Caminando y Cantando

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    09-Feb-2016

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<ul><li><p> CAMINANDO Y CANTANDO </p><p>sobre la mansa barriga de una vieja lagartija </p><p>Rubn Urbizagstegui </p><p>arteidea editores </p></li><li><p>Para </p><p>Waira y Zira </p><p>con la esperanza </p><p>de que no se me mueran </p><p>como Geraldo Vandr </p></li><li><p> A maneira de apresentao </p><p>Ruben: </p><p>Sou eu novamente, depois de meu habitual banho noturno. Tu me </p><p>pareceste preocupado em definir o teu estilo, tua linguagem. No </p><p>importa o que seja tanto pode ser poesia, prosa, crnica, poecrnica, </p><p>crniemas, prosemas, poeprosas ou o que seja. O importante que </p><p>sensibilize quem leia. Quando eu era professora de Histria da Arte, </p><p>vivi muito esse problema. Alguns alunos se inquietavam diante de </p><p>uma obra de arte quando no conseguiam defini-la ou entend-la. </p><p>Eu os tranqilizava dizendo exatamente o que te escrevi antes. A </p><p>essncia, a funo da arte, mais do que uma crtica social, </p><p>exatamente essa: sensibilizar. A palavra esttica, associada </p><p>comumente ao belo, na realidade vem de aiesthesis e significa o que </p><p> sensvel, o que sensibiliza. Entonces ... esteta = aquele que sente. </p><p>Estou dando uma de professora, mas no . Simplesmente </p><p>lembrei esse tempo, os alunos, as aulas, o que me dava imenso </p><p>prazer. Mexia comigo. Era algo vivo, muito vivo. E que talvez </p><p>nunca mais eu volte a exercitar, pelo menos no em Historia da Arte. </p><p>Agora sou apenas espectadora. Lembrei at de Picasso. Contam que </p><p>em uma de suas exposies, uma cidad teria reagido indignada </p><p>diante de um quadro dele que retratava uma mulher e teria dito, </p><p>reagindo ao cubismo: isto no uma mulher. Ento Picasso teria </p><p>retrucado: pois minha senhora, uma pintura, um quadro, no </p><p>uma mulher. isso a bichinho. Agora vou dormir na esperana de </p><p>ter sonhos contigo: erticos. </p><p> Lena Vania </p></li><li><p> A maneira de prlogo </p><p>Meu senhor minha senhora: </p><p>Me pediram pra deixar de lado toda tristeza, </p><p>pra trazer s alegrias e no falar de pobreza, e mais </p><p>prometeram que se eu cantasse feliz </p><p>agradava com certeza. </p><p>Eu que no posso enganar </p><p>misturo tudo que vi, </p><p>canto sem competir </p><p>partindo da natureza </p><p>do lugar onde nasci </p><p>fao versos com clareza </p><p>no separo dor de amor. </p><p>Deixo claro que a firmeza do meu canto </p><p>vm da certeza que tenho </p><p>de que o poder que cresce sobre a pobreza </p><p>e faz dos fracos riqueza </p><p>foi a que me fez cantador. </p><p>(Geraldo Vandr: Terra firme) </p></li><li><p> CON EL RECUERDO DE UNA MUCHACHA </p><p>an quemando mis pupilas, desesperado me embarqu en </p><p>Lima sobre el techo de un camin. Y despert en Arequipa en </p><p>el Hotel Presidente sobre la cama de doa Teresa. Y ella </p><p>cant para m en quechua lo que yo voy a cantar para ti en </p><p>espaol: </p><p>Tengo una pena que me desborda. </p><p>A quin pues voy a contar esta mi pena? </p><p>Si le cuento a mi padre seguro me regaara </p><p>Si le cuento a mi madre ella comprendera? </p><p>A quin pues voy a contar esta mi pena? </p><p>Si le cuento al viento </p><p>Por los techos en sus alas se lo llevara </p><p>Si le cuento al cerro </p><p>En su pecho lo enterrara </p><p>Si le cuento al ro </p><p>En sus aguas se lo llevara </p><p>A quin pues voy a contar esta mi pena? </p><p>Mejor silbar muy despacito. </p><p>Eso fue lo que cant para mi Teresa Luna antes de </p><p>embarcarme para Juliaca. Y quiero que t lo sepas puesto que </p><p>yo mismo estoy ahora silbando muy despacito. </p></li><li><p> ENTRE EL INFINITO DEL CAMINO </p><p>y el nerviosismo de las salidas cargu mi mochi1a y part. </p><p>Con pena y alegra sub la Cuesta de Jess. Mirando cmo a </p><p>los costados del camino -en tangente, en paralelo- florecan </p><p>las apachetas. Y nunca vi el da amanecer ms temprano </p><p>como en las pampas de Juliaca. A las 4 de la maana era tan </p><p>claro el da que me daba espanto. Y pregunt por los ojos que </p><p>ya estuvieron en este lugar tan apacible. Por aquellos que </p><p>todava cruzarn estos caminos y por esos que nunca ms </p><p>escucharn cmo canta el viento en estos parajes. En la </p><p>primera parada orin de cara al sol lleno de jbilo por actos </p><p>tan sencillos como ste. Y vi mi meandro como una serpiente </p><p>congelarse en pleno vuelo. Entonces los compaeros me </p><p>dijeron que ese era el castigo de Amaru. Que nunca ms </p><p>volver a orinar en este lugar, a esta hora y de cara a este sol </p><p>que me deslumbra. Y es verdad que ahora estoy </p><p>comprobando. Bien de madrugada escuch el pito de un tren, </p><p>el canto del huaychulo y el reloj de la Plaza de Armas de </p><p>Juliaca. Aqu descans tres das. Y entre el caf de las </p><p>maanas y 1a lluvia de las tardes cant y toqu charango con </p><p>Jos Parada, Carlos Revolledo, Lucho Agero. Y una noche </p><p>lleno de amor y nostalgia escrib este poema: Para los tres de </p><p>Juliaca: </p><p>Podra decir esta casa no es ma </p><p>pero debajo de tu alero </p><p>mi padre extiende sus alas </p></li><li><p>y en las cuerdas de tu charango </p><p>danza el punto fijo de su mirada. </p><p>No s por qu caminos he venido a tu encuentro </p><p>no s por cules caminos partir de tu abrigo </p><p>soy como t Yanamollete </p><p>en el ojo de la tormenta </p><p>buscndote buscndome </p><p>ai agita agita de putina palomitay </p><p>como caracol de tierra cargar para siempre </p><p>tu pan dulce la danza de tu charango </p></li><li><p> EN PUCAR VI COMO SE DORAN LOS TORITOS </p><p>cmo salen del horno bravos echando humo y fuego por los </p><p>ojos. Cmo los diablos son ms diablos en el horno y cmo </p><p>salen volando para el mercado. En Sicuani hueso y pellejo </p><p>noms se estn muriendo. </p></li><li><p> UN MIRCOLES DE CENIZA </p><p>bien de madrugada pegu un camin y me fui para Ayapata. </p><p>Unas 30 personas nos pegbamos en el Pepicho. Partimos </p><p>con desconfianza. Una hora despus nos sorprendi una </p><p>granizada. Murindonos de fro nos pegbamos unos a los </p><p>otros compartiendo ponchos, mantas, pellejos. Cmo beb </p><p>tiritando de fro en Macusani. Cmo cant y bail en la plaza </p><p>con las vendedoras de ponche y calentao. </p><p>Linda macuseita </p><p>qu tienes qu te sucede </p><p>por qu ya no me miran </p><p>esos tus lindos ojos </p><p>Y borracho con ropa y todo me enterr en mi bolsa de mal </p><p>dormir. Tiritando de fro la noche entera mal pude escribir. </p></li><li><p> AL DA SIGUIENTE SALIMOS PARA AYAPATA </p><p>Ya ramos como 50 personas juntas en el Pepicho. No </p><p>tena espacio para ms y todos bamos de pie: caras negras </p><p>quemadas por el sol y las heladas de este invierno. Una hora </p><p>despus el Pepicho encall en el lodo. Y llenos de barro y </p><p>fro, con lazos y palas, con piedras y conjuros, con cnticos y </p><p>rezos, silbidos y tonadas, desencallamos el camin. En cada </p><p>bajada, en cada curva saltbamos del Pepicho. Y cmo </p><p>suframos vindolo irse lentamente, recular y avanzar, recular </p><p>y avanzar para finalmente hacer la curva y descender. No s </p><p>cuntas veces subimos y bajamos subimos y bajamos hasta </p><p>que finalmente a las cinco de la tarde llegamos a Ayapata: </p><p>Aya = muertos, Pata = rincn. Ayapata, rincn de los muertos. </p><p>De pie en la calle principal no supe qu hacer y me puse a </p><p>comer un pedazo de pan. </p><p>una bandada de pjaros danzan </p><p>en las ramas azules de los eucaliptos </p><p>ohhh sirititil </p><p>qu distante mi corazn de tus festejos </p></li><li><p> SIGUIENDO LA SENDA DE UN ARROYO </p><p>llegu hasta el ro Tupiza. Y donde los ros se cruzan estuve </p><p>mirando las aguas claras y oscuras mezclarse y rechazarse y </p><p>finalmente aceptarse. Siguiendo su corriente llegu a Tinta: </p><p>una iglesia y dos campanarios. Aqu capturaron a Tupac </p><p>Amaru y Fernandito su hijo de seis aos. El padre </p><p>descuartizado en el Cusco y Fernandito desterrado a morir </p><p>tuberculoso en el frica. Tan lejos del ro Tupiza ay </p><p>palomitay. Aqu estuve Fernandito, en las calles de Tinta, </p><p>buscando tu memoria. Lenta pas la tarde. Cerca del ro hay </p><p>un bosque de retamas. All arm mi choza y dorm. Por la </p><p>noche escrib este poema para Mnica Pudimat: </p><p>Alta y verde retamita </p><p>para quin estas amarillando? </p><p>en los caminos cerca a los ros </p><p>para quin de fiesta vistes? </p><p>Para el loro verde y curvo pjaro de siete lenguas? </p><p>para el picaflor ave de largo vuelo? </p><p>para el rocotero de caca negra y colorada? </p><p>para quin tu saya adornas? </p><p>por qu a m tus ojos no me miran? </p><p>pobre y triste forastero </p><p>que solitario en los caminos te enamora? </p><p>que da a da de amores te requiebra? </p><p>Alta y verde retamita </p></li><li><p>por qu al chihuaco caso le haces </p><p>si de mierda siempre te engalana? </p><p>y a1 ruiseor en tus enaguas escondes </p><p>y a1 periquito tartamudo rindote consuelas </p><p>y a m y a m retamita </p><p>espantndome noms te vives </p><p>desendote noms me tienes </p><p>alta y verde retamita </p><p>para quin pues ests amarillando? </p></li><li><p> UN DA BIEN DE MADRUGADA </p><p>part para el Cusco y por fin al atardecer pude abrazar a mis </p><p>amigos adrin valer, nilo tomaylla, el chino velsquez, eva </p><p>len, anglica, enrique rosas. Cmo es buena inflarse de </p><p>cario por las personas. Sentarse a una mesa con los amigos </p><p>ms queridos. Compartir un choclo con queso, un vaso de </p><p>cerveza, un porongo de chicha. Cusco cusco huaikichitay. </p><p>La luna detenida en tu piel </p><p>cusco cusco </p><p>sumergida en mi silencio </p></li><li><p> UNA TARDE DE SOL Y ESTIO </p><p>escal las montaas y sub al Sacsayhuamn. Las montaas </p><p>me parecan azules variando a veces para un amarillo plido </p><p>del otoo. Supe que haba un tnel que atravesaba el </p><p>Sacsayhuamn. Que descenda hasta la plaza de armas del </p><p>Cusco y sala en Tambomachay. Me mostraron el lugar donde </p><p>cay Cahuide y tuve en mis manos un relato de las cosas que </p><p>contena cuando llegaron los invasores: cereales de los ms </p><p>variados tipos, mantas, flechas, porras de cinco puntas, </p><p>huaracas, quipus. Visto de aqu el Cusco parece una placita </p><p>roja donde los nios vuelan sus cometas. Es impresionante </p><p>sentir cmo debajo de los pies se abre el horizonte. </p><p>Anaranjados son los tejados de las casas y tienen un gusto </p><p>especial a amplitud y futuro. Y no obstante el pasado est tan </p><p>presente que se pega a la piel y nos persigue. No nos deja. Y </p><p>la gente camina cargando esa mezcla de pasado y futuro. </p><p>Pero aqu estamos: presentes... </p><p>sobre la montaa azul </p><p>sobre la montaa amarilla </p><p>ms arriba del cielo </p><p>cuatro o cinco piedras </p><p>juntas y bien puestas </p><p>justo para que el tiempo </p><p>avive tu memoria </p></li><li><p> UNA TARDE VAGANDO </p><p>por el mercado central. Lleno del olor de comida casera, de </p><p>los gritos desentonados de los vendedores ambulantes, de la </p><p>pelea de los gallos y el llanto de los nios, llegu a la </p><p>estacin del tren. Faltan quince minutos para partir, me </p><p>dijeron, y entonces agarr mi mochila y sal rumbo a </p><p>Quillabamba. El tren baja como una serpiente orillando el ro </p><p>Vilcanota que aqu se transforma en Urubamba, en Huallaga, </p><p>en Ucayali, en Amazonas y muere en el Atlntico formando </p><p>inmensas pororocas. </p><p>Vilcanota ro grande </p><p>padrecito mo aukichitay </p><p>llvame en t corriente </p><p>llvanos </p><p>aqu vamos llegando </p></li><li><p> MACHU PICCHU ESTA LABRADO </p><p>sobre tres montaas: Machu (el viejo), Wayna (el joven) y </p><p>Wawa (el nio). El vrtigo est presente en cada paso que se </p><p>da. En los jardines del Inca ahora florecen gordos los </p><p>americanos, franceses, ingleses, japoneses, alemanes. Los </p><p>manuales de turismo indican que se puede llegar hasta aqu </p><p>de dos maneras: Por los caminos del Inca: lleva de dos a tres </p><p>das. Por el tren Cusco-Quillabamba: lleva de cuatro a cinco </p><p>horas. El Machu est totalmente acabado: casas de piedra, </p><p>caminos de piedra, senderos de piedra, relojes de piedra, </p><p>canales de piedra. El Wayna tiene apenas andenera y es </p><p>difcil escalarlo. El Wawa apenas si fue comenzado. </p><p>Piedra sobre piedra escalar hasta tus ojos </p><p>buscar mi corazn en tus pupilas </p><p>descender hasta tus pies </p><p>descansar tres das y partir </p><p>Este fue mi pensamiento antes de llegar hasta ti padrecito </p><p>Machu Picchu. Despus me qued atado a tu corazn, </p><p>prisionero de tus pupilas. Durante tres das y tres noches no </p><p>sal de tus aposentos. Esperaba la noche para gozarte libre de </p><p>americanos, libre de franceses, libre de holandeses o </p><p>alemanes. Alta la luna iluminndome buscaba a tu hijo el </p><p>joven Wayna. Juntos jugbamos con tu Wawa. Con ellos </p><p>escondindonos entre tus barbas, enredndonos en tus </p><p>cabellos, burlbamos la ronda de los vigilantes. No nos </p></li><li><p>cansbamos de contar las estrellas, de encontrar las </p><p>constelaciones ms distantes: toro, piscis, escorpin, </p><p>capricornio, titilando en nuestras manos. No me cans de </p><p>jugar con tus hijos abuelito Machu Picchu. Hasta que una </p><p>noche lleno de hambre y sed me desped de tus aposentos y </p><p>part. </p></li><li><p> 0 terreiro la de casa </p><p>no se varre com vassoura </p><p>se varre com ponta de sabre </p><p>e bala de metralhadora </p><p>(Geraldo Vandr: Cantiga brava) </p><p>CUANDO VOLV EL EJRCITO Y LA POLICA </p><p>Haban tomado cuenta de las calles del Cusco. Cercaron la </p><p>Universidad. Olor a guerra en el aire. En el campus los </p><p>estudiantes discuten las posibilidades de resistencia. En los </p><p>lmites se combate al ejrcito y la polica que amenazan </p><p>invadirla si no la desocupamos inmediatamente. El ejrcito </p><p>tiene tanquetas y ametralladoras. La polica cascos, escudos, </p><p>FALs made in usa. Los estudiantes estn armados de piedras </p><p>y hondas. En la puerta sur hay un hondero con una puntera </p><p>infalible. Cada piedra salida de su honda es un polica con </p><p>una pierna quebrada o la cabeza rota. Fue inmediatamente </p><p>apellidado Cahuide. La polica ya tiene cuatro bajas gracias a </p><p>la puntera de Cahuide. De repente un ruido y el primer tiro. </p><p>El aire se llena de plvora con el disparo de una </p><p>ametralladora. Hay pnico entre los estudiantes. Es plvora </p><p>es plvora escucho gritar. Llega el segundo ataque. E1 chorro </p><p>de la ametralladora ahora arranca el topo de los capules que </p><p>adornan la entrada de la universidad. Sus hojas llueven sobre </p><p>el suelo lleno de estudiantes tendidos lado a lado en la sucia </p></li><li><p>tierra. Saltan los vidrios de las ventanas, lascas de las paredes </p><p>y el canto de las balas suena ahora familiar a nuestros odos. </p><p>El llanto, el desespero, las correras desenfrenadas, la </p><p>impotencia, el pnico, nos van a vencer ahora. Un extrao </p><p>sentimiento de frialdad sube por mis pies, invade mi corazn: </p><p>Paaaaasame la eeffeee, grito. Efeeee, responden. Comienzo </p><p>e1 rescate de los heridos. De los muertos. Paaassame la eeee, </p><p>Eeee, responden. Camino entre los estudiantes tendidos en e1 </p><p>suelo. Camino buscando a Cahuide. Paassame la Erreeeee, </p><p>grito ms fuerte todava, Eeerreeee, responden. A cua1quier </p><p>momento la descarga, e1 tiro de gracia. Que dice: Feerr, </p><p>responden. No se oye, grito. Feerrr, me gritan. Que Lo </p><p>escuche la represin, grito. Feeerrrr, escucho ms fuerte </p><p>ahora. Miro la avenida de la cu1tura: los capules que la </p><p>adornan, las retamas, apenas si estn reverdeciendo. </p><p>Agarramos a los heridos y corremos a la enfermera: cinco </p><p>fueron nuestros muertos hoy! Cahuide est entre ellos. Este </p><p>es nuestro camino: 1uchar y morir. Desde la infancia hasta </p><p>una vejez prematura, vivimos en compaa de la muerte. </p><p>Vivir para nosotros es morir cada da un poco. Debemos </p><p>entonces embarcarnos en un viaje desconocido? existir sin </p><p>races? </p></li><li><p> CON LA SANGRE Y LA MIRADA DE LOS MUERTOS </p><p>todava vibrando en mis manos, part para Puno. Harto de </p><p>persecuciones, harto de represiones, harto de muertos y </p><p>heridos rondando m vigilia. Asqueado de la polica y el </p><p>ejrcito. Con la cabeza febril hirviendo de tantas emociones. </p><p>Sal bien de madrugada. Cmo era claro el da ese da en </p><p>Cusco. Mir dos veces las montaas del Huanacauri y al </p><p>subir par las quebradas del ro Tinta, me acord de otros </p><p>muertos, de otras persecuciones. Todo ese da y esa noche los </p><p>muertos estuvieron agrupndose en mi cabeza, latiendo en mi </p><p>corazn. Cmo quise llorar y no pude. Cmo quise gritar </p><p>pero el grito se atrancaba en mi garganta. Ya en Puno en el </p><p>Hotel Europa con la cabeza pegada al vidrio de la ventana </p><p>mirando caer la lluvia tuve el siguiente dilogo con mi to </p><p>Gabriel Alvarado, muerto el 28 de abril de 19...</p></li></ul>