Isaiah Berlin La Libertad Compleja

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    30-Oct-2015

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  • Estudios Pblicos, 80 (primavera 2000).

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    ISAIAH BERLIN,LA LIBERTAD COMPLEJA

    Joaqun Fermandois

    JOAQUN FERMANDOIS. Doctor en Historia. Profesor de Historia Contempornea, Pon-tificia Universidad Catlica de Chile.

    1 hombre puede percibir la realidad social, especficamente la delpoder y las jerarquas no naturales, como limitacin, como amenaza,como finitud. Sin embargo, la conciencia de su fragilidad ante la naturalezay ante otros hombres le ha sido tan evidente, que no pocas veces, incluso enlas altas culturas, la idea del poder como limitacin ni siquiera se verbaliza.Es en s pura evidencia. El pensamiento poltico clsico estuvo dominadopor la idea de lo que podra llamarse las condiciones del buen gobierno. Noen balde nace cuando la polis entra en crisis tras la Guerra del Peloponeso:qu es un buen gobierno?, cmo se establece?, cules son las condicio-nes de su conservacin?, quines deben gobernar? Tambin, ms funda-mentalmente, para qu debe existir un orden poltico. La libertad, a su vez,estaba referida a una defensa religiosa o legal del individuo o al eternoproblema de la libertad vs. libre albedro.

    En cambio, desde la Ilustracin existe una idea que ha tenido unprotagonismo inextinguido hasta hoy da, la libertad. No es que el proble-ma de la libertad haya estado ausente de la historia del pensamiento y de lahistoria espiritual. De hecho, no es por casualidad que su origen est en el

    EINTRODUCCIN

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    ciudadano de la polis, y en la responsabilidad a la que llama Cristo, comoapelacin a la parte de libre albedro del ser humano. Pero el pensamientopoltico lo expresa de manera relativamente escasa. Slo en el origen delpensamiento poltico moderno (trmino, de acuerdo, demasiado vago), lalibertad empieza paulatinamente a ser mirada como un objeto preferentede atencin y meditacin. Esto es paralelo a uno de los rasgos ms perdura-bles del mundo occidental, la distincin entre Estado y sociedad y el puestoque ocupa el hombre individual (o personal) en ese mundo. El cambiomaterial que origin la Revolucin Industrial dio ms urgencia a este deba-te. Las rebeliones en pro de la libertad, revolucionarias o contrarrevolucio-narias, llenan la historia poltica de estos dos ltimos siglos. Hasta nuestrosdas, la libertad ocupa un lugar de reflexin insoslayable en el pensamientopoltico. sta puede ser vista de mltiples maneras: como libertad indivi-dual, como la manifestacin de un proceso histrico racional que descubreuna interioridad libre en el hombre. Tambin como el motor de la auto-creacin del hombre; o como la rebelin personal ante fuerzas colectivas. Alo largo del siglo veinte, por otro lado, se ha hablado repetidamente que sepresencia el fin de la civilizacin liberal, la agona del liberalismo. Y, ala inversa, se ha hablado del triunfo de la libertad. La libertad puede serconsiderada como inseparable de la libertad econmica o, todo lo contrario,como su antagonista irreductible. Tambin se puede discutir si la libertad esel sustrato ltimo del liberalismo. En estas ltimas tres dcadas, adems, noha sido raro escuchar acerca de la civilizacin postliberal, o que el fin dela Guerra Fra fue el triunfo de la perspectiva liberal. Y como polmicadesvada, en los noventa escuchamos constantemente que se est ante el findel neoliberalismo.

    La libertad como idea poltica parece algo tan obvio que su concep-tualizacin en una teora poltica provoca no pocas dificultades. General-mente, porque se la supone el fin supremo que jerarquiza todo otro valor; oporque se la supone subordinable a otro fin considerado superior: una ver-dad religiosa, el orden, la seguridad, la igualdad; o un equilibrio ms omenos matemtico entre estos valores, que se logra por un robusto progra-ma poltico. Quienes postulan la supremaca de la igualdad se han encontra-do muchas veces en la tradicin socialista. Sin embargo, no es extraoverlos en el liberalismo, y cierta justicia histrica no les es ajena. El trminoliberal, en ingls, muestra cmo en la cultura poltica anglosajona, sobretodo en su vertiente norteamericana, sin renegar de una libertad polticabsica, el acento del qu hacer social se coloca en la igualdad. Ello iracreando, desde esta perspectiva, una homologacin esencial entre libertad eigualdad, pero partiendo de la primera. En el socialismo, por razones algodiferentes, aunque en unos casos convergentes, se puede decir lo mismo.

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    En este panorama, la originalidad de Isaiah Berlin (l909-1997) radi-ca no slo en que restaura la tradicin liberal que pone el acento supremoen la libertad. A la vez, no la considera como un valor supremo bajo el cualse puedan jerarquizar hacia abajo otros valores polticos. Sencillamenteesos otros valores pueden ser tan supremos como la libertad, slo que noson del todo compatibles; incluso pueden ser contradictorios, inconmensu-rables. Esto merece una explicacin ms detallada que nos lleve al entornode las ideas y trabajos de Berlin.

    El origen: Un inmigrante como la esencia de lo ingls

    El mismo Berlin repeta constantemente a sus innumerables amigosque en un siglo de tragedias inenarrables a l le estuvo reservado llevar unavida feliz y llena de logros, a pesar de haber transitado por el ojo delhuracn. Hijo nico de acomodados padres judo-rusos, naci en Riga,Letonia, en 1909, entonces parte del imperio ruso. El alemn y el rusofueron los idiomas en los que fue acunado en el antiguo imperio zarista.Presenci la revolucin de 1917 y vio escenas de horror que dejaron en luna huella indeleble de revulsin por el sistema sovitico, lo que se ve en suprimera composicin escrita en idioma ingls, Uritzki, el retrato de uncomisario bolchevique cuya gozosa ocupacin es ejecutar indefinidamentea los enemigos de clase.

    Lo escribi en ingls porque la familia emigr a Londres en 1921.No fue una huida. Por unos aos el padre pudo seguir con su negocio dela madera bajo el rgimen sovitico. En otras circunstancias hubiera sidollamado colaborador. Hizo lo posible para sobrevivir y despus sencilla-mente emigr. En Inglaterra la familia haba tenido desde hace tiempovinculaciones comerciales, lo que lo ayudara a establecerse prsperamente,sin seguir la sufrida ruta de casi todo inmigrante. Educado en un colegiocristiano, la discriminacin antisemita en Inglaterra, sin estar del todo au-sente, era sin dudas menor que en el continente. Luego ingres a Oxford, en1928. Con todo, el anhelo de pertenencia, a su comunidad juda y a laenglishness de Inglaterra, lo acompa toda su vida; ser el prototipo de loingls en Oxford era parte de la construccin de una personalidad que lohace mostrar los rasgos de un nativo de manera ms llamativa que enaquel para quien la vida ha sido un transcurso rutinario, evidente en smismo1. Es casi la condicin de tanto inmigrante, sobre todo de un exiliado,

    1 Es una tesis central de la excelente biografa de Michael Ignatieff, Isaiah Berlin. ALife (1998).

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    experiencia que muchas veces es sinnimo de ser desclasado y que enBerlin fue la de promocin, pero con un toque supremo y exquisito deldtach.

    Pero esto no lo hizo perder su tradicin rusa, que sobrevive en elidioma y en su conocimiento asombrosamente profundo y sensible de laliteratura rusa. Como sucede muchas veces en adolescentes inquietos, paraIsaiah fue decisivo el encuentro con un sabio judo-ruso, Schmuel Rachmi-lievitch, un menchevique exiliado que por muchos aos, ganndose preca-riamente la vida, tratara de poner por escrito sus teoras esttico-polticas.Muri sin alumbrar su hijo anhelado. Sin embargo encontr el triunfo en laorientacin rusfila que logr imprimir en el joven quinceaero Isaiah, quese refleja especialmente en el ensayo El Erizo y el Zorro (1951). Lasideas polticas de Berlin se iran tejiendo en buena medida al hilo de suscomentarios sobre los escritores rusos del diecinueve.

    La siguiente experiencia, que se prolongara por el resto de su vida,fue su ingreso a Oxford en 1928. Hasta 1932 sera el alumno que se integral ambiente poltica e intelectualmente inquieto, creativo y rebelde del mun-do espiritual desengaado de los aos de entreguerras. Hara amistades queperduraron hasta la muerte. Oxford, por aadidura, aunque no durara parasiempre, era entonces uno de los centros de formulacin de las ideas queestaran entre las ms seeras del siglo. All, y en All Souls a partir de1932, conocer, intimar y polemizar con quienes llevaran una distingui-da vida intelectual como Bernard Spencer, Stephen Spender, gran poeta yensayista, y Maurice Bowra, clasicista y crtico literario que con agudezapeligrosa daba vida a un entorno que podra estar en la penumbra. Bowragustaba decir que l era el lder del frente de la inmoralidad: comunistas,homosexuales e inconformistas2. No hay que tomar demasiado en serioestas declaraciones; slo que eran el dernier cri. Tambin habra que agre-gar a la novelista Elizabeth Bowen, a la gran Virginia Woolf (aunque aIsaiah no se le escapaba el tono ligeramente antisemita en esta ltima), aShiela Grant Duffy, Stuart Hampshire, John Austin y a A. J. Ayer.

    Su ingreso a All Souls, al ofrecrsele concursar por una plaza vacan-te (fellowship, en realidad), constituy una suerte de primera consagracin.El primer judo, como alguien alcanz a anotar. Tambin lo anot elBarn de Rothschild, que lo invita a pasar un fin de semana a su casa(mansin) de campo, por el honor que significaba entonces la designacin

    2 Hay una ancdota exquisita acerca del estilo suavemente irnico de ese Oxford, yque slo puede ser repetida en ingls. Cuando Bowra present a Cynl Connolly ante unamigo, le dice: This is Connolly. Coming man. (Pausa). Hasnt come yet.

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    para un judo. Era uno de los muchos estrenos en sociedad que viviraIsaiah. En realidad, desde joven se le notaron dos cualidades que lo hacansobresalir. Por una parte, vivacidad intelectual, cultura amplsima, rpidaintu

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