Basset, Jean Claude - El Dialogo Interreligioso

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    30-Jul-2015

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JIJUOXZO,

El dilogointerreligiosoJean-Claude Basset

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DILOGOpara la f e

INTERRELIGIOSOo decadencia de la misma

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JEAN-CLAUDE

BASSET

Prefacio CLAUD E

de

GEFFR

Descle

De

Brouwer

IMPRIMATUR La Facultad de Teologa de la Universidad de Lausana (Suiza), previo dictamen de un jurado compuesto por los profesores Carl-A. Keller, director de la tesis, John B. Taylor, Richard Friedli y Jacques Waardenburg, autoriza la impresin de la presente tesis, sin pronunciarse, no obstante, sobre las opiniones defendidas por el autor. Publicado con el concurso de la Universidad de Lausana y de la Compaa de pastores y diconos de Ginebra (Suiza).

Ttulo de la edicin original: Le dialogue interreligieux Les ditions du Cerf, 1996 Traducin espaola: Miguel Montes

Descle De Brouwer, S.A., 1999 Henao, 6 - 48009 Bilbao www.desclee.com info@desclee.com

Diseo de coleccin: E G O Comunicacin

Printed in Spain ISBN: 84-330-1443-9 Despsito Legal: BI-2424/99 Impresin: RGM, S.A. - Bilbao

AGRADECIMIENTO

La presente investigacin ha sido posible gracias a una beca de tres aos del F o n d o nacional suizo para la investigacin cientfica, que me ha permitido liberarme de cualquier otro compromiso profesional y pasar un ao de estudios en los Estados Unidos, as como emprender un viaje a la India y al

mero en dirigir los pasos del joven pastor que era y o en Tehern p o r el camino de la escucha y de la profundizacin en una tradicin religiosa distinta de la ma. Tengo contrada una deuda particular con mis interlocutores: el pensador Andr Chouraqui, el swami N i t y a b o dhananda y el filsofo Keiji Nishitani. Tambin he disfrutado con largueza del apoyo y del estmulo encontrados tanto en el Center for the Study of World Religions de Harvard, como en la seccin Dilogo del Consejo ecumnico de la Iglesias de Ginebra y en su agradable biblioteca. N o olvido lo que he aprendido gracias a las observaciones y a la experiencia de los compaeros y amigos, demasiados para poder citarlos, que he encontrado en el terreno del dilogo interreligioso. Por ltimo, tengo que dar las gracias de una manera especial a las perso-

Japn.Constituye un grato deber para m expresar mi agradecimiento y estima a los maestros que me han guiado y animado en este trabajo: al director de esta tesis, profesor Cari A. Keller, de la Facultad de Teologa de la universidad de Lausana, cuya erudicin y disponibilidad nunca se han visto desmentidas; al profesor Wilfred Cantwell Smith, de la Universidad Harvard de Cambridge (USA), cuyo rigor y apertura siguen siendo una fuente de inspiracin. Tambin aadir el nombre del profesor H e n r y Corbin, que fu el pri-

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as que me han apoyado moralmente sin llevar cuentas del tiempo que han dedicado a mecanografiar, releer y dar forma al manuscrito: Isabelle HuberBaillod de la parroquia de la Roseraie,

Micheline Gueissaz del Centro protestante de estudios de Ginebra y, desde el primero hasta el ltimo da, a Lytta, mi esposa y compaera por los caminos de todos los dilogos.

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El dilogo interreligioso constituye un desafo crucial, del que depende, en gran medida la naturaleza y la credibilidad de la fe y del testimonio de los creyentes de todas las convicciones en este final del siglo XX (p. 391). Y, con razn, lo compara Jean-Claude Basset al desafo de la secularizacin, del atesmo y del nihilismo, que fue tpico del conflicto entre la religin y la modernidad. Este nuevo desafo, que interpela a todas las religiones, sera justamente el signo de que hemos entrado ya en lo que conviene llamar posmodernidad. Esta revolucin operada en la esfera de lo religioso coincide con la emergencia de un nuevo modelo, el modelo pluralista, por contraste con los modelos ms usuales (que siguen perdurando todava hoy en los casos de ciertas tradiciones religiosas), a saber: el modelo aislacionista y el modelo expansionista.

Y aun cuando sea verdad que el dilogo se inserta en el genio profundo de esta o aquella religin, la novedad del dilogo interreligioso no puede comprenderse ms que en funcin del destino histrico al que toda religin tiene que hacer frente en este final de siglo. Baste con evocar el proceso de secularizacin, que segrega sus efectos desacralizadores mucho ms all de Occidente; el pluralismo cultural, poltico y filosfico, que se convierte en lote comn de la mayora de nuestra sociedades actuales; ia crisis de los valores y la conmocin de toda verdad normativa; el despertar de tradiciones religiosas que parecan languidecer y que reactivan la conciencia del pluralismo religioso; la prctica ya larga, al menos entre los cristianos, del ecumenismo, que conforta la opinin de que es posible tender hacia la unidad a partir de convicciones diferentes.

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Para invitar al lector a sumergirse en el imponente trabajo del Jean-Claude Basset, quisiera limitarme nicamente a subrayar el inters metodolgico e histrico de su investigacin. N o elabora, despus de muchos otros, una teologa de las religiones. Mas no por ello pretende adoptar la actitud de pura neutralidad del historiador de las religiones comparadas. Su objeto propio es el dilogo interreligioso considerado en su mayor universalidad, ya sea bilateral o multilateral, local o mundial. Estudia sus condiciones e intenta construir una tipologa. Se trata, pues, de un acercamiento fenomenolgico y hermenutico a la vez, que hace abstraccin - e n la medida en eme ello es posib l e - de su propio aprori confesional. C o n todo, esta radiografa del dilogo interreligioso contemporneo no es pura y simplemente idntica al estudio practicado por la historia comparada de las religiones. Este ltimo, en efecto, compara textos, relatos mticos, doctrinas, ritos, gestos, formas estticas, pero practica una poche en cuanto a la relacin personal del creyente con su tradicin religiosa. Ahora bien, justamente el historiador del dilogo interreligioso

no puede poner entre parntesis la referencia a lo absoluto, que es inherente a toda tradicin religiosa. P o r consiguiente, tendr en cuenta la dimensin absoluta de la fe de los fieles, que se vinculan a una u otra creencia. Digamos que la pretensin a la verdad, que lleva cada religin, es objeto de la mayor atencin, puesto que es precisamente esta pretensin comn lo que puede fundamentar u n encuentro de las religiones, siendo que el contenido de sus creencias las invita ms bien a excluirse. As pues, Jean-Claude Basset, a diferencia del telogo y del historiador de las religiones, ha intentado mantener la apuesta de u n acercamiento dialogstico, es decir, no aisla nunca el estudio de los fenmenos observados del m o d o en que los miembros de tal o cual tradicin religiosa comprenden sus creencias y sus propias prcticas. De la experiencia del dilogo interreligioso se desprende un enfoque dialogstico de la fe de los creyentes, complementario con otros enfoques universitarios del fenmeno religioso: histrico, antropolgico, sociolgico, psicolgico y fenomenolgico (p. 394). D e este m o d o , resolta imposi-

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ble estudiar el dilogo interreligioso sin adoptar uno mismo una actitud de dilogo. Nadie se sorprender, por consiguiente, de no encontrar en la presente obra una historia de las teologas de la religin, que, desde hace ya cerca de cuarenta aos, han visto la luz, tanto dentro del protestantismo como del catolicismo. Sin embargo, el telogo o el historiador de las religiones disfrutar de una documentacin impresionante sobre la historia del dilogo interreligioso, desde el acontecimiento inaugural del Parlamento mundial de las religiones, Chicago 1893, hasta el ao 1970, que estuvo marcado p o r tres importantes encuentros de alcance mundial: la Conferencia mundial de las religiones en favor de la paz (Kyoto) el Temple of Understanding (Ginebra) y el Consejo ecumnico de las Iglesias (Ajaltoun). Por ltimo, descubrir una informacin de primera mano sobre los mltiples encuentros interreligiosos celebrados en estos dos ltimos decenios. Gracias a este amplsimo fresco histrico de escala planetaria, nosotros (los occidentales) quedamos invitados a ensanchar nuestro horizonte y a superar

ciertos prejuicios tenaces. Descubrimos, en particular, que la voluntad de dilogo interreligioso no es un privilegio del cristianismo eme se sita en la estela del Vaticano II. Para ello basta con evocar los mltiples encuentros celebrados en las ciudades de Benars y Nueva Delhi o el dilogo entre cristianos y budistas cuya iniciativa corresponde a la famosa Escuela de Kyoto. Tales encuentros han conducido a una redefinicin de las reglas del dilogo interreligioso fijadas por los cristianos occidentales. Mas la apuesta principal de esta extensa investigacin histrica tiene que ver con la mentalidad ms comn en los telogos de la confesin catlica. En efecto, estos ltimos se muestran, y con razn, particularmente sensibles a la revolucin doctrinal llevada a cabo por el Vaticano II en su Declaracin sobre la actitud de la Iglesia en relacin con las religiones no cristianas (Nostra aetate) y por los gestos histricos realizados por Juan Pablo II (en la sinagoga de Roma en abril de 1985, en el estadio de Casablanca en agosto de 1985 y, sobre todo, en Ass en octubre de 1986). Ahora bien, esta novedad estaba ya en germen, desde haca mucho tiempo,

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en los principios mismos de una teologa catlica de la salvacin y de la misin. N o suceda lo mismo en la teologa dominante de las Iglesias protestantes. Por esa razn resulta apasionante observar, a partir de sus sucesivas declaraciones, la evolucin del Consejo ecumnico de las Iglesias desde 1970 hasta nuestros das. Se constata, todo al mismo tiempo, avances, vacilaciones e incluso retrocesos. Y, todava hoy, en el seno mismo del Consejo, hacen or las Iglesias evanglicas una nota discordante en cuanto a la posibilidad de conciliar el dilogo interreligioso con la urgencia permanente de la misin. Jean-Claude Basset ha formulado en forma de tesis algunas conclusiones sobre el fenmeno del dilogo interreligioso y sobre su futuro. Pero, como ha querido conservar hasta el final su objetividad de observador exterior, no ha querido adentrarse en el terreno de la teologa de las religiones propiamente dicho. Permtaseme, no obstante, para terminar, delimitar algunos de los riesgos y de las oportunidades que representa este nuevo paradigma del dilogo interreligioso para el futuro de la teologa cristiana.

Los riesgos los conocemos demasiado bien y ya estamos empezando a comprobar sus efectos corrosivos. Se trata, por una parte, del peligro de una relativizacin general del mensaje cristiano; y, por otra, de la tentacin de llegar, so pretexto de apertura y acogida, a una especie de ecumenismo planetario, que se parecera mucho a un sincretismo. C o n todo, una teologa responsable, aunque an est balbuciendo, debe aceptar el desafo del dilogo interreligioso y transformarlo en una oportunidad para la fe. Pienso, en particular, en dos campos de trabajo que siguen estando abiertos. La conciencia de un pluralismo religioso insuperable nos invita a redescubrir la singularidad I propia de la verdad cristiana y a comI prender mejor que puede requerir un i compromiso absoluto al creyente, sin jconvertirse por ello en una verdad exclusiva o inclusiva con respecto a toda otra verdad en el orden religioso o cultural. Por otra parte, an tenemos que suministrar, teolgica y prcticamente, la prueba de que una actitud de dilogo respecto a los no evangelizados no compromete en absoluto el deber per| manente que representa para la Iglesia

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P R E F A C I O

la misin. Mas esta ltima debe ser comprendida, entonces, como testimonio del Reino de Dios, que no c e s a d e venir, y no, en primer lugar, como vo-

luntad de convertir al otro, a cualquier precio, a la verdad cristiana. Claude Geffr

IA PROPSITO DE LA N O C I N DE D I L O G O

D I L O G O , PALABRA

MILAGRO

Si hay una palabra que, desde hace veinte aos, conoce un desarrollo extraordinario, es la palabra dilogo. Su uso tiende a imponerse en todos los mbitos de la existencia humana. Ya conocamos el dilogo filosfico con Platn, el dilogo dramtico de las piezas de teatro y el dilogo didctico de la escolstica. Estaba tambin el dilogo amoroso y el dilogo interior del alma con su Creador. Pero hoy quin no ha odo hablar del dilogo de las generaciones, del dilogo de las culturas, del dilogo Norte-Sur, del dilogo en la empresa, en la universidad o en la Iglesia, del dilogo poltico, econmico, cientfico, teraputico, ecumnico, y hasta del dilogo con el ordenador 1 ?

En nuestra civilizacin de lo audiovisual y multimedia, el dilogo est omnipresente; tanto en la radio como en la televisin, el dilogo ha ido ocupando, de manera progresiva, el sitio del monlogo, desde las noticias o el telediario a las emisiones culturales, cientficas o de variedades. Los tebeos, siguiendo el ejemplo de la produccin cinematogrfica, son una serie abreviada de imgenes y dilogos. Yendo ms al fondo, todo es dilogo, porque todo se ha convertido en tema de discusin: lo que antao decidan los padres, enseaban los maestros, imponan los patronos o transmita la tradicin, todo esto se ha vuelto objeto de discusin y de contestacin. Ya no hay ninguna palabra verdadera en s, de punto de vista nico ni con autoridad unnimemente reconocida.

I. Sobre la diversidad de dilogos, vase M. BON (ed.), El dilogo y los dilogos, Editorial Marfil, Alcoy 1969.

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La ola de dilogo acompaa as a una profunda crisis de la sociedad en la que vivimos y de los valores en los que creemos. Lo que hace posible, e incluso necesario, el dilogo en todos los sentidos es esta puesta en tela de juicio de los valores y de los esquemas establecidos, as como una cierta insipidez del sentido de la existencia y de lo sagrado. Por otra parte, en la oleada de comunicacin que invade la vida cotidiana, el dilogo aparece como el lugar privilegiado de la palabra autntica, capaz de llegar al otro y de arrancarle de su soledad fundamental, en conformidad con estas palabras de Albert Camus:Lo que hoy deseo deciros es que el mundo tiene necesidad de verdadero dilogo, que lo contrario del dilogo es tanto la mentira como el silencio, y que nicamente es posible el dilogo entre gente que siguen siendo lo que son y que dicen la verdad2.

El dilogo, en el m u n d o contemporneo, se inserta sobre un fondo de violencia formado p o r las dos guerras mundiales y los incontables conflictos surgidos a escala nacional o internacional: oposiciones ideolgicas, oposiciones econmicas entre el N o r t e y el Sur, conflictos militares regionales, tomas del poder totalitarias, movimientos de liberacin, tensiones raciales, reivindicaciones obreras, revueltas de jvenes, corrientes de emancipac...