La Elite Del Poder-c Wright Mills

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SECCINDE OBRAS DE SOCIOLOGALAELITEDEL PODERTraduccin deFLORENTINO M. TORNERyERNESTINADECHAMPOURCINfC.(WRIGHT MILLS-,LALITEDELPODERFONDODECULTURAECONMICAMXICOPrimera edicin en ingls, 1956Primera edicin en espaol, 1957Primera reimpresin, 1960Segunda reimpresin, 1963Tercera reimpresin, 1963Cuarta reimpresin, 1969Quinta reimpresin, 1973Sexta reimpresin, 1975Sptima reimpresin, 1978Octavareimpresin, 1978Novena reimpresin, 1987tTtulo original:The Power Elite1956, Oxford University Press, Nueva York".,"D. R. 1957, FONDO DE CULTURA ECONOMICAD. R. 1987, FONDODE CULTURA ECONOMICA, S. A. de C. V.Av.de la Universidad 975; 03100 Mxico, D.F.ISBN 968-16-0213-7Impreso en MxicoRECONOCIMIENTOSNI las capas superiores ni las capas inferiores de la sociedad mo-derna pertenecen normalmente al mundo de los que leen y es-criben libros; estamos ms familiarizados con las filas interme-dias. Paraentender a la clase medianos bastaconver loque semueve en torno nuestro, mientras que para comprender la cimao el fondo, debemos primero intentar descubrir y describir. Yesto resulta muy difcil: la cima de la sociedad moderna es, amenudo, inaccesible;y el fondoestconfrecuenciaoculto.Las condiciones de las encuestas nacionales emprendidas im-piden en ocasiones captar los grupos numricamente pequeosque constituyen la lite norteamericana; mucha de la informa-cin pblica acerca de su carcter y de sus actividades inducecon frecuencia a error; yellos mismos son activos, distantes ein-cluso misteriosos. Si eligiramos nuestro campo de estudio deacuerdo con la accesibilidad del material no estudiado, no debe-ramos nunca decidirnos por la lite. Sin embargo, si tratamosde entender algo de la verdadera ndole de la sociedad en quevivimos, no podemospermitir quela imposibilidadde unapruebarigurosa nos aleje de un estudio que consideramos importante.Hay que esperar vacilaciones cuandosin autoridadoayuda ofi-cial, nos lanzarnosa investigar algoorganizadoen parteparapro-vocar dudas entre los que querran entenderlo sencillamente. Detodas maneras, afirmando lo que podamos afirmar en estas con-diciones, es posible que suscitemos una controversia entre ellos ysus agentes y as, aprendamos algo ms.Nuestro deseo de pruebas incontrovertibles y nuestra verda-dera necesidad de datos, no significan que el razonar juntos nosea tambin parte muy eficaz del buen camino para llegar a laverdad. Unlibrode estandole constade tres clases de conversa-ciones: la del escritor consigomismoycon personas imaginarias,que transcribimos aqu. Por debajo de todo esto, hay, spalo ono el escritor, una conversacin entre ciertos pensadores y ob-servadores influyentes cuyos puntos de vista se han filtrado ensuentendimientoyenel de sus lectores. Ytambin, en la mente7r8 RECONOCIMIENTOSdestos hayunaconversacinmudaentreellosmismos y l -unaconversacin en la que cada uno compara lo que aqu se haescritoconloque ha descubiertooexperimentado. En consecuen-cia, unade las tareas del escritor esincluir en suobralamayorparte posible de estas dos conversaciones mudas. Al razonar consuslectoreshace algoms que exponersuspuntosdevista. Tam-binlosaclara, yal hacerlo, se da cuentadeideas queni siquierasaba que tena.No queremos ocuparnos de los detalles hasta tal punto quedemos por conocidoel mundo en que existen. Ni lodamos porexistente ni creemos que sea un simple hecho. Los hechos nospreocupan sloen el grado en que los necesitamos para disiparo consolidar nuestras ideas. Hechos y cifras son nicamente elcomienzo del autnticoestudio. Lo que ms nos interesa, esdarsentido a los hechos que conocemos o que podemos fcilmenteencontrar. No deseamos solamente hacer un inventario, quere-mos hallar significados, pues la mayorade las preguntasimpor-tantes que formulamos sonpreguntas referentes a lossignificados.Claroquenoshemos salidofueradel dilogomedianteel cualhemos razonado juntos y encontrado lo que podran ser variasclases de estudios especiales, cuyo resultado hemos introducidoenlaconversacinque serealizabadentrode nuestra"ciudadin-terior". Tenemos buenos motivos para adoptar estemodode ra-zonar juntos --especialmente al tratarse de un tema tanvasto ypolmico. Nos permite reunir de una manera cmoda y esperoque fecunda, una diversidad efectiva de puntos de vista ycapa-cidades oinvitar al lectoraser unodelosparticipantesennues-tro dilogo sobre losaltos crculos de losEstados Unidos.Los fondos para la investigacin aplicada a este libro hansidoproporcionados por el Consejode InvestigacinSocial de laUniversidad de Columbia, y me satisface agradecer esta ayudaa mis colegas. Tambin me ayud econmicamente la OxfordUniversity Press de Nueva York, que en realidad ha rebasadolas funciones editoriales ordinarias al ayudarme con ste yotroslibros. Un primer proyecto de materiales se complet mientrasvisitaba la Universidad de Brandeis en la primavera de 1953yquiero dar las gracias a mis amigos de dicha institucin por susmuchas atenciones. En el veranode 1954, mi mujer yyofuimosmiembros residentes de la Huntington Hartford Foundation dePacific Palisades, California; y estoyen deuda con los sociosdeesa fundacin por haberme hecho el trabajo de esa temporadagrato y provechoso.Mi esposa, Ruth Harper Milis, como principal investigadoray consejera editorial, ha elaborado gran parte del libro. WalterKlink, Paul Lucas y WilliamTaber contribuyeron con memo-rndums de investigacin. Agradezco tambin a Mrs, KatherineStantonsusservicioscomo secretaria; sinella estelibro sloseraun caticomanuscrito.RECONOCIMIENTOS 9Varias personas que conocen de cerca el Gobierno federal, losmilitares o las grandes corporaciones me han ayudado enorme-mente. Sinellosestelibro tendramuchasdeficiencias, y quedodo-blementeobligadoporqueme hanpedidoquenod susnombres.Otros amigos que me han ayudado generosamente con susconsejos son: Lewis Coser, Louis Friedland, Herbert Gold, Ri-chard Hofstadter, Irving Howe, Floyd Hunter, Paolo Milano,Harry L. Miller, William Miller, Irving Sanes, Ben Se1igman,Kenneth M. Stampp yHarveySwados.1LOS ALTOS CIRCULOSLos PODERES de los hombres corrientes estn circunscritos porlosmundos cotidianos en que viven, peroanenesoscrculosdeltrabajo, de la familia y de la vecindad muchas veces parecenarrastrados por fuerzas que no pueden ni comprender ni gober-nar. Los "grandes cambios" caen fuera de su control, pero noporesodejan de influir en suconductayen sus puntos de vista.La estructura misma de la sociedad moderna los limita a pro-yectos que no son suyos, sino que les son impuestos por todoslados, y dichos cambios presionan a los hombres y las mujeresde la sociedad de masas, quienes, en consecuencia, creen queno tienen objeto alguno en una poca en que carecen de poder.Pero no todos los hombres son corrientes u ordinarios en estesentido. Como losmedios de informacin y poder estn centrali-zados, algunos individuos llegan a ocupar posiciones en la so-ciedad norteamericana desde las cuales pueden mirar por encimadel hombro, digmosloas, a losdems, ycon sus decisiones pue-den afectar poderosamente los mundos cotidianos de loshombresylas mujeres corrientes. No son productode sutrabajo; creanosuprimen trabajo para miles de individuos, no estn limitadospor simples responsabilidades familiares, pues pueden eludirlas.Quizs vivenen muchos hoteles ymuchas casas, perono sesien-ten obligados hacia ninguna comunidad; no necesitanmeramente"satisfacer las exigencias del da yde la hora", sino que creanen alguna parte esas exigencias y hacen que los otros las satis-fagan. Ejerzan o no su poder, su experiencia tcnica y polticade l trasciende con mucho a la de la poblacin que est bajoellos. Lo que dijo Jacobo Burckhardt de los "grandes hombres"muy bien podran decirlola mayor parte de los norteamericanosde su lite: "Son todo lo que nosotros no somos"."La minora poderosa est compuesta de hombres cuyas posi-ciones les permiten trascender los ambientes habituales de los1112 LOS ALTOS cRCULOShombres ylas mujeres corrientes; ocupanposiciones desde las cua-les sus decisiones tienenconsecuencias importantes. El que tomeno no esas decisiones importa menos que el hechode que ocupenesas posiciones centrales: el que se abstengan de actuar y detomar decisiones es en s mismo un acto que muchas veces tieneconsecuencias ms importantes que las decisiones que adoptan,porque tienen el mando de las jerarquas y organizaciones msimportantes de la sociedad moderna: gobiernan las grandes em-presas, gobiernan lamaquinaria del Estado y exigen sus prerro-gativas, dirigen la organizacin militar, ocupan los puestos demandode la estructurasocial en los cuales estn centrados ahoralos medios efectivos del poder yla riquezayla celebridadde quegozan.Los individuos de la minora poderosa no son gobernantes so-litarios. Consejeros y consultores, portavoces y creadores de opi-nin pblica son con frecuencia quienes capitanean sus altasideas y decisiones. Inmediatamente por debajo de la minoraestn los polticos profesionales de los niveles medios de poder,enel Congresoyenlos grupos depresin, as comoentrelas nue-vas y viejas clases superiores de la villa, la ciudad y la regin.Mezcladas con ellos de modos muy curiosos, que exploraremos,estn esas celebridades profesionales que vivende exhibirse cons-tantemente, pero que nunca se exhiben bastante mientras soncelebridades. Si esas celebridadesnoestna la cabezade ningunajerarqua predominante, muchas veces tienen poder para llamarla atencin del pblico, o para brindar a las masas cosas sensa-cionales, o, ms directamente, para hacerse or de quienes ocu-pan posiciones de poder directo. Ms o menos libres de compro-misos comocrticos de la moral ytcnicosdel poder, comoporta-voces de Dios y creadores de la sensibilidad de las masas, esascelebridades y consultores forman parte del escenario inmediatoenqueserepresentael dramade la minora. Peroesemismodra-ma est centradoen los puestos de mandode las grandes jerar-quas institucionales.*1 La verdad acerca de la naturaleza y el poder de la minorano es ningn secretoque los hombres de negocios saben pero nodicen. Esos hombres sustentan