Fantasmas de Navidad - Charles Dickens

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    05-Dec-2015

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LITERATURA

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<ul><li><p>Fantasmas de Navidad</p><p>C H A R L E SD I C K E N S</p><p>clsicos de la literatura europea</p><p>ColeccinCARRASCALEJO DE LA JARA</p></li><li><p>2</p></li><li><p>3ColeccinCARRASCALEJO DE LA JARA</p><p>Fantasmas de Navidad</p></li><li><p>4Charles Dickens</p><p>Fantasmas de Na-vidad</p></li><li><p>5Coleccin: Carrascalejo de la Jara El Cid Editor S.A.</p><p>Juan de Garay 29223000-Santa FeArgentinaTelefax: 54 342 458-4643</p><p>ISBN 1-4135-2258-0</p></li><li><p>6FANTASMAS DE NAVIDAD</p><p>Me gusta volver a casa en Navidad. Todos lohacemos, o deberamos hacerlo. Deberamos vol-ver a casa en vacaciones, cuanto ms largas mejor,desde el internado en el que nos pasamos la vidatrabajando en nuestras tablas aritmticas, para asdescansar. Viajamos hasta casa a travs de unpaisaje invernal; por campos cubiertos por unaniebla baja, entre pantanos y brumas, subiendoprolongadas colinas, que se van volviendo oscurascomo cavernas entre las espesas plantaciones quellegan a tapar casi las estrellas chispeantes; y ashasta que estamos en las amplias mesetas y final-mente nos detenemos, con un silencio repentino,en una avenida. En el aire helado la campana de lapuerta tiene un sonido profundo que casi pareceterrible; la puerta se abre sobre sus goznes y alllegar hasta una casa grande las brillantes lucesnos parecen ms grandes tras las ventanas, y las</p></li><li><p>7filas de rboles que hay frente a ellas parecenapartarse solemnemente hacia los lados, comopara dejarnos pasar. Durante todo el da, a inter-valos, una liebre asustada ha salido corriendo atravs de la hierba cubierta de nieve; o el repi-queteo distante de un rebao de ciervos pisotean-do el duro hielo ha acabado tambin, por un mi-nuto, con el silencio. Si pudiramos verles susojos vigilantes bajo los helechos, brillaran ahoracomo las gotas heladas de roco sobre las hojas;pero estn inmviles, y todo est callado. Y as, lasluces se van haciendo ms grandes, y los rbolesse apartan hacia atrs ante nosotros para cerrarsede nuevo a nuestra espalda, como impidindonosla retirada, y llegamos a la casa.</p><p>Probablemente huele todo el tiempo a casta-as asadas y otras cosas buenas y reconfortantes,pues estamos contando historias de Navidad,historias de fantasmas, o ms vergonzosas paranosotros, alrededor del fuego de Navidad, y nonos hemos movido salvo para acercarnos un pocoms a l. Pero dejemos eso. Llegamos a la casa yes una casa antigua, repleta de grandes chimeneasen las que la lea arde en el hogar sobre viejastenazas, y retratos horrendos (algunos de elloscon leyendas tambin horrendas) miran con saay desconfianza desde el entablado de roble de lasparedes. Somos un noble de edad mediana y da-</p></li><li><p>8mos una generosa cena con nuestro anfitrin yanfitriona y sus invitados, es Navidad y la viejacasa est llena de invitados, y despus nos vamosa la cama. Nuestra habitacin es muy antigua.Est recubierta de tapices. No nos gusta el retratode un caballero vestido de verde colocado sobrela repisa de la chimenea. En el techo hay grandesvigas negras y para nuestro acomodo particularcontamos con una enorme cama negra a la que enlos pies le sirven de apoyo dos figuras negrastambin grandes que parecen salidas de dos tum-bas de la antigua iglesia que tena el barn en elparque. Pero no somos un noble supersticioso, yno nos importa. Todo va bien! Despedimos anuestro criado, cerramos la puerta y nos sentamosdelante del fuego vestido: con el camisn, medi-tando en muchas cosas. Final mente, nos mete-mos en la cama. Muy bien! No podemos dormir.Damos vueltas y ms vueltas, pero no podemosdormir. Las ascuas de la chimenea arden bien ydan a la habitacin un aspecto fantasmal No po-demos evitar escudriar, por encima del cobertor,las dos figuras negras y el caballero... ese caballerovestido de verde y de apariencia perversa Con laluz parpadeante dan la impresin de avanza yretroceder: lo cual, a pesar de que no seamos enabsoluto un noble supersticioso, no resulta agra-dable. Muy bien! Nos ponemos nerviosos... ms y</p></li><li><p>9ms nerviosos. Decimos: esto es una verdaderaestupidez, pero no podemos soportarlo; simula-remos estar enfermos y llamaremos a alguien.Muy bien Precisamente vamos a hacerlo cuandola puerta cerrada se abre y entra una mujer joven,de palidez mortal y de cabellos rubios y largos quese desliza hasta la chimenea, y se sienta en la sillaque hemos dejado all, frotndose las manos. Nosdamos cuenta entonces de que su ropa est h-meda. La lengua se nos pega al velo del paladar yno somos capaces de hablar, pero la observamoscon precisin. Su ropa est hmeda, su largo ca-bello est salpicado de barro hmedo, va vestidasegn la moda de hace do: cientos aos, y lleva ensu ceidor un manojo de 11, ves oxidadas. Muybien! Se sienta all y ni siquiera podemos desma-yarnos del estado en el que no encontramos. En-tonces ella se levanta y prueba todas las cerradurasde la habitacin con las llaves oxidadas, sin queencuentre ninguna que vaya bien; despus fija lamirada en el retrato del caballero vestido de verdey con una voz baja y terrible exclama:</p><p>El hombre lo sabe! Despus se vuelve afrotar las manos, pasa junto al borde de la cama ysale por la puerta. Nos apresuramos a ponernos labata, cogemos las pistolas (siempre viajamos conellas) y la seguimos, pero encontramos la puertacerrada. Damos la vuelta a la llave, miramos en el</p></li><li><p>10</p><p>pasillo oscuro y no hay nadie. Lo recorremos tra-tando de encontrar a nuestro criado. No es posi-ble. Recorremos el pasillo hasta que despunta elda y luego regresamos a nuestra habitacin vaca,caemos dormidos y nos despierta nuestro criado(nunca hay nada que le hechice a l) y el sol bri-llante. Muy bien! Tomamos un desayuno terribley todos dicen que tenemos un aspecto extrao.Despus del desayuno paseamos por la casa connuestro anfitrin, y le conducimos hasta el retratodel caballero vestido de verde, y entonces se acla-ra todo. Se comport con falsedad con una jovenama de llaves unida en otro tiempo a esa familia, yfamosa por su belleza, que se ahog en un lago ycuyo cuerpo fue descubierto al cabo de muchotiempo porque los ciervos se negaban a beber elagua. Desde entonces se ha dicho entre susurrosque ella atraviesa la casa a medianoche (pero queva especialmente a esa habitacin, en dondeacostumbraba a dormir el caballero vestido deverde) probando las viejas cerraduras con las lla-ves oxidadas. Bien! Le contamos a nuestro anfi-trin lo que hemos visto, y una sombra cubre susrasgos tras lo que nos suplica que guardemos si-lencio; y as se hace. Pero todo es cierto; y locontamos, antes de morir (ahora estamos muer-tos) a muchas personas responsables.</p></li><li><p>11</p><p>Es infinito el nmero de casas antiguas congaleras resonantes, dormitorios lgubres y alasencantadas cerradas durante muchos aos, por lascuales podemos pasear, con un agradable hormi-gueo subindonos por la espalda y encontrarnosalgunos fantasmas, pero quiz sea digno de men-cin afirmar que se reducen a muy pocos tipos yclases generales; pues los fantasmas tienen pocaoriginalidad y caminan por caminos trillados.Sucede, por ejemplo, que en una determinadahabitacin de un cierto saln antiguo en donde sesuicid un malvado lord, barn, o caballero, hayen el suelo algunas tablas de las que no se puedeborrar la sangre. Raspas y raspas, como el actualdueo ha hecho, o cepillas y cepillas; como hizosu padre, o friegas y friegas, como hizo su abuelo,o quemas y quemas con cidos fuertes, como hizoel bisabuelo, pero la sangre seguir estando all, nims roja ni ms plida, ni en mayor ni en menorcantidad; siempre igual. En otra de esas casas hayuna puerta encantada que nunca se abrir; u otraque nunca se cerrar; o un sonido de una rueda dehilar, o un martillo, o unos pasos, o un grito, o unsuspiro, un galope de caballos o el rechinar deunas cadenas. O hay un reloj que a medianocheda trece campanadas cuando va a morir el cabezade familia, o un carruaje sombro, negro e inmvilque ve siempre en esos momentos alguien que</p></li><li><p>12</p><p>aguardaba cerca de las amplias puertas del patiodel establo. O sucede, como en el caso de LadyMary, que fue a visitar una casa situada en losHighlands escoceses, y como estaba fatigada porsu largo viaje se retir pronto a la cama y a la ma-ana siguiente dijo con toda inocencia en la mesadel desayuno:</p><p>Me result muy extrao que celebraranuna fiesta a una hora tan tarda anoche en esteremoto lugar y no me hablaran de ella antes deque me acostara!</p><p>Entonces todos preguntaron a Lady Mary loque quera decir. Y sta contest:</p><p>Bueno, anoche todo el tiempo o carruajesque daban vueltas y ms vueltas alrededor de laterraza, bajo mi ventana.</p><p>Entonces el dueo de la casa se puso plido,lo mismo que su seora, y Charles Macdoodle deMacdoodle hizo seas a Lady Mary de que nodijera ms, y todos guardaron silencio. Tras eldesayuno, Charles Macdoodle le cont a LadyMary que segn una tradicin de la familia era unpresagio de muerte que los carruajes dieran vuel-tas por la terraza. Y as fue, pues dos meses mstarde mora la seora de la casa. Y Lady Mary, queera doncella de honor en la Corte, cont a menu-do esta historia a la Reina Charlotte; y es por estoque el viejo rey deca siempre: Cmo, cmo?</p></li><li><p>13</p><p>Qu, qu? Fantasmas, fantasmas? No existen,no existen! Y no dejaba de decir esa frase hastaque se iba a la cama.</p><p>Y ahora bien, un amigo de alguien al que casitodos conocemos, cuando era un joven que esta-ba cursando estudios tena un amigo especial cone que haba hecho el pacto de que, si era posibleque e espritu retornara a esta tierra despus desepararse del cuerpo, aquel de los dos que murieraprimero se le aparecera al otro. Nuestro amigo seolvid de ese pacto con el curso del tiempo; losdos jvenes haban progresado en la vida, habantomado camino; divergentes y se haban separado.Pero una noche muchos aos despus, estandonuestro amigo en e norte de Inglaterra, y quedn-dose a pasar la noche en una posada de YorkshireMoors, mir desde la cama hacia fuera; y all, bajola luz de la luna, apoyado en un bur cercano a laventana, y mirndole fijamente, vio a su antiguocompaero de estudios Cuando ste se dirigi consolemnidad hacia la aparicin, sta respondi enuna especie de susurre pero bien audible:</p><p>No te acerques a m. Estoy muerto. He ve-nido aqu para cumplir mi promesa. Vengo delotro mundo, pero no puedo revelar sus secretos!</p><p>En ese momento empez a volverse ms p-lido y se fundi, por as decirlo, con la luz de laluna, desapareciendo en ella.</p></li><li><p>14</p><p>O est el caso de la hija del primer ocupantede lo pintoresca casa isabelina, tan famosa ennuestra vecindad. Ha odo hablar de ella? No?Bueno, la hija sali una noche de verano en elmomento del crepsculo; era una joven muyhermosa, de diecisiete aos de edad, y se disponaa coger flores del jardn: pero de pronto llegcorriendo, aterrada, hasta el saln donde estaba supadre, a quien le dijo:</p><p>Ay, querido padre, me he encontradoconmigo misma!</p><p>l la cogi en sus brazos y le dijo que todoera una fantasa, pero ella replic:</p><p>Oh, no! Me encontr conmigo en el cami-no ancho, y yo estaba plida, y recoga flores mar-chitas, y giraba la cabeza y las levantaba!</p><p>Y aquella noche muri la joven; y se empez ahacer un cuadro con su historia, pero no se ter-min nunca, y dicen que ha estado hasta hoy enalgn lugar de la casa, con el rostro vuelto hacia lapared.</p><p>O la historia del to de la esposa de mi herma-no, que volva a casa cabalgando al atardecer deun hermoso da y en una calle arbolada cercana asu casa vio a un hombre de pie ante l en el cen-tro mismo de la estrecha calzada.</p></li><li><p>15</p><p>Qu hace ese hombre del manto ah para-do?, pens. Quiere que pase con el caballo porencima de l?</p><p>Pero la figura no se movi. Al verlo tan quietotuvo una sensacin extraa, pero sigui avanzan-do, aunque aflojando el trote. Cuando estuvo tancerca que lleg a tocarlo casi con el estribo el ca-ballo se asust y la figura se desliz hacia arriba,hasta la acera, de una manera curiosa y nada natu-ral: hacia atrs, sin que pareciera utilizar los pies,hasta que desapareci. El to de la esposa de mihermano exclam:</p><p>Por el Dios de los cielos! Si es mi primoHarry, el de Bombay!</p><p>Espole el caballo, que de pronto se habapuesto a sudar profusamente, y extrandose detan rara conducta dio la vuelta para dirigirse haciala fachada de su casa. Cuando lleg all vio lamisma figura, que pasaba en ese momento junto ala alargada ventana francesa de la sala de estar, enla planta baja. Le pas las bridas a un criado y sedirigi presurosamente hacia la figura. All estabasentada su hermana, a solas. Alice, dnde est miprimo Harry?</p><p>Tu primo Harry, John?S, el de Bombay. Acabo de encontrarme</p><p>con l ahora en la avenida, y le vi entrar aqu haceun instante.</p></li><li><p>16</p><p>Pero nadie haba visto a nadie; y tal comodespus se supo, en ese mismo instante mora enIndia aquel primo.</p><p>O est la historia de esa sensible y ancianadama soltera que muri a los noventa y nueveaos de edad manteniendo sus facultades hasta elltimo momento y vio realmente al chico hurfa-no. Es una historia que a menudo se ha conta-do incorrectamente, pero de la que la verdad au-tntica es sta, lo s porque en realidad es unahistoria de nuestra familia, y ella era amiga de lacasa. Cuando tena unos cuarenta aos de edad, ysegua poseyendo una hermosura poco comn (suamado muri joven, razn por la cual ella nuncase cas, a pesar de tener numerosas ofertas), fijsu residencia en un lugar de Kent, que su herma-no, un comerciante con India, haba compradorecientemente.</p><p>Se contaba la historia de que en otro tiempoaquel lugar estuvo a cargo del tutor de un joven;que ese tutor sera el segundo heredero y quemat al muchacho con su tratamiento duro ycruel. Ella nada saba de tales cosas. Se ha dichoque en el dormitorio de ella haba una jaula en laque el tutor sola encerrar al muchacho. Es falso.Slo haba un gabinete. Ella se acost, no hizollamada alguna durante la noche, pero por la ma-</p></li><li><p>17</p><p>ana le dijo con toda tranquilidad a la doncellacuando sta entr:</p><p>Quin es ese guapo mocito de aspectoabandonado que estuvo mirando hacia fuera des-de el gabinete toda la noche?</p><p>La doncella contest lanzando un fuerte gritoy echando a correr al instante. La dama se sor-prendi de aquello, pero era una mujer de notablefuerza mental, por lo que se visti ella sola, bajlas escaleras y acudi a reunirse con su hermano:</p><p>Walter, toda la noche me ha estado inquie-tando un guapo mocito de aspecto abandonadoque constantemente miraba hacia fuera desde elgabinete que hay en mi habitacin, y que no pue-do abrir. Ah debe haber algn truco.</p><p>Me temo que no, Charlotte contest elhermano, pues es la leyenda de la casa. Es elhurfano. Qu es lo que hizo?</p><p>Abri la puerta con suavidad y mir haciafuera. A veces penetraba uno o dos pasos en lahabitacin. Entonces yo le llamaba, para animarle,y l se encoga, se estremeca y volva a meterse denuevo, cerrando la puerta.</p><p>Charlotte, el gabinete no tiene comunica-cin con ninguna otra parte de la casa, y est ce-rrado con clavos.</p><p>Aquello era indudablemente cierto y dos car-pinteros necesitaron una maana entera para abrir</p></li><li><p>18</p><p>la puerta y poder examinar el gabinete. Slo en-tonces Charlotte qued convencida de que habavisto al hurfano. Pero lo terrible de la historia esque fue visto sucesivamente por tres de los hijosde su hermano, todos los cuales murieron jve-nes. En cada ocasin, el nio enfermaba, regresa-ba a casa con fiebre, doce horas antes de la...</p></li></ul>