Credere, Obbedire, Combattere, fascistas italianos en la guerra civil española

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    01-Mar-2016

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CREDERE, OBBEDIRE, COMBATTERE, fascistas italianos en la guerra civil espaola. Autor Dimas Vaquero Pelez Mira Editores. Zaragoza 2007. ESPAA El Fascismo no fue un fenmeno estrictamente italiano, tampoco fue una doctrina que llevara al pueblo de Italia a unirse en torno a una idea. Fue una forma de actuar ms que una ideologa, unida al gran condottiero del siglo XX que muchos italianos buscaban para elevar su moral tras la Primera Guerra mundial. Fue un camino por el que caminaron muchos italianos y cuyo rumbo era la agresin y la belicosidad de la guerra. El `populismo de su Duce, unido a su carcter violento, provocador, fanfarrn y de miedo, se sumergi en hacer una revolucin donde la nica razn que predomin fue la dela fuerza y los puos, sustituyendo a la fuerza de la razn y de los derechos y libertades, siempre apoyado en la accin de sus fascios (chi si ferma e perduto). Mussolini supo encajar perfectamente sus ansias expansionistas y de dominio del Medit

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<p>CREER, OBEDECER, COMBATIR</p> <p> Credere, obbedire, combatterefascistas italianos en la guerra civil esapolaDimas Vaquero Pelez</p> <p>A la memoria de mis padres, que sufrieron como toda su generacin la ignominia de aquella guerra civil; a mi mujer y a mis hijas, para que aprendiendo de los errores disfruten hoy de vivir en paz y libertad.NUEVA EDICIN CORREGIDA Y AUMENTADA PARA MIRA EDITORESAGRADECIMIENTOS</p> <p>Muchas han sido las personas que directa o indirectamente me prestaron su ayuda y disposicin para colaborar en la realizacin de mi Tesis Doctoral sobre la intervencin italiana en la guerra civil espaola, base del presente trabajo. Me resultara comprometido el intentar nombrar a todas por el riesgo de que alguna se me quedara en el tintero. A todas ellas gracias por su colaboracin y por las aportaciones a un mejor conocimiento de nuestro pasado.</p> <p>Gracias al catedrtico e historiador Julin Casanova que siempre ha mantenido despierto mi inters por la investigacin. Sus orientaciones y consejos han hecho realidad este trabajo.</p> <p>Gracias por las respuestas informativas recibidas de ayuntamientos y de otras instituciones, espaolas e italianas, que, adems de enriquecer mi investigacin, han supuesto en muchos casos el renacer de un tema que para ellos haba quedado aletargado, pero del que todos queran conocer algo ms y por el que sentan especial inters. Gracias igualmente por la atencin recibida en mis visitas a los archivos italianos, en donde en todo momento captaron la importancia y el inters que tena el tema de mi investigacin.</p> <p>Quiero dejar constancia de la importancia del apoyo econmico que para m ha supuesto el Programa Europa de la Caja de Ahorros de la Inmaculada y el Gobierno de Aragn, que me sirvi para acudir a Italia en busca de las fuentes primarias de mi investigacin. Igual de importante y decisiva fue la licencia por estudios que me fue concedida por el Departamento de Educacin de la Diputacin General de Aragn, y que me permiti la dedicacin exclusiva para finalizar mi Tesis Doctoral. Gracias a mi mujer y a mis hijas, que han sabido soportar y encajar la larga trayectoria de mis cursos e investigaciones.</p> <p>Gracias.</p> <p>INTRODUCCIN</p> <p>La presente edicin sobre la intervencin fascista italiana en la guerra civil espaola, corregida y aumentada en algunos puntos para dar una mejor idea sobre la presencia de las tropas italiana y su influencia en la sociedad con el deslumbramiento de sus actos, homenajes y ceremonias, presenta su ttulo en italiano, Credere, Obbedire, Combattere, el lema fascista del Corpo di Truppe Volontarie que encontramos grabado o pintado en la mayora de los lugares por los que pasaron, as como en las cruces de las tumbas de los que en Espaa dejaron su vida. En Espaa hubo dos intervenciones italianas durante la guerra civil: por un lado, la gran intervencin del rgimen fascista, con sus envos masivos de hombres y material, siendo decisiva en el desenlace final de la contienda a favor del triunfo de Franco, y, por otro lado, una aportacin menor en cantidad pero con una gran carga de idealismo, la de los antifascistas italianos que quisieron proseguir en Espaa la lucha contra el fascismo de Mussolini que en Italia no podan hacer. Los primeros, los vencedores; estos ltimos, los vencidos.</p> <p> La historiografa italiana, por el devenir de su historia, siempre ha presentado como vencedores a los segundos y como vencidos al fascismo, a los primeros, cosa no ocurrida en Espaa, tambin debido al devenir de nuestra historia. La historia de la intervencin fascista italiana contra la Repblica espaola estuvo determinada por dos motivos principales: uno el que llev a Mussolini a valorar que con su apoyo a los sublevados poda conseguir sus objetivos y ambiciones polticas, econmicas y militares en la poltica mediterrnea, y otro el que gui a Franco sirvindose del apoyo de Mussolini para ganar la guerra y consolidar su triunfo. Dos planteamientos semejantes en los objetivos pero antagnicos en algunos momentos de la misma.</p> <p>Mussolini, con su intervencin en Espaa, pretenda el control territorial y estratgico del Mediterrneo, para evitar que otros lo ocuparan y le privaran a l de desarrollar su poltica imperial, no importndole acuerdos o normas internacionales, violndolas cuando le interesaba o jugando con ellas como quiso, segn le marcaba el tempo internacional. Su agresividad en Espaa aument cuando hirieron su orgullo fascista tras la derrota en Guadalajara, lo que llevara a aumentar la ayuda a Franco y a comprobar que Espaa no iba a ser un paseo militar. Su vanidad y su idea de fascinar al mundo, le llevaron a buscar desesperadamente una victoria que le emborrachara de orgullo. Mussolini con su accin directa en Espaa se sentira muy potente en Europa, entrando en una dinmica poltica que le terminar llevando al desastre. </p> <p>El Duce llev a la prctica en Espaa todo lo que su declogo fascista recoga, sin escrpulos, tomando como principio fundamental el de agredir para vencer. Y no dud en ponerlo en prctica: aqu masacramos con una simplicidad impresionante. Guerra sin cuartel, guerra horrenda y temerosa, dira uno de sus aviadores voluntarios. Sus tropas legionarias fueron tradas a Espaa con la seguridad de creer, obedecer y combatir por su jefe, pagando muchos de ellos cara esta obediencia con la muerte en territorio espaol; pero no todos crean en la causa fascista, y en ciertos momentos tampoco obedecieron y combatieron como de ellos se esperaba. A pesar de todo, su aportacin resultara decisiva y clave para la victoria franquista.</p> <p>Su intervencin no fue gratuita. Adems de los costes materiales, aqu dejaron la vida casi cuatro mil soldados fascistas que el franquismo supo muy bien convertir en mrtires y trofeos de la causa y del nuevo rgimen. Los innumerables cementerios con soldados italianos y sus monumentos supieron ser aprovechados posteriormente por el franquismo para reforzar su ideologa poltica y ser espacios, no slo de muerte, sino de memoria y de fijacin de sus ideas con la proliferacin de actos y homenajes que en ellos se celebraron, honrando la memoria de los all presentes y justificando su muerte al derramar su sangre por la nueva Espaa. El fascismo, el yugo, la cruz y la muerte, todos unidos, recorrieron una amplia red de cementerios, y fueron unas potentes herramientas de socializacin con sus mximos exponentes en los dos mausoleos italianos ms importantes en Espaa: el mausoleo del Puerto del Escudo y el Sacrario Militare de Zaragoza.</p> <p>Las fuentes informativas para un conocimiento serio y profundo de la intervencin de los legionarios italianos en Espaa hay que hacerlas arrancar desde la investigacin en los principales archivos italianos con fondos de la guerra civil espaola, hasta la cada vez ms escasa memoria oral de los protagonistas que sobreviven. Ninguna de las dos ha sido tarea fcil; la distancia en el primer caso, y las limitaciones propias de la edad en el segundo, han supuesto dificultades aadidas al tema, pero el resultado aqu est. He pretendido conjugar ambas fuentes y confirmar lo que otros estudiosos anteriores haban insinuado o sealado, dando nuevos enfoques e interpretaciones a algunas cuestiones.</p> <p>Zaragoza, Enero del 2.0071. AGREDIR PARA VENCEREstoy encantado de que los italianos aterren al mundo con su agresividad, por una vez, en lugar de encantarlo con guitarras. (Mussolini, 20-3-1938. En Diario, de Galeazzo Ciano).1.1. CreerAlgunos estudiosos1 del fascismo en Italia han manifestado que el ste fue un fenmeno estrictamente italiano, luego copiado o exportado a otros pases. Lo han considerado no como una doctrina, ni como una ciencia, sino simplemente como una fuerza instintiva, impulsiva, creada y desarrollada en momentos favorables para ello y estructurada por un hombre que era todo impulso: Mussolini, el Duce. No fue una doctrina lo que le llev al pueblo italiano a conseguir su unidad en torno a una idea, sino el gran condottiero del siglo XX que muchos italianos buscaban para elevar su moral. Su fascismo no fue una doctrina, fue un camino a seguir tomando como rumbo la belicosidad de la guerra, su carcter agitador, demoledor y de mando. Su tctica era hacer la revolucin pero por medio de sus fascios, atacando toda revolucin comunista para imponer otra, la fascista, manteniendo el derecho por la fuerza.</p> <p>Nacin, fascismo y Duce presidirn el momento clave de su desarrollo, la Marcha sobre Roma, limpiando todo obstculo que impida o se interponga en su camino. El fascismo se ira transformando poco a poco en un cuerpo armado, mientras Italia se iba sintiendo presa de la fascinacin de su condottiero. Los italianos del exterior igualmente queran esa Italia grande con la que todos en su pas ahora soaban, sugestionados por las proclamas del Duce y por las evocaciones de la Roma Inmortal. Todos estaban convencidos de que el rumbo de Italia iba a cambiar, de que el fascismo dara un nuevo rumbo a una Italia desmoralizada. El Duce, una y otra vez, les hablaba de una Italia en expansin, de la Italia de las colonias, de una Italia que constantemente miraba el Mediterrneo como un mar propio. Del ejemplo de unas legiones romanas que impusieran su dominio italiano en el exterior, haciendo de nuevo a Italia grande como en otros tiempos de su historia.</p> <p>Todos estos sueos de grandeza los sabe vender y que prendan en el corazn y la mente de los italianos. Sus gestos, su teatralidad, su brazo amenazante, su voz, su entrega personal, sern el gran complemento necesario a su actitud continuamente belicosa. Esta actitud agresiva se expuso de unaforma clara en la Marcha sobre Roma, y una gran parte del pueblo italiano sigui su ejemplo. Mientras, el ejrcito italiano permaneca en sus cuarteles, quedando su tropa arrinconada para dejar pasar a la milicia fascista.</p> <p>Los fascistas formaron sus escuadras. Las escuadras se convirtieron en columnas. Las columnas se ponen en marcha, arrancan de todas partes de Italia, y al frente de ellas camina el cuadriunvirato:</p> <p>Balbo, melena, bigote y perilla. De Vecchi, calva mussolinesca y gran bigote de carabinero. De Bono, estampa garibaldina, agilidad en la vejez, calva, nieve en el bigote y una luenga perilla. Y el Duce. Todos al unsono entonaron el mismo lema, A Roma!, A Roma!2.</p> <p>Exista una autntica admiracin por el Duce. Con su dinmica arrolladora y teatralidad haba sabido contactar con el pueblo y explicarles los ideales de grandeza que tena preparados para la nacin italiana, y todos los ciudadanos italianos no dejaron pasar el tiempo en cumplir con su obligacin y con lo que el Duce les solicitaba, le crean y le obedecan, provocando en ellos un nacionalismo exaltado.</p> <p>Aunque Mussolini manifest en numerosas ocasiones que la poltica fascista era una poltica de paz, no dejaba de proclamar que nada haba mejor que las espadas para defender esa paz, e invitaba a todos a contemplar el bosque de bayonetas embrazadas por el fascismo. Los sueos de una Italia grande en el mundo podran hacerse realidad, y aunque su poltica exterior nunca fue muy clara, sus mejores negociaciones y razones se apoyaban en los puos, las armas y la agresividad permanente. La humillacin de una monarqua prisionera, la humillacin de la prensa que tiene que contemporizar con la situacin creada, la humillacin del ejrcito al que sabe muy bien callar, la humillacin de los partidos polticos a los que sabe dividir, y sobre todo la humillacin del pueblo italiano con sus demagogias, su populismo y teatralidades, ganndose su adhesin. Fue una gran sumisin ante la atmsfera fascista creada.1.1.1. Chi si ferma e perduto</p> <p>Cualquier agresividad implica una provocacin o ataque, siendo el concepto de agresin un acto contrario al derecho de otro, manifestado en un ataque o acometimiento violento contra alguien, realizado sin derecho o causa que lo justifique. Y la violencia es la manera de actuar contra el natural modo de proceder, haciendo un uso excesivo de la fuerza, normalmente por abusos de fuerza fsica, empleo de armas o relaciones de extrema agresividad, generando un clima de violencia. Estas son las definiciones ms claras de ambos conceptos, la agresividad y la violencia. No vale quedarse inmvil, paralizado, hay que tomar siempre la iniciativa; aquel que se para est perdido.As tenemos que cuando un grupo poltico, sea del carcter que sea, recoge entre sus principios el totalitarismo como norma general y recoge los cinco aspectos que Fiedrich3 enumer y que son: la ideologa oficial a la que suponen deben adherirse todos, que sea un partido o grupo nico de masas conducido por un solo hombre de ordinario y organizado de forma jerrquica, que ejerza un monopolio completo del uso efectivo de todas las armas de combate tcnicamente en manos del partido; que ejerza un control casi completo de todos los medios de comunicacin masiva efectivo y que implante un sistema de control poltico de terror fsico o psicolgico. No nos queda ninguna duda de que ese grupo y su lder estn implantando, de forma progresiva y la mayora de las veces violenta, un marcado carcter autoritario y totalitario a todo lo que hacen. El gobierno totalitario es la forma de gobierno personalizado de un lder y una lite que tratan de dominar tanto la sociedad como la estructura regular, legal, a la que llamamos Estado4, lo lleg a definir L. Schapiro.</p> <p>La primera mitad del s. XX en Europa fue de aos violentos y de conflictos internacionales e internos en la mayora de los pases europeos. Desde Rusia en 1917, hasta las revoluciones de Austria, Finlandia, Alemania, pasando por Espaa, Grecia, Yugoslavia o Italia, todos los polticos utilizaron el lenguaje de la lucha armada, aun cuando los conflictos no fueran acompaados de derramamiento de sangre. Los uniformes y los puos cerrados dominaron en casi todas las manifestaciones, y las palabras que ms se escuchaban en los numerosos mtines eran lucha, batalla, enemigo5. Los defensores del orden establecido creyeron que todos los disturbios formaban parte de una misma trama revolucionaria. Los partidos comunistas se aliaron con las fuerzas democrticas para formar frentes populares capaces de defender las democracias y la libertad ante el fascismo, llegando a ser un gran fracaso en Espaa, donde el frente de izquierdas provoc un levantamiento nacionalista que llevara al poder al general Franco.</p> <p>En un principio Mussolini no pareca particularmente distinto de los otros gobernantes europeos, y nada haca pensar que su entrada en el gobierno fuera a dar un giro tan brusco como el que dio a la poltica y vida italiana. Presida un gobierno parlamentario con una oposicin legal y senta gran admiracin por las polticas econmicas del liberalismo. Su imagen empez a cambiar con el asesinato en 1924 del diputado socialista Giacomo Matteoti, del que se responsabiliza al propio Mussolini y que utilizar en los disturbios posteriores como excusa para aumentar y justificar su represin. Quiso corregir lo que consideraba como abusos hacia Italia tras los acuerdos tomados al acabar la Primera guerra mundial. Su poltica siemp...</p>