Juventud precaria ¿Juventud revolucionaria?

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    15-Mar-2016

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Una aportacin al debatesobre la situacin actual de los jvenes y su potencial como sujeto decambio.

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<ul><li><p>Juventud precaria Juventud revolucionaria? Una aportacin al debate sobre la </p><p>situacin actual de los jvenes y su potencial como sujeto de cambio </p><p>Nieves Del Olmo, G.; Prez Ganfornina, P.; Romero Blanco, J. </p><p>Militantes de Izquierda Anticapitalista (Sevilla) </p><p>Trabajo precario </p><p>La tasa de paro juvenil supera el 40%. Desde la aprobacin de la reforma laboral, ms del 94% </p><p>de los nuevos contratos son temporales, y la contratacin en prcticas se ha adaptado a la </p><p>estructura grado/posgrado del famoso proceso de Bolonia, permitiendo que podamos ser </p><p>contratados por cada una de las titulaciones superiores que tengamos. As, la formacin </p><p>continua y el esfuerzo aadido en especializacin que el mercado laboral exige, en lugar de </p><p>facilitar nuestra salida profesional, nos penaliza con mayor precariedad durante ms tiempo. </p><p>Con el nuevo paquete de reformas, por un lado, se ampla la edad de contratos en formacin </p><p>hasta los 30 aos (anteriormente 21), y por otro lado, la eliminacin del artculo 15.5 del </p><p>Estatuto de los trabajadores, el cual limitaba el tiempo que podamos estar contratados de </p><p>forma temporal, acaba con las dbiles barreras existentes a la concadenacin de estos </p><p>contratos basura. </p><p>Educacin precaria </p><p>Siendo probablemente la generacin ms formada de la historia, aquella con mejor y mayor </p><p>acceso a la informacin, las probabilidades de alcanzar condiciones de vida digna se deterioran. </p><p>Esta ser la primera generacin con peores condiciones que sus progenitores. Algo </p><p>evidentemente no funciona bien en sta sociedad del conocimiento, cuando, pese al brutal </p><p>incremento de la productividad sobrevenido por el empleo masivo de las TIC, generaciones de </p><p>muy formados nativos digitales se ven expropiados de la plusvala aadida por estos mismos </p><p>adelantos tecnolgicos. Un coctel ste, que enraiza sus iniquidades en el modelo educativo. Y </p><p>es que, nuestra generacin sufre una poltica educativa (desde la LOGSE y sus reformas, hasta </p><p>la actual LOE), que, si bien tecnocratizada, ha disminuido con creces la calidad de nuestra </p><p>educacin general bsica respecto de generaciones anteriores, apostando por una </p><p>diversificacin del conocimiento cada vez ms temprana en el tiempo, encaminada a cumplir </p><p>con las necesidades de las grandes empresas privadas y su todo poderoso mercado laboral </p><p>nico, el cual genera situaciones de dumping laboral y debe competir a escala internacional por </p><p>mayores y mayores beneficios con economas que incumplen flagrantemente desde los </p><p>convenios de la OIT, hasta las mnimas garantas del derecho laboral. </p><p>La especializacin forzosa no slo dificulta contar con un suelo formativo suficiente para la </p><p>construccin de una sociedad crtica con capacidad en el mbito de la autoorganizacin de los </p><p>trabajadores, sino que adems propicia la extrema individualizacin de las aspiraciones y </p><p>reclamos laborales, apostando por el paradigma de la competencia frente al de la colaboracin. </p><p>Con ello, se ha contribuido de manera fundamental a la precariedad de nuestras vidas: peor </p><p>formacin general y menores opciones laborales, en parte por esa excesiva especializacin en </p><p>las famosas competencias y capacidades, abrindose brecha respecto de la movilidad social </p></li><li><p>que el sistema capitalista y sus principios individualistas pregonan haber conseguido frente a </p><p>modelos sociales anteriores. </p><p>En este sentido, se han evidenciado los intereses que las polticas econmicas tienen en </p><p>relacin con las polticas educativas y las consecuencias de stas sobre nuestro futuro. As, la </p><p>construccin del Espacio Europeo de Educacin Superior (Proceso de Bolonia), comprende una </p><p>transformacin profunda del sistema educativo, que va desde el acceso y produccin de </p><p>conocimiento, hasta la reproduccin del capital cultural, y que se orienta, sobre todo, a la </p><p>extraccin de los beneficios que la relacin educacin-conocimiento (entendida sta como </p><p>negocio-mercanca, respectivamente) genera. Un nuevo modelo, que desde la ESO va </p><p>orientando nuestro futuro, organizndolo con los famosos bachilleratos de modalidad y </p><p>definindolo a travs de la nueva PAU (Prueba de Acceso a la Universidad, antigua Selectividad, </p><p>clave fundamental, junto con las normas de permanencia y el modelo de tasas, del proceso de </p><p>elitizacin que sufre nuestra educacin superior universitaria), para finalmente dotarnos de un </p><p>papel en el sistema productivo, que en respuesta a esas ansias de beneficios a corto plazo, es </p><p>necesario insistir, no hace ms que deteriorar nuestros derechos como trabajadores y </p><p>trabajadoras. </p><p>Derechos fruto de una lucha de dcadas, que el sistema capitalista trata de erosionar, en su </p><p>batalla por destruir la historia pasada y futura bajo el ideal de progreso, (desde un Henry Ford </p><p>con aquello de La historia es una patraa -Lase Puerca Tierra de J. Berger, reflexin final </p><p>acerca del papel del campesinado contra el capitalismo-, hasta el fin de la historia de </p><p>Fukuyama). Aqu el papel jugado por las direcciones de las grandes centrales sindicales y los </p><p>partidos polticos originalmente de izquierdas, social-liberales despus (entendiendo tanto su </p><p>escaso carcter combativo de clase, como su inadaptacin terica y prctica acerca de las </p><p>nuevas contradicciones producto del desarrollo de las fuerzas productivas), han conseguido </p><p>forjar un desconocimiento y un descrdito terrible acerca de lo poltico y lo sindical a ms de </p><p>una generacin, entre la que nos incluimos. Escenario que ha favorecido un avance neoliberal </p><p>sin precedentes en el contexto europeo y mundial. </p><p>Identidad precaria. </p><p>No es nuevo comprender como el capital, guiado por sus tasas de ganancia, requiere nuevos </p><p>nichos de mercado, y como en ese proceso, la privatizacin de los servicios pblicos supone </p><p>una prctica consolidada. De hecho, las polticas neoliberales de las que estamos hablando, en </p><p>sentido amplio, atacan aquellos escasos reductos del debilitado Estado del Bienestar, entre los </p><p>que se encuentra, como venimos diciendo, la educacin. En este sentido, lo que queremos </p><p>denunciar es que mientras con las polticas educativas se disea un tipo de estudiante-cliente </p><p>hiperespecializado y sobrecualificado para desempear los trabajos del mercado laboral </p><p>basura, las polticas econmicas de fondo estn mercantilizando, coherentemente con la lgica </p><p>del capital, el espacio pblico de produccin del conocimiento y reproduccin del capital </p><p>cultural, as como aquellos espacios pblicos de proyeccin del mismo capital cultural, es decir, </p><p>se est haciendo negocio tanto con los espacios de estudio, como con los espacios de ocio, lo </p><p>cual en consecuencia, y aqu es a donde queremos llegar, se est avanzando en la construccin </p><p>de una nueva identidad del joven. </p></li><li><p>As, por un lado, nos parece oportuno hacer referencia a cmo en economas como la </p><p>espaola, volcada al sector servicios, si se ha alargado la vida estudiantil como mecanismo de </p><p>absorcin del desempleo, no es precisamente por necesidades singulares del mercado laboral, </p><p>el cual no necesita una licenciada en historia para servir platos, sino ms bien, a una titulitis </p><p>funcional a la que el capitalismo saca sus rendimientos. Esto incluso se hace ms evidente en la </p><p>actualidad tanto para el contexto Estado espaol, como en la escala Unin Europea, gracias a </p><p>concadenacin de contratos temporales en funcin de cada uno de los ttulos que poseemos. </p><p>Pero en este sentido, adems, pensamos que el modelo econmico, a travs de un sistema </p><p>educativo de baja inversin pblica, el cual consigue absorber a coste cero parte de aquella </p><p>mano de obra excedentaria, procura un impulso identitario constante hacia una distincin </p><p>individual competitiva, que poco a poco tiene mayor calado en la juventud, de desastrosas </p><p>consecuencias a la hora de tejer redes de solidaridad generacional e intergeneracional. </p><p>Por otro lado, pensamos que esa nueva identidad, limitada por otra parte a golpe de </p><p>ordenanzas cvicas, est conformando, progresivamente, un cdigo tico de obediencia ms </p><p>restrictivo, el cual pensamos que tambin debemos tener en cuenta a la hora de comprender </p><p>la escasa reaccin y participacin poltica de una juventud (condiciones subjetivas), como parte </p><p>y producto de una sociedad con escasos referentes organizativos que puedan servir para hacer </p><p>frente a la atomizacin caracterstica de nuestro momento histrico. En este sentido, sumando </p><p>a lo mencionado unas lneas ms arriba, observamos como a travs del castigo, la penalizacin </p><p>y la prohibicin que suscriben esta serie de normas, se est favoreciendo una imagen del joven </p><p>con un retraso en su transicin a la etapa adulta. </p><p>Adems, para cerrar el crculo, acorde con una imagen ms real de la juventud, de la cual </p><p>nosotras y nosotros nos sentimos parte, debemos hablar seriamente, como caracterstica </p><p>quizs ms especfica del Estado espaol y su modelo en propiedad sociolgicamente </p><p>legitimado, sobre el problema de la vivienda en esa transicin a la etapa adulta e </p><p>independiente de la presente generacin. </p><p>Dicho esto, coincidimos en denunciar que, mientras los antiguos patios de recreo de ayer se </p><p>han convertido en botelldromos hoy, pasando la autoridad del maestro al polica, no ha </p><p>existido una respuesta coherente y contundente desde la izquierda, al no considerarse quizs </p><p>stas cuestiones como una verdadera preocupacin. Una preocupacin acerca de la </p><p>caracterizacin actual de la juventud que, sin embargo, dentro del Movimiento 15-M, a travs </p><p>de consignas como No es un botelln es la revolucin, si se ha puesto de manifiesto, para </p><p>desprenderse precisamente de esa misma meditica imagen a voces, insistimos, escasamente </p><p>escuchadas desde una visin marxista y anticapitalista. As, en definitiva, pensamos que </p><p>afrontar el debate acerca de las condiciones de un sujeto u otro en la transformacin social, </p><p>partiendo de un anlisis como el que nos ocupa acerca de la realidad de un movimiento social </p><p>amplio (como el que estamos viviendo) desde la perspectiva de la juventud, necesita tanto de </p><p>las clsicas, como de nuevas cuestiones o factores explicativos (ocio), pues hasta cierto punto </p><p>pueden hablarnos del recorrido del propio movimiento, as como de las potencialidades del </p><p>sujeto estudiantil-juvenil. </p></li><li><p>Hasta aqu, hemos abordado aquellas condiciones objetivas, las cuales consideramos </p><p>fundamentales, sobre la potencial respuesta anticapitalista de una juventud, que ha tomado </p><p>relativa conciencia acerca de la existencia de ciertas contradicciones internas al propio sistema </p><p>socioeconmico dominante, y concretamente desde, como ya se ha dicho, sus condiciones </p><p>laborales, hasta sus relaciones sociales, pasando de manera vertebral por su educacin. </p><p>Subjetividades del Movimiento 15-M </p><p>No siendo exclusivamente un movimiento juvenil, ni mucho menos, si tenemos que valorar la </p><p>importancia del sujeto juvenil-estudiantil en esta movilizacin, tanto en su aporte dinmico </p><p>cuantitativo al futuro de la movilizacin, como por las propias demandas y sentimientos que a </p><p>travs de este se estn poniendo de manifiesto en las calles de nuestros pueblos y ciudades. </p><p>De manera fundamental, abordaremos el fuerte espritu apartidista y asindicalista del </p><p>movimiento. Efectivamente se recurre a la consigna slida y de consenso del No nos </p><p>representan. De ella extraemos algunas cuestiones fundamentales. Por un lado, que a la crisis </p><p>econmica y ecolgica, se suma una crisis de representatividad importante cara a la </p><p>movilizacin social. Una crisis de representatividad, que entre sus factores ms relevantes </p><p>encuentra unas polticas de fe en el crecimiento econmico incapaces de hacer frente a los </p><p>problemas estructurales del sistema (desempleo, vivienda, deterioro medioambiental) y que </p><p>nos llevan a un futuro cada vez ms dependiente del mundo financiero, y en definitiva, </p><p>polticas que generan expectativas para sistemticamente defraudarlas. Una crisis de </p><p>representatividad, que adems se refuerza en una generacin con escaso sentimiento de </p><p>pertenencia a unos partidos polticos y sindicatos que no han construido, sino que han tenido </p><p>que asumir, as como la propia constitucin de 1978, que ahora los mercados tienen opcin </p><p>incluso de modificar a su conveniencia, a travs de sus gobiernos tteres, cuando era consigna </p><p>bien sabida por todas y todos lo intocable de la misma. </p><p>Pero adems, debemos plantearnos que ese No nos representan responde, en muchos casos, </p><p>a connotaciones ms profundas en la lnea de alcanzar un sistema realmente participativo, un </p><p>modelo de soberana ms directo que el actualmente vigente, donde los gobernados tienen </p><p>escaso control sobre sus gobernantes. En otras palabras, afronta la cuestin de la dominacin </p><p>de unos sobre otros. He aqu quizs, donde verdaderamente podemos encontrar el ms puro </p><p>sentimiento de clase que hasta ahora el sujeto 15M carga a sus espaldas. </p><p>En segundo lugar, queremos expresar algunas otras ideas acerca de otra de las consignas ms </p><p>controvertidas, aunque no de consenso: No hay banderas. Nosotros, pensamos que esta </p><p>reivindicacin, se debe a la propia cultura de fragmentacin poltica en la que esta generacin </p><p>ha crecido. As, cuando el movimiento defiende el No hay banderas como frmula necesaria </p><p>para la unidad, no hace ms que responder a una experiencia vital indeseable por parte de las </p><p>organizaciones de la izquierda, que son realmente las que sufren histricamente un proceso de </p><p>desfragmentacin. As, desde el consciente peligro que supone una visin interclasista </p><p>dominante en un movimiento potencialmente de masas, ms an con postulados explcitos a </p><p>negar tu diversidad, nosotros pensamos que nuestra tarea radica en fomentar sin miedo una </p><p>reflexin acerca de que desde la pluralidad tambin se construye la unidad, tanto porque no </p><p>todas las organizaciones son iguales, como porque en el debate poltico nuestros argumentos </p></li><li><p>son slidos y justos. Para ello, un buen comienzo puede ser avanzar de ese No hay banderas </p><p>a un No hay fronteras, que marque las lneas rojas de un discurso en el que queden </p><p>explcitamente excluidos xenfobos, en primer lugar, pero tambin machistas, homfobos, etc. </p><p>Jvenes precarios </p><p>Este es un simple esbozo del panorama actual, especialmente desde la perspectiva de los </p><p>jvenes, en el Estado espaol, aunque bastantes de las cuestiones que hemos comentado se </p><p>pueden generalizar a otros muchos pases de la Unin Europea. Oponerse a los ataques </p><p>actuales y organizarse para luchar con estos de manera radical no es fruto del capricho de un </p><p>da, si no la toma de conciencia producto de la experiencia acumulada por muchas y muchos </p><p>de nosotros en las ltimas dcadas, donde hemos visto deteriorarse nuestras condiciones de </p><p>trabajo y de vida de una manera desgarradora. </p><p>Hay quin ha hablado de una generacin perdida, pero nosotros y nosotras debemos decir NO </p><p>a esa concepcin de la juventud como un agente pasivo de la sociedad, y en su lugar, hablar de </p><p>una generacin encontrada para luchar, como ayer lo hicieron nuestros abuelos y abuelas, </p><p>nuestras madres y padres, contra las injusticias y desigualdades de este sistema poltico y </p><p>econmico. </p><p>Como jvenes y estudiantes, aceptamos aquella opcin B del mercado laboral, que dispona </p><p>peores condiciones...</p></li></ul>