienda a un practicante qu etrabaja un koan (o ancdota que le es propuesta por su maes-tro) : no resolverlo, como si tuviera un sentido, tampoco qu eperciba su absurdo (que es tambin un sentido) sino rumiarl o"hasta que la muela caiga" . El Zen, del que el haiku no es m sque la rama literaria, aparece as como una inmensa prctic adestinada a detener el lenguaje, a quebrantar esa suerte de ra -diofona interior que emite continuamente dentro de nosotro shasta en nuestro sueo (quizs por eso se impide a los practi-cantes dormir), a vaciar, a pasmar, a desecar la palabrera in -coercible del alma ; y tal vez aquello que se llama en el Ze nsatori y que los occidentales no pueden traducir ms que con</p><p>palabras vagamente cristianas (iluminacin, revelacin, intui-cin) es slo una suspensin pnica del lenguaje, del blanc oque borra en nosotros el reino de los Cdigos, el corte de es arecitacin interna que constituye nuestra persona ; y si este es-tado de a-lenguaje es una liberacin, es porque para la expe-riencia budista la proliferacin de segundos pensamientos (e lpensamiento del pensamiento), o si se prefiere el suplement oinfinito de los significados sobrenumerarios -circulo del cua lel lenguaje es el depositario mismo y el modelo-- aparece com oun bloqueo : es, por el contrario, la abolicin del segundo pen-samiento la que rompe el infinito vicioso del lenguaje . E</p><p>n todas estas experiencias pareciera que no se trata de aplastar e llenguaje bajo el silencio mstico de lo inefable, sino de mesu-rarlo, de detener este trompo verbal que arrastra en su giro e ljuego obsesivo de las sustituciones simblicas . En suma, es e lsmbolo como operacin semntica lo que se ataca .</p><p>En el haiku, la limitacin del lenguaje es el objeto de u ncuidado que nos resulta inconcebible porque no se trata de se rconciso (es decir, de abreviar el significante sin disminuir l adensidad del significado) sino, por el contrario, de actuar sobr ela raz misma del sentido para lograr que ese sentido no se d</p><p>ifunda, no se interiorice, no se d porimplcito, no se descuelgue, no divague enelinfinitode las metforas, en las esfera s</p><p>del smbolo . La brevedad del haiku no es formal ; el haiku noes un pensamiento rico reducido a una forma breve sino a u nacontecimiento breve que encuentra de golpe su forma justa .La mesura del lenguaje es aquello para lo que el occidenta lest poco dispuesto ; no es que lo haga demasiado largo o dema -siado corto, sino que toda su retrica le exige desproporciona rel significante y el significado, ya sea "disolviendo" el segund obajo la marea palabrera del primero, ya sea "profundizando" l aforma hacia las regiones implcitas del contenido</p><p>. La justez adel haiku (que en ningn momento es pintura exacta de lo rea lsino adecuacin del significante y el significado, supresin d elos mrgenes, rebabas o intersticios que comunmente excede nu horadan la relacin semntica), esta justeza posee evident</p><p>emente algo de musical (msica de los sentidos y no forzosamente de los sonidos): el haiku tiene la pureza, la esfericida d</p><p>y el vaco mismo de una nota musical ; es quiz por eso que s edice dos veces, en eco . No articular ms que una vez este habl aexquisita, sera adscribir un sentido a la sopresa, a la agudeza ,a la instantaneidad de la perfeccin ; enunciarla ms veces ser apostular que el sentido est por descubrirse, simular la profun-didad ; entre los dos, ni singular ni profundo, el eco no hace m sque trazar un rasgo sobre la nulidad del sentido .</p><p>El incident e</p><p>El arte occidental transforma la "impresin en descripcin .El haiku nunca describe : su arte es contradescriptivo en l amedida en que todo estado de la cosa es inmediatamente, obs-tinadamente, victoriosamente convertido en una esencial frgi lde aparicin : momenta literalmente "insostenible", en el qu ela cosa, que no es ya sino lenguaje, va a devenir habla, va apasar de un lenguaje al otro y se constituye coma recuerdo d eese futuro que es, por lo mismo, anterior . Porque en el haik uno es slo el acontecimiento propiamente dicho lo que predo-mina,</p><p>17</p></li><li><p>(Vi la primera nieve .Esta maana olvidlavarme la cara. )</p><p>sino tambin eso que nos parecera tener vocacin de pintura ,de minatura -como hay tantas en el arte japons- ; as estehaiku de Shiki :</p><p>Llevando un toro aborda,un barquito atraviesa el roa travs de la lluvia del atardecer.</p><p>llega a ser o no es ms que una especie de acento absolut o(como se acoge cualquier cosa, ftil o no, en el Zen), un plie-gue ligero en el que se atrapa, de un golpe sbito, la pgina d ela vida, la seda del lenguaje . La descripcin, gnero occidental ,tiene su correspondiente espiritual en la contemplacin, inven-tario metdico de formas atributivas de la divinidad o de lo sepisodios del relato evanglico (en Ignacio de Loyola, el ejerci-cio de la contemplacin es esencialmente descriptivo) ; el haiku ,por el contrario, articulado sobre una metafsica sin sujeto ysin Dios, corresponde al Mu budista 3 , al satori Zen que no es ,en ningn momento, descenso iluminativo de Dios, sino "des-pertar ante el hecho", aprehensin de la cosa como aconteci-miento y no como sustancia, alcance de la orilla anterior de llenguaje, contigua a la opacidad (por otra parte completamen-te retrospectiva, reconstituida) de la aventura (aquello que l esucede al lenguaje, an ms que al sujeto) .</p><p>El nmero, la dispersin de los haiku, por una parte, y la bre-vedad, la integridad de cada uno de ellos, por la otra, parece ndividir, clasificar el mundo al infinito, constituir un espacio d epuros fragmentos, un polvo de acontecimientos que, por un asuerte de desherencia de la significacin, no puede ni deb ecoagular, construir, dirigir, terminar nada. Esto se debe a qu eel tiempo del haiku carece de sujeto : la lectura no tiene otr oyo que la totalidad de los haiku, de los cuales este yo, por re -fraccin infinita, no es nunca ms que el sitio de la lectura .Segn una imagen propuesta por la doctrina Hua-Yen, podr adecirse que el cuerpo colectivo de los haiku es una red de alha-jas en la cual cada joya refleja a todas las dems y as, sin in-terrupcin, al infinito, sin que haya jams un centro del cua lasirse, un ncleo primero de irradiacin (para nosotros, la ima-gen ms exacta de esta reverberacin sin motor ni lmite, deeste juego de fulgores sin origen, sera la del diccionario, en e lcual la palabra no puede definirse ms que por otras palabras) .En Occidente, el espejo es un objeto esencialmente narcisista :el hombre no piensa en el espejo ms que para verse : pero e nOriente, segn parece, el espejo est vaco : es el smbolo de lvaco mismo de los smbolos ("El espritu del hombre perfec-to, dice un maestro del Tao, 4 es como un espejo. No toma perotampoco repele nada . Recibe pero no conserva. " : el espejo nocapta ms que otros espejos, y esta reflexin infinita es e</p><p>l vaco -que, se sabe, es la forma) . As, el haiku nos hace recor-dar aquello que jams nos ha sucedido ; en l recon...</p></li></ul>