Koontz, Dean - Visiones

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    09-Apr-2018

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<ul><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 1/291</p><p>Dean KoontzDean Koontz</p><p>VisionesVisiones</p><p>Dylan O'Connor, joven artista, se dirige a un festival en compaa de su hermanomenor autista. Deciden hacer un alto en un motel, y entonces es cuando empieza supesadilla. Los jvenes son atacados y reducidos por un misterioso doctor que lesinyecta una extraa sustancia y que les previene de que a partir de ese momento sonportadores de algo que puede matarlos o transformar su vida de una forma que no</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 2/291</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 3/291</p><p>Dean Koontz Visiones</p><p>Ttulo original: By the Light of the MoonPrimera edicin: mayo, 2005 2002, Dean Koontz 2005, Grupo Editorial Random House Mondadori, S.L.Travessera de Gracia, 47-49. 08021 Barcelona</p><p> 2005, Isabel Merino Snchez, por la traduccin</p><p>ISBN: 84-253-3939-1Depsito legal: B. 16.103-2005</p><p>-3-</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 4/291</p><p>Dean Koontz Visiones</p><p>Dedico este libro a Linda Morris y Elaine Peterson, por su intenso trabajo, su</p><p>amabilidad y su fiabilidad.</p><p>Y, por supuesto, tambin por pillarme en ese raro error, que solo cometo una vez al</p><p>ao y que, de no sealrmelo, empaara mi historial de perfeccin. Asimismo, por</p><p>ocultarme discretamente que la verdadera razn de que sigan conmigo es asegurarse</p><p>de que a Ms. Trixie le rasquen la barriga todo lo que se merece.</p><p>-4-</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 5/291</p><p>Dean Koontz Visiones</p><p>Y all delante, el piloto sostena entre las manos su preciosa carga de vidas humanas,</p><p>con los ojos muy abiertos, llenos de luz de luna.</p><p>Antoine de Saint-Exupry, Vuelo nocturno</p><p>La vida no tiene ningn sentido salvo en trminos de responsabilidad.</p><p>Reinhold Niebuhr, Faith and History</p><p>Cgeme de la mano y apritala fuerte. No te fallar aqu, esta noche, porque</p><p>fallndote, me fallo y dejo mi alma en un estante de la biblioteca sin luz del infierno.No te fallar aqu, esta noche.</p><p>The Book of Counted Sorrows</p><p>-5-</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 6/291</p><p>Dean Koontz Visiones</p><p>1</p><p>Un momento antes de que lo dejaran inconsciente y lo ataran a una silla, antes deque le inyectaran una sustancia desconocida contra su voluntad y antes de descubrirque el mundo era profundamente misterioso de maneras que nunca antes habaimaginado, Dylan OConner haba dejado la habitacin del motel y cruzado la autovahasta una tienda de comida rpida, alegremente iluminada, para comprarhamburguesas con queso, patatas fritas, minipasteles rellenos de manzana y un batidode vainilla.</p><p>El fenecido da yaca enterrado en el asfalto. Invisible, pero percibido, su fantasmarondaba por la noche de Arizona: un espritu ardiente que emerga perezosamente decada pulgada de terreno que cruzaba Dylan.</p><p>All, en un extremo de la ciudad que abasteca a los que viajaban por la cercanainterestatal, bateras formidables de letreros elctricos rebosantes de colorescompetan en busca de clientes. No obstante, pese a esa luminosa batalla, unimpresionante mar de estrellas brillaba de horizonte a horizonte, porque el aire eralimpio y seco. Una luna que se diriga hacia el oeste, redonda como el timn de unbarco, surcaba el ocano estrellado.</p><p>All arriba, la inmensidad se mostraba limpia y llena de promesas, pero el mundo aras del suelo tena un aspecto polvoriento y cansado. En lugar de que la peinara unnico viento, eran muchas las brisas que trenzaban la noche, cada una con un carcterpropio de lenguaje susurrado, y un perfume exclusivo. Impregnado de arenilla deldesierto, de polen de cactus, de humos de disel y de asfalto caliente, el aire seagriaba conforme Dylan se acercaba al restaurante, espesndose con el olor a aceitede freidora muy usado, la grasa de las hamburguesas humeando en la parrilla y los</p><p>vapores de las cebollas fritas densos como el aire de una mina despus de unaexplosin.</p><p>Si no hubiera estado en una ciudad desconocida para l, si no hubiera estadocansado despus de todo un da en la carretera y si Shepherd, su hermano pequeo,no hubiera estado del humor resuelve puzzles, Dylan habra buscado un restaurantecon una oferta ms sana. Sin embargo, Shep no era capaz, en aquellos momentos, deenfrentarse a un lugar pblico y, cuando estaba en ese estado, se negaba a ingerirnada que no fuera comida confortadora, con un alto contenido en grasa.</p><p>El restaurante era ms alegre por dentro que por fuera. La mayora de las superficieseran blancas y, pese al aire bien engrasado, el establecimiento tena un aspecto</p><p>asptico.La cultura contempornea le iba a Dylan OConner casi igual que un guante con tres</p><p>dedos y aquel era otro sitio donde no se senta cmodo. Dylan crea que unahamburguesera tena que parecer una hamburguesera, no la consulta de un mdico,ni una guardera con imgenes de payasos y animales divertidos en las paredes, ni unpabelln de bamb en una isla desierta, ni una rutilante rplica en plstico de unacafetera de los cincuenta que, en realidad, nunca existi. Si vas a comer vacacarbonizada baada en queso, con guarnicin de unas tiras de patata a las que lainmersin en aceite hirviente ha dejado tan crujientes como un papiro antiguo, y sipara ayudarte a tragar todo eso vas a consumir cantidades satisfactorias de cerveza</p><p>muy fra o un batido que contiene el equivalente calrico de todo un cerdo asado,entonces esa fabulosa consumicin debe tener lugar en un ambiente que declare</p><p>-6-</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 7/291</p><p>Dean Koontz Visiones</p><p>prcticamente a voz en grito placer culpable, o incluso pecado. La iluminacindebe ser baja y clida. Las superficies, oscuras, preferentemente de caoba vieja, latndeslustrado y tapicera de color vinoso. Debe haber msica para sosegar a loscarnvoros; no esa clase de msica que hace que te entren nuseas porque la tocanunos msicos macerados en Prozac, sino melodas igual de sensuales que la comida;</p><p>quiz rock and rollde los primeros tiempos o swing de las big bands o buena msicacountry que hable de tentacin y remordimiento y perros muy queridos.</p><p>De todos modos, cruz el suelo de baldosas de cermica hasta un mostrador deacero inoxidable, donde hizo su pedido para llevar a una mujer regordeta cuyo cabelloblanco, aspecto pulcro y uniforme de color caramelo la convertan en la doble exactade la seora Santa Claus. Casi esperaba ver asomar un elfo por el bolsillo de su blusa.</p><p>En tiempos lejanos, los mostradores de los sitios de comida rpida eran atendidos,en su mayor parte, por adolescentes. No obstante, en los tiempos actuales, un nmeroimportante de esos adolescentes pensaba que ese trabajo era indigno de ellos, lo cualabra la puerta a los jubilados que queran complementar sus cheques de la seguridad</p><p>social.La seora Santa Claus llam cario a Dylan, le entreg su pedido dentro de dos</p><p>bolsas de papel blanco y se inclin por encima del mostrador para prenderle unainsignia promocional en la camisa. La insignia exhiba el eslogan FRIES NOT FLIES 1y lacara sonriente de un sapo de dibujos animados cuya conversin, que le haba hechoabandonar la dieta tradicional de su verrugosa especie para pasarse a gustazos desabor tales como las hamburguesas de queso de media libra, se describa en la actualcampaa de publicidad de la empresa.</p><p>Y ah estaba de nuevo el guante de tres dedos; Dylan no comprenda por qu sedaba por sentado que el aval de un sapo de dibujos animados o de una estrella del</p><p>deporte o de un premio Nobel, si a eso vamos iba a pesar en su nimo al decidirqu quera comer. Por aadidura, no comprenda por qu tena que seducirlo unanuncio que le aseguraba que las patatas fritas del restaurante eran ms sabrosas quelas moscas de la casa. Ms vala que las patatas tuvieran un sabor superior a unpuado de insectos.</p><p>Se guard su opinin antisapos porque ltimamente haba empezado a notar quepermita que le irritaran demasiadas cosas intrascendentes. Si no se moderaba,acabara agrindose hasta convertirse en un cascarrabias de mbito mundial antes decumplir los treinta y cinco. Sonri a la seora Santa Claus y le dio las gracias, no fueraque le cayera encima una Navidad de carbn.</p><p>Afuera, bajo la oronda luna, mientras cruzaba los tres carriles de la autova hasta elmotel, cargado de bolsas de papel llenas de fragante colesterol en diversos formatos,Dylan se record algunas de las muchas cosas por las que deba estar agradecido.Buena salud. Bonitos dientes. Un pelo magnfico. Juventud. Tena veintinueve aos.Gozaba de cierto talento artstico y tena un trabajo que encontraba a la vez agradabley con sentido. Aunque no corra el peligro de hacerse rico, venda sus cuadros con lasuficiente frecuencia como para cubrir gastos y meter un poco de dinero en el bancocada mes. No tena ninguna cicatriz que le desfigurara el rostro, ningn problemapersistente de hongos, ningn gemelo malvado y enredador, ningn perodo deamnesia del que se despertara con sangre en las manos ni tampoco ningn uero.</p><p>1 Patatas fritas, no moscas. (N. de la T.)</p><p>-7-</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 8/291</p><p>Dean Koontz Visiones</p><p>Y tena a Shepherd. A la vez una bendicin y una maldicin; en sus mejoresmomentos, Shep haca que Dylan se alegrara de estar vivo y se sintiera feliz de ser suhermano.</p><p>Bajo el letrero de nen de color rojo con la palabra MOTEL, donde la sombraandante de Dylan pint un negro ms puro sobre el asfalto enrojecido por el nen y,</p><p>luego, cuando pas junto a achaparrados sags, punzantes cactus y otros elementosresistentes del paisaje desrtico, o mientras segua los caminos de hormign querecorran el motel; incluso, sin duda, cuando pas junto a las mquinas expendedorasde refrescos, con su zumbido y su quedo tintineo, absorto en sus pensamientos,rumiando sobre las suaves cadenas de los compromisos familiares... alguien loacechaba. Tan sigiloso fue el ataque que el acechador debi de seguir su marcha pasoa paso, aliento a aliento. En la puerta de su habitacin, mientras sujetaba las bolsas decomida y tanteaba con la llave en la cerradura, oy, demasiado tarde, el roce delatorde la piel de un zapato. Dylan volvi la cabeza, puso los ojos en blanco, vislumbr unacara plida como la luna, surgida de la nada y sinti ms que vio el oscuro borrn de</p><p>algo que, dibujando un arco, bajaba hacia su crneo.Curiosamente, no sinti el golpe y no fue consciente de caer. Oy cmo crujan las</p><p>bolsas de papel, oli a cebollas, oli a queso caliente, oli a patatas fritas con sabor avinagre, comprendi que estaba boca abajo en el cemento y esper no haberderramado el batido de Shep. Luego so un corto sueo de patatas fritas quebailaban.</p><p>-8-</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 9/291</p><p>Dean Koontz Visiones</p><p>2</p><p>Jillian Jackson tena una planta favorita, de color jade, a la que siempre prodigabatiernos cuidados. La alimentaba con una mezcla cuidadosamente calculada y medidade nutrientes, la regaba con criterio y humedeca, regularmente, las carnosas hojas, deforma ovalada y del tamao de un pulgar, para eliminar el polvo y conservar su bellezaverde y lustrosa.</p><p>Aquel viernes por la noche, de camino desde Albuquerque, Nuevo Mxico, hastaPhoenix, Arizona, donde, la semana siguiente, tena un contrato por tres noches, eraJilly quien conduca todo el tiempo, porque Fred no tena ni permiso de conducir ni losapndices necesarios para manejar un vehculo a motor. Fred era una plantamasculina, de color jade.</p><p>El Cadillac de Jilly, modelo Coupe DeVille, de 1956 y color azul noche, era el amor desu vida, algo que Fred comprenda y aceptaba elegantemente, pero su pequeoCrassula argentea (nombre de pila de Fred) estaba muy cerca de ese primer lugar ensus afectos. Lo haba comprado cuando era solo un tallo con cuatro ramas, cortas ygruesas y diecisis hojas gruesas y carnosas. Aunque estaba alojado en una macetahortera de plstico negro de ocho centmetros de dimetro y tendra que haberparecido diminuto y melanclico, no era as; por el contrario, le haba parecido quetena un aspecto valeroso y decidido desde el mismo momento en que lo vio. Con susamorosos cuidados, haba crecido hasta convertirse en el hermoso ejemplar de treintacentmetros de alto y cuarenta y cinco de dimetro. Ahora prosperaba en una macetade terracota vidriada de treinta centmetros. Contando el recipiente y la tierra, pesabacinco kilos y medio.</p><p>Jilly haba fabricado una firme almohada de espuma, una versin elevada del asiento</p><p>en forma de rosquilla que proporcionan a los pacientes despus de una operacin dehemorroides, que impeda que la base de la maceta estropeara la tapicera del asientodel pasajero y proporcionaba a Fred un viaje estable. El Coupe DeVille no venaequipado con cinturones de seguridad en 1956 y Jilly tampoco, cuando naci en 1977,pero haba hecho aadir simples cinturones horizontales al coche para ella y para Fred.Bien acomodado en su almohadn a medida, con la maceta sujeta al asiento por elcinturn, Fred viajaba tan seguro como cualquier planta jade podra esperar mientrasavanzaban por las zonas desrticas de Nuevo Mxico a una velocidad que casi llegabaa los ciento treinta kilmetros por hora.</p><p>Situado por debajo de las ventanas, Fred no poda apreciar el paisaje del desierto,</p><p>pero Jilly dibujaba cuadros verbales para l, cuando, de tiempo en tiempo, setropezaban con un panorama sensacional.</p><p>Le gustaba ejercitar sus poderes descriptivos. Si no consegua capitalizar la actualserie de actuaciones que tena contratadas en cocteleras de mala muerte y clubes decomedia mediocres para llegar a hacer carrera como actriz de primera clase, su plan dereserva era convertirse en escritora de best sellers.</p><p>Incluso en tiempos difciles, la mayora se atreva a tener esperanza, pero JillianJackson insista en la esperanza, se sustentaba de ella tanto como de la comida. Tresaos atrs, cuando trabajaba de camarera, comparta un piso con otras tres chicaspara reducir gastos y tomaba solo las dos comidas al da que reciba gratis del</p><p>restaurante donde trabajaba, antes de conseguir su primer trabajo como artista, susangre era tan rica en esperanza como en glbulos rojos, glbulos blancos y plaquetas.</p><p>-9-</p></li><li><p>8/7/2019 Koontz, Dean - Visiones</p><p> 10/291</p><p>Dean Koontz Visiones</p><p>Puede que algunos se hubieran sentido abrumados por esos grandes sueos, pero Jillyestaba convencida de que con esperanza y trabajo duro poda conseguir todo lo quequera.</p><p>Todo excepto el hombre adecuado.Ahora, mientras la tarde iba muriendo, mientras viajaba desde Los Lunas a Socorro y</p><p>Las Cruces y durante la larga espera en la aduana de Estados Unidos, al este de Akela,donde, ltimamente, las inspecciones se llevaban a cabo con mayor seriedad que enotros tiempos ms inocentes, Jilly pensaba en los hombres de su vida. Solo habatenido relaciones romnticas con tres, pero eran tres de ms. Mientras segua haciaLordsburg, al norte de las montaas Pirmide, luego hasta la ciudad de Road Forks,Nuevo Mxico y, finalmente, cruzaba el lmite del estado, rumiaba sobre el pasado,tratando de comprender en qu se haba equivocado en cada relacin fracasada.</p><p>Aunque preparada para aceptar su culpa por la implosin de todos sus idilios,escudriando en su interior con el intenso y crtico anlisis de un artificiero que tieneque decidir cul de los diversos cables ha de cortar para evitar el desastre, lleg a la</p><p>conclusin, y no era la primera vez, de que la culpa resida menos en ella que enaquellos intiles en los que hab...</p></li></ul>