El Parasito - Ramsey Campbell

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    28-Sep-2015

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Novela (1980)

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<ul><li><p>Rose, una nia de diez aos, estreunida con un grupo de amigos,todos mayores que ella. Paradivertirse han entrado en una casaabandonada y, sentados alrededorde una mesa, tratan de invocar a losespritus. Ocurre algo anormal.Todos huyen. La puerta se cierratras ellos y Rose se queda sola enla habitacin, sin poder salir. Veinteaos despus, Rose est felizmentecasada con Hill Tierney. Ambosescriben sobre temascinematogrficos e imparten clasesen una universidad. Rose norecuerda aquel suceso de su niez</p></li><li><p>pero siempre la acompaa un vagosentimiento de angustia hasta que,estando de viaje en Nueva York, esatacada por un desconocido. Apartir de entonces el pasadocomienza a actualizarse y el terriblesecreto a hacerse presente.</p></li><li><p>Ramsey Campbell</p><p>El parsitoePub r1.0</p><p>GONZALEZ 13.03.15</p></li><li><p>Ttulo original: The ParasiteRamsey Campbell, 1980Traduccin: Csar Terrn</p><p>Editor digital: GONZALEZePub base r1.2</p></li><li><p>A todos mis amigos de ChapelHill</p><p>y en particular aManly y Frances,</p><p>Dave y Jo yKarl y Barbara</p></li><li><p>NOTA DEAGRADECIMIENTO</p><p>De entre las muchas personasque colaboraron de algn modoen este libro, deseo darespeciales gracias:</p><p>A Chris Clarke, por una delas ideas que dio vida al relato;y a Matt, por otros diversosestmulos.</p><p>A Gary y Uschi (Mnich),Tony y Marge (Manchester), JackSullivan, T.E.D. Klein, KathyMurray, Kirby McCauley, JayGregory (Nueva York) por su</p></li><li><p>ayuda y hospitalidad en algunosde los escenarios de la obra.</p><p>A John y Ann Thompson y aTony Beck, por detalles delambiente universitario (no de laspersonalidades, que soninvencin ma).</p><p>A Peter Valentine Timlett,por su experimentado consejoacerca de experienciasextracorporales (aunque no debehacrsele responsable de miimaginacin; Peter desear, los, que se aclare que losexperimentos con estas tcnicaspor parte de aficionados puedenresultar peligrosos).</p></li><li><p>A tres de mis crticos de cinefavoritos, cuyas explicacionessobre cinematografa me hanservido de ayuda: Philip Strick,David Thomson, Robin Wood.</p><p>A Carol Smith, ThomTessier, Tim Shackleton, GeorgeWalsh y, otra vez, a Kirby pordiversas sugerencias quemejoraron el libro.</p><p>A mi esposa Jenny pormuchas cosas, entre ellas susconsejos y crticas mientras yoescriba la obra, y sus lecturasde Tarot.</p><p>Finalmente, ser mejoraclarar que la tienda que es el</p></li><li><p>escenario de la ltima parte deeste libro no existe, del mismomodo que Peter Grace novivi en el lugar descrito.</p></li><li><p>INTRODUCCIN</p><p>No me has odo? grit sumadre. He dicho que Wendy estaqu!</p><p>Y de repente era demasiado tarde: lanoche la haba sorprendido, y ella nodeseaba salir.</p><p>No exista nada dentro de lahabitacin que pudiera ayudarle. Metidaen su funda, la raqueta de tenis estabaapoyada en una pared. Varios postershaban inmovilizado aves salvajes envuelo. Elvis Presley readespectivamente encima de la cama, conel pelo reluciente como aceite. Lomos</p></li><li><p>de enciclopedias le brindabanfragmentos de palabras, ninguna de lascuales inspiraba una excusa.</p><p>Sac el abrigo del armario, donde lohaba ocultado despus de extenderlo,en la esperanza de que eso alejara aWendy. Al abotonarse la prenda notcalor e hinchazn en sus dedos, lapicazn de los nervios.</p><p>Cudala, Wendy oy decir a sumadre desde la parte superior de lasescaleras. Que no se excitedemasiado.</p><p>Estaba sonando La Flauta Mgica.Su padre permaneca en la puerta de lasala de estar, temeroso de perderse lapera.</p></li><li><p>Cmo dijiste que se titulaba lapelcula? Rock Around the Clock? l lo saba perfectamente, pero intentabadar a entender que no vala la penasaberlo. Me sorprende que teinteresen esas cosas. Bueno, debesaprenderlo t misma.</p><p>Es que l no se daba cuenta de queera una mentira? Que la chica pensaseque Elvis Presley era sexy nosignificaba que desease ver algordinfln Bill Haley cantando tresnotas. Sus hmedas manos seretorcieron, ahogadas por los bolsillos.El resentimiento le haca sentir msnuseas que el nerviosismo. Cmo seatreva su madre a sugerir que ella era</p></li><li><p>menos madura que Wendy? Acaso ellano poda demostrar su madurez, admitirla mentira y salvarse? Pero sus padresestaban agitando las manos paradespedirse, la puerta se cerraba y seencontr en la helada noche.</p><p>Los ojos de Wendy parecanmagullados a la luz de las farolas, acausa del maquillaje. Un aroma ascendalentamente por debajo de su abrigo rosa.En comparacin, la muchacha ms joveniba vestida de un modo infantil, cosa quele haca sentirse irritada y vulnerable.Sus rodillas ya ardan a causa del fro.</p><p>Por lo menos no iba a trepar lacolina, donde el depsito de agua ya nose asemejaba al laberinto de elevados</p></li><li><p>arcos entre los que tantas veces habajugado al escondite con sus amigos.Ahora era un descollante montn depatas y un cuerpo que se cerna sobre unalargado vislumbre de luz natural, igualque una araa acecha a una moscaatrapada. La noche cambia fcilmentetodas las cosas.</p><p>Incluso la carretera haba cambiado.Los parterres resplandecan bajo lasfarolas como si estuvieran paralizadosantes de una tormenta. Dos enfermerasmarchaban como si fueran monjas endireccin al hospital, que en otrostiempos haba sido un asilo. Y si lasenfermeras les preguntaban a dndeiban? Pero desaparecieron en el</p></li><li><p>hospital, entre risas, dejndola a solascon sus pisadas y las de Wendy, con elreiterado roce de las rodillas de suamiga y su falda larga, con sustemores</p><p>Una joven pareja pas rpidamente asu lado, con humeantes alientos ycucuruchos de pescado y patatas fritas.Hileras de automviles ibanadelantndose en la angosta carretera;sus conos de luz iluminaban polvo,humos, una mariposa nocturna Notardaron en desaparecer, y el asfaltodestell tristemente.</p><p>Qu crees que haremos? dijola jovencita, intranquila.</p><p>Oh, solamente estar sentados</p></li><li><p>alrededor de una mesa, supongo, igualque en aquella pelcula. Wendy sealegr de poder hablar. O quizRichard coja un lpiz e intente escribiralgo. Supongo que escribir algunatontera, si es que l entiende algo deeso. Ya sabes cmo es Richard.</p><p>Estaban aproximndose al pueblo.Las viviendas y jardines iban siendocada vez ms rsticas, y a veces no sevea ms que un grupo de casitas decampo. Las fugaces vistas de brillanteshabitaciones clidas, inexpugnables yalejadas para ella hicieron que la niarecordara el hogar. Un ltimo y secretoaliciente le dio cierta confianza:mientras estuviera sobre el pavimento en</p></li><li><p>el lado de la carretera opuesto a la casa,se encontrara a salvo.</p><p>A salvo de qu? Haba visto lamuerte, haba contemplado a su abuelacon ese sueo tan profundo que ni lossusurros pueden penetrarlo, con loslabios irritados y abiertos en unsilencioso ronquido. A Richard legustaba asustar a la gente, pero ella tenademasiados aos para que la asustaran.Caramba, el ao pasado ese chicohaba contado a todo el mundo que lamujer desenterrada en las afueras delpueblo acababa de ser asesinada,cuando la verdad era que llevabacincuenta aos muerta!</p><p>Pasaron junto al bajo y amplio</p></li><li><p>edificio no iluminado, el Saln delReino de los Testigos de Jehov. Junto aste, detrs de la taberna del Molino, lasgallinas cloqueaban somnolientas. Eraun sonido reconfortante, aunque nadaalentador, ni mucho menos, puesto quesignificaba que las dos jvenes habanllegado al grupo de viviendas queinclua la casa.</p><p>Se trataba nicamente de una casa enla que haba fallecido alguien: hacameses. Nadie aparte de Richard insistaen que el muerto haba pedido ayuda agritos; nadie aparte de Richard decaque la casa tena una desagradablefama Por lo menos, ninguna otrapersona haba dicho estas cosas a las</p></li><li><p>chicas. O quiz corran rumores quehaban dado a Richard la idea de su msreciente mentira terrorfica?</p><p>Ms all de las viviendas, variaspersonas estaban sentadas en un bancoen el exterior de la estacin deautobuses. Disraeli se ergua en unpedestal, haciendo caso omiso delsemforo que haba a sus pies, y la luzestaba cambiando a verde. Habaseguridad: muy, muy distante. Wendy yahaba cruzado a la acera opuesta,tomando el corto camino que haba juntoal mirador iluminado y estaba tocando eltimbre.</p><p>Unas figuras sentadas relumbraron alpasar junto a la jovencita en ambarinas</p></li><li><p>rodajas de luz. Relucientes salpicadurasse esparcieron en el pavimento, sobrelas fulgurantes y romas punteras delcalzado de la chica. El autobs acab depasar, y Richard estaba mirndola,ceudo.</p><p>Bueno, a qu espera? Es que noquiere cruzar?</p><p>Ella respir con tanta ferocidad queel aliento hiri su pecho. No era unania, tena diez aos. Wendy le superabaen edad, pero ella era ms madura quesu amiga. Cruz a grandes zancadas ladesierta calle, pas junto al miradoroscuro desprovisto de cortinas y entren la casa que tena luz.</p><p>La sala de estar pareca atestada de</p></li><li><p>gente, de personas sentadas en abultadosy algo descoloridos muebles. Enrealidad slo haba cinco personas, perotodas miraban a la jovencita como si notuviera derecho a encontrarse all. Unchico de cuyo mentn brotaban escasosy desiguales pelos se quej de laimprevista presencia.</p><p>Es demasiado joven para esto,no?</p><p>Oh, no plantear problemas!Djala en paz. Wendy dio laimpresin de estar sorprendida por lacensura de sus palabras y, tambin, desentir cierta vergenza. Tal vez, en suinterior, estaba de acuerdo con su amigo.</p><p>Richard se hallaba en la ventana, en</p></li><li><p>medio de varias sillas, atisbando poruna rendija de las cortinas.</p><p>Estamos todos? dijo unmuchacho que tena el cabello de Elvis yun bigote razonablemente crecido.</p><p>No, falta Ken. Ha de venir desdecerca de los Camaradas del Club de laGran Guerra.</p><p>Al mirar al chico del bigote, elrostro de Wendy se ilumin.</p><p>No saba que ibas a venir.Quin, yo? No me lo habra</p><p>perdido por nada del mundo. Dio unapalmada en el brazo de su silln, comosi quisiera hacer saltar a un perro.Adems, alguien tena que preocuparsede ti.</p></li><li><p>La jovencita pens que el del bigoteera presuntuoso y vanidoso, y muy malsustituto de Elvis. Despus de unasimblica protesta por la forma en quele haba hablado, Wendy se sent al ladodel chico. Se haba unido al mundo delos adolescentes, donde todos parecanhacer cosas que no deseaban hacer yque, una vez realizadas, no lesproporcionaban satisfaccin. Lajovencita se senta excluida, apenastolerada por el grupo. Se sent en elsof, junto a dos chicas que no lehicieron caso alguno. Dese no haberido.</p><p>Acaso Richard quera asustarla?Por qu la miraba mientras estaba</p></li><li><p>hablando?Hoy he odo otra cosa.Qu? quiso saber una chica,</p><p>muy nerviosa.No lo s. Era algo as como </p><p>Hizo una pausa para impresionar, opara buscar las palabras adecuadas?.Era algo as como si un enfermointentara apoderarse de cosas, cosas quebuscaba en la casa de al lado Unenfermo que se esforzaba en encontraralgo.</p><p>Richard se apoy en la desportilladarepisa de la chimenea y contempl a losque le escuchaban. No haba duda deque estaba divirtindose, peromenta? Habr odo a los ratones, se</p></li><li><p>dijo la jovencita. Pero estaba pugnandopor reunir el suficiente coraje para decirque haba decidido no entrar en la casa.</p><p>Son el timbre de la puerta. Todosse sobresaltaron, y trataron dedisimularlo, o rieron nerviosamente.</p><p>Estpido refunfu una chicay no qued claro a quin se diriga.</p><p>Habran regresado inesperadamentelos padres de Richard? Oh, por favor,que sea eso! Pero el muchacho volvi dela puerta para anunciar:</p><p>Bien, es la hora. Ken ha llegado.Les condujo fuera de la casa. Entre</p><p>esta y la vivienda vecina haba unaespecie de porche con arcos, msestrecho que la longitud de los brazos de</p></li><li><p>la jovencita. Las luces de losautomviles que circulaban por lacarretera lo iluminaban, pero cuandodejaron de pasar qued muy oscuro. Laspisadas de la nia resonaron de un modoagudo y penetrante, burlndose de sunerviosismo.</p><p>Al final del porche se hallaban laspuertas de dos patios traseros. Richardempuj una de ellas, que se abri de unmodo vacilante, rozando piedra. Al otrolado, la cocina de la casa abandonadasobresala en el patio, en direccin a uncobertizo de carbn. No haba espaciopara muchas otras cosas con excepcinde la oscuridad, densa como el barro, yen un rincn del patio, un annimo</p></li><li><p>arbusto, mustio y sediento.Mientras avanzaban lentamente por</p><p>el patio, unos ojos destellaron en elcarbn, que se esparci con granestruendo cuando el despertadodurmiente salt hacia la pared y huy,maullando.</p><p>Silencio musit Richard paraacallar las risitas.</p><p>El chico estaba maniobrandotorpemente en la puerta trasera de lacasa. Deba estar imitando lo que habavisto en alguna pelcula, era imposibleque conociera el mtodo apropiado. Seoy un chasquido metlico; Richarddeba haber roto el cuchillo. Lajovencita se tranquiliz y reprimi a</p></li><li><p>duras penas un audible suspiro antesde ver que la puerta estaba abierta.</p><p>La linterna de Richard escudri laoscuridad. La luz se extendi sobre laslosas del suelo de la cocina,amortigundose. Piernas de madera contobillos llenos de bultos se alzaban enlas sombras; en lo ms profundo de lanegrura, algo produjo un gorgoteo.</p><p>Bueno, adelante dijo Richard,irritado, mientras entraba.</p><p>La jovencita se esforz en noquedarse detrs de Wendy, que estabaagarrada al chico del bigote. Mientras lalinterna oscilaba de un lado a otro paracomprobar que todos haban entrado,una inquieta gota destell en la boca de</p></li><li><p>un grifo. De ah habra surgido elgorgoteo.</p><p>Cerrad la puerta ordenRichard.</p><p>Ms all de la cocina haba unahabitacin de mayor tamao. La manchade luz se arrastr por el suelo,permitiendo ver el dibujo de laalfombra, aunque slo parcialmente.Por qu Richard no levantaba el haz deluz? Nadie que estuviera en la carreterapoda distinguir esta parte tan interior dela casa. Varias sillas cubiertas contrapos acechaban en la sombra sala, consu mole agazapada bajo losrecubrimientos. El ambiente ola alpolvo que flotaba en el aire.</p></li><li><p>Al aventurarse en el recibidor, unadelgada silueta surgi ante ellos. Unafilado garfio de pnico rasg elcorazn de la nia. Todos se detuvieron,con la boca abierta o maldiciendo,excepto Richard. Al cabo de un instanteempezaron a mofarse y a darseempujones unos a otros, puesto que setrataba simplemente de la cruz queseparaba los cristales de la puerta,perfilados por los faros de los coches.Pero la jovencita se haba sentidoprisionera de su pnico. Un momentoantes, cuando los dems la rodeaban,apindose de una forma instintiva, loshaba credo capaces de aplastarla.Ellos y su indiferencia la achicaban. Su</p></li><li><p>miedo era mayor que ella misma.Seguid en silencio murmur</p><p>Richard, y comenz a subir las escalerasde puntillas.</p><p>La linterna de Richard permita verdos escalones al mismo tiempo. Lassombras se aferraban a la barandilla,que se mova y cruja bajo la mano de lania. El nerviosismo y el polvorientoaire que respiraba encogan su corazn;bajo sus pies, la invisible alfombrapareca un espeso montn de polvo.Estaba atrapada en medio de la inquietaprocesin. Lo nico que poda hacer erasubir las escaleras, dada la presin delos que iban detrs.</p><p>Todas las puertas del rellano estaban</p></li><li><p>entreabiertas. Cuando la oscilante luzrecorri las habitaciones, la oscuridadles dio un aspecto increblementegrande, y sin embargo, parecan mspequeas de lo que deban ser. Laalfombra amortiguaba los crujidos delrellano. Por qu los crujidos quereplicaban sin duda deban ser ecossonaban con ms claridad en lashabitaciones? Este detalle no parecapreocupar a Richard, que se introdujofurtivamente en el dormitorio delantero.</p><p>El muchacho apag la linterna. Laluz de una farola iluminaba lahabitacin, si bien nicamente a travsde dos an...</p></li></ul>