Nofue Posible

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    31-Dec-2014

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<p>JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?</p> <p>1</p> <p>JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?</p> <p>JOS MARA MARTNEZ VAL POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE? DOPESA Cubierta: Ferm Carr Jos Martnez Val DOPESA Barcelona-14 Primera edicin, mayo de 1975 Segunda edicin, octubre de 1976 Digitalizado por Tripelcruz Printed in Spain Grficas Manuel Pareja Montaa, 16 / Barcelona</p> <p>Con mi homenaje a cuantos, con generosidad y entusiasmo, han servido a Espaa desde las filas de la Falange. Con mi reproche a cuantos de tantas maneras! han hecho imposible el desarrollo poltico de un difcil y noble ideal. Sobre JOS ANTONIO: Yo lo he seguido con atencin y puedo asegurar que se trata de un cerebro privilegiado, quiz el ms prometedor de la Espaa contempornea. (Unamuno, en carta a Lisardo de la Torre, cit. por Heleno Saa, en La Falange (II), en ndice, Dic. 1969.)</p> <p>Un diagnstico -interrogativo- de la trayectoria poltica de la Falange. Desde el difcil e intrnsecamente dialctico planteamiento de las horas fundacionales hasta su eliminacin de los textos jurdicos fundamentales, pasando por los mimetismos y las dificultades internacionales, el Profesor Martnez Val hace en esta obra un examen completo de todos los factores, as ideolgicos como personalistas, con arreglo a un riguroso mtodo y el empleo de fuentes muy diversas, desde el propio testimonio de su experiencia poltica personal (antiguo jonsista, colaborador de La Patria Libre de Ramiro Ledesma Ramos, y ex-Gobernador y Jefe Provincial) hasta documentos oficiales o privados, poco o nada conocidos. Muchas oscuras interferencias del proceso poltico espaol desde 1931, quedan aclaradas. Otras reciben sugestivas iluminaciones; Este libro, Por qu no fil posible la Falange? es historia, pero es tambin vida, cuyos protagonistas son bien conocidos y, en su mayora, viven entre nosotros. De ah su inters. DOPESA</p> <p>2</p> <p>JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?</p> <p>NDICE</p> <p>PROPSITO ................................................................................................ 4 I. LOS ANTECEDENTES.............................................................................. 6 1. La conquista del Estado y la JONS ................................................... 6 2. Falange Espaola y su fusin con las JONS....................................... 14 3. La Falange dividida y oficializada ........................................................ 20 II. LOS MOTIVOS INTERNACIONALES .................................................... 25 III. FALANGISTAS Y TRADICIONALISTAS ............................................... 32 IV. FALANGE. MONARQUA. RGIMEN ................................................... 37 V. ACCIN Y FRUSTRACIN DE LA OPOSICIN ................................... 52 1. Lucha armada y guerrillera .................................................................. 53 2. El pacto de unin de fuerzas democrticas ......................................... 54 3. El Congreso de Munich (junio, 1962)................................................... 57 4. Ampliacin de la Unin de Fuerzas Democrticas .............................. 61 VI. DE LA CONFUSIN A LA DESINTEGRACIN .................................... 64 VII. LA TRAYECTORIA DEL SINDICALISMO ............................................ 88 VIII. EVOLUCIN Y CRISIS DE UNA IDEOLOGA POLTICA ................... 94 IX. MEDITACIN FINAL: ANTE EL FUTURO .......................................... 105</p> <p>3</p> <p>JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?</p> <p>PROPSITOEn 1965, Fernndez Cuesta declar que la Falange estaba en estado gaseoso. Tal manifestacin impresion mucho, sobre todo en las filas del Movimiento, porque Fernndez Cuesta haba sido el primer Secretario General de la Falange y varias veces Ministro de Franco, en diferentes carteras. Las interpretaciones que se dieron a tal declaracin fueron varias, pero en el fondo aluda, sin duda alguna, al hecho de que aparte de las formalidades externas y del nombre y la organizacin burocrtica, que permanecan bajo tal denominacin, la realidad poltica en otro tiempo subyacente a las mismas se haba evaporado. Sin embargo, en el mismo ao 1965, Antonio Garrigues Daz-Caabate, Embajador de Espaa en las difciles misiones de Estados Unidos y el Vaticano, escriba que el problema poltico espaol est centrado alrededor del Movimiento. Ambas posiciones pueden considerarse contradictorias, porque el Movimiento se identificaba con la Falange, si bien con el apellido de tradicionalista, que llevaba desde el Decreto de Unificacin (1937). La contradiccin resultaba de que en tal caso la poltica espaola pudiera tener un eje evaporado, en vez de consistente. Sin duda, una situacin bien sorprendente. Pero hubo ms. Poco tiempo despus (1967) con la promulgacin de la Ley Orgnica del Estado, hasta el nombre y el apellido que haba llevado el Movimiento desaparecieron de las expresiones legales, aunque subsistieron algunos aos ms, como en una operacin de adaptacin social previamente calculada, hasta que en 1970, siendo Ministro Secretario General el Sr. Fernndez Miranda, desapareci totalmente, incluso de los membretes oficiales y de las matrculas de su parque automvil. La liquidacin d la Falange estaba terminada. Al margen quedan algunas, muy pocas, instituciones: Vieja Guardia, Crculos Doctrinales Jos Antonio, Agrupacin de Antiguos Miembros del Frente de Juventudes..., que no siempre bien avenidos con la poltica oficial de la Secretara General han seguido conservando, no obstante, las vinculaciones propias de su origen y denominacin. No hacemos referencia a otras organizaciones carlistas o tradicionalistas. Algunas se incorporaron a las instituciones oficiales unificadas desde 1937 y han sido, a travs de sus hombres representativos, permanentes colaboradores con el Rgimen de Franco (desde el Conde de Rodezno o don Esteban Bilbao, hasta Iturmen-di y Zamanillo). Otros muchos, probablemente muchos ms que los anteriores, acamparon en varias posiciones: Desde la esperanza durante algn tiempo (los partidarios de don Javier y don CarlosHugo de Borbn, hasta su expulsin oficial y definitiva del territorio espaol) o la tenaz oposicin mantenida a partir del momento mismo de la Unificacin (como fue el caso de don Manuel Fal Conde). Y algo parecido ocurri desde las filas propiamente nacionalsindicalistas, con el extrao fin de Ni-casio lvarez de Sotomayor, al parecer en una guerrilla libre cacerea, en los primeros das del Alzamiento, o propiamente falangista, con la actitud, sensiblemente paralela a la de Fal Conde, que mantuvo Manuel Hedilla Larrey, y que desde otros puntos de vista protagoniz tambin el inquebrantable lder extremeo Eduardo Ezquer. Pero, con estas excepciones, en lo que se llam desde 1937 Falange Espaola Tradicionalista y de las JONS, vinieron a recalar gentes de las ms variadas procedencias polticas, porque el talante, las consignas y hasta las manifestaciones exteriores de la primitiva Falange Espaola se mostraron, en aquellos tiempos de la anteguerra y de la guerra, ms generalmente atractivas que cualesquiera otras fuerzas polticas en presencia. Fue cuando se vio con camisa azul y entero uniforme a prominentes monrquicos, como Jos Mara Pemn y a intelectuales de seleccin, como Eugenio d'Ors u otros ms jvenes, pero que ya apuntaban a las altas cotas que luego consiguieron, como Pedro Lan Entralgo, a la vez que gentes muy modestas, provenientes incluso de zonas avanzadas del republicanismo y del sindicalismo. Fue el gran momento en que pareca poder convertirse en realidad la idea de unidad de todos los hombres y las tierras de Espaa. Pero ese cnit iba a durar poco. El proceso de su disolucin es lo que intentamos aclarar aqu. Creo que importa mucho.</p> <p>4</p> <p>JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?</p> <p>El autor fue, ya en 1933, un joven jonsista, del grupo Revolucin, de Zaragoza, que comandaban un obrero guarnicionero (Andrs Candial) y un estudiante (Jaime Casafranea). Sigui luego al que siempre consider su jefe, Ramiro Ledesma Ramos, y hasta tuvo el honor, desde su inexperiencia juvenil, para con su impaciente vocacin de escritor, de ser su colaborador en el semanario madrileo La Patria Libre, que el fundador public como rgano de las JONS de Madrid, despus de su separacin de la Falange (1935). La guerra le volvi al grupo comn del Movimiento, desde el que ha podido observar, a veces desde atalayas suficientes, como se ver en su momento, todo el desarrollo del proceso desintegrador. Un proceso complejo y difcil, con muchos factores, unos doctrinales y otros tcticos; unos de poltica extranjera, que ha gravitado con enorme fuerza en ciertos momentos, y otros, de poltica interna muy delicada, practicada a travs de pequeos, pero muy influyentes grupos de presin poltica. No tiene el autor la pretensin de que sus observaciones y anlisis sean suficientes ni definitivos. Pero s que tiene la esperanza de aportar algunas consideraciones tiles a la comprensin y a la valoracin justa de un fenmeno poltico la Falange Espaola que ha tenido un singular protagonismo en unos aos decisivos de la historia contempornea de Espaa.</p> <p>5</p> <p>JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?</p> <p>I. LOS ANTECEDENTES</p> <p>1. La conquista del Estado y la JONSSe equivocara mucho quien intentase comprender a la Falange desde que, con tal nombre, hizo su aparicin en la vida poltica de Espaa. Se equivocara tambin si la considerase como un hecho exclusivamente espaol, aunque esta posicin, para justificar originalidad e independencia de otros movimientos extranjeros, haya sido mantenida reiteradas veces desde la perspectiva de una propaganda oficial tarda. Ni una cosa ni otra. La Falange no fue en su origen un movimiento reaccionario, ni siquiera reactivo, contra los rumbos y las acciones que tom la Repblica del 14 de abril de 1931. Porque, como escribi Juan Aparicio, mximo notario de aquellos das fundacionales, justamente un mes antes de la proclamacin de la Repblica, comenz a publicarse en Madrid un semanario poltico, La Conquista del Estado, en cuyos nmeros se encuentran todos los grmenes, las ideas y las consignas que luego, ms tarde, dieron vida a las organizaciones y a los partidos que hoy conocemos. He aqu la presencia, meramente apuntada, de otro ingrediente al que repetidas veces tendremos que referirnos: un contexto internacional. En octubre de 1922, mediante un golpe de Estado ms espectacular que real la marcha sobre Roma Benito Mussolini haba dado jaque mate a la inestabilidad liberal parlamentaria de Italia. Pero hasta 1925 haba salvado las formas y slo desde este ao implant el llamado rgimen fascista: Dictadura, monopartidismo, inspiracin en las glorias de la Roma imperial, control estatal de la economa por medio de las Corporaciones, colonialismo para resolver el supervit demogrfico de la fecunda Italia... En Alemania, Adolfo Hitler an no haba llegado al Poder. Pero tras vencer los momentos malos de los encarcelamientos y persecuciones, a travs del juego democrtico de las elecciones previstas en las instituciones de la Constitucin republicano-socialista de Weimar, entre 1930 y 1932 se estaba con virtiendo, eleccin tras eleccin, limpiamente ganadas, en el mayor Partido poltico de Alemania. Von Papen, en sus Memorias, ha explicado con detalle, en el fondo y en la cronologa, aquella grave crisis constitucional, que desde el Gobierno presidido por l mismo, pasando por otro del General Streicher, aboc ineludiblemente en el primer Gabinete Hitler: Les expliqu una y otra vez dice Von Papen, que no haba otra solucin dentro del marco de la Constitucin. A la misma conclusin haba llegado su mximo guardin, el Presidente Mariscal Von Hindenburg. que a toda costa quera evitar un golpe militar, que no tendra apoyo popular, ni desde el amenazador marxismo de un muy fuerte Partido comunista, ni desde las crecientes filas del hitlerismo. Tambin as evitaba la guerra civil que se cerna en el horizonte poltico alemn. Por otra parte tambin Churchill, en 1935 escriba: An no podemos decir si Hitler ser el hombre que desencadenar de nuevo sobre el mundo otra guerra en la que la civilizacin sucumbir irremisiblemente, o si pasar a la Historia como el hombre que restaur el honor y la paz del espritu en la gran nacin alemana y la reintegr serena, esperanzada y fuerte a la cabeza del crculo familiar europeo. (En la obra Grandes contemporneos: Hitler y su opcin.) Y pensamos que lo que Churchill, desde su mayor edad y dilatada experiencia poltica, a altos niveles, no poda predecir en 1935, no puede serle exigido a un joven de 26 aos, como era Ledesma Ramos cuando en 1931 funda La Conquista del Estado, o a uno de 30, que tena Jos Antonio *Primo de Rivera, en 1933, cuando fund la Falange Espaola. Fascismo y nazismo eran pues, en aquellos tiempos, dos fuerzas nuevas y atrayentes en sus respectivos pases que, con todos los riesgos que comportaban y que terminaron estallando en la mayor conflagracin guerrera que ha conocido la Historia, eran reconocidas, dentro y fuera de sus fronteras, como posibles soluciones operantes ante problemas que acuciaban a aquella Europa de los iniciales aos 30. Intentar borrar este amplio contexto es negar la evidencia. Algo que no puede ni debe hacerse si se quiere mantener una elemental y exigible objetividad histrica. De todas formas obsrvese que la iniciacin de la marcha del nacionalsindicalismo de Ramiro Ledesma Ramos coincide con el momento de lucha electoral de Hitler en Alemania que an habra de esperar hasta el 30 de junio de 1933 para asumir el Poder; y otros 17 meses, que6</p> <p>JOS MARA MARTNEZ VAL - POR QU NO FUE POSIBLE LA FALANGE?</p> <p>nos ponen ya en 1935, para mediante la llamada Ley de Plenos poderes lograr la disolucin de los partidos polticos, la integracin del Partido nazi en la organizacin del Estado y la arrogacin de una autoridad total por el Fhrer para inaugurar la poltica interna e internacional que permitiera el despliegue de todas sus ideas hasta el conocido final apocalptico. Pero ya para entonces 1935 la Repblica, en Espaa, tambin haba desplegado tales iniciativas y se debata entre tantas dificultades inconciliables, que el nacionalsindicalismo espaol haba podido adquirir argumentos especficos, entroncados en nuestros peculiares y privativos problemas espaoles. Lo que importa dejar aqu liminarmente claro es que aquellos movimientos extranjeros, cuya analoga externa tantas veces se ha echado en cara como un vilipendio, tenan en sus respectivos pases de origen un indudable respaldo popular y electoral. Y en el orden internacional tenan el respeto y el dilogo diplomtico normal. An ms, a nuestro mismo costado, el vecino Portugal haba encontrado en el salazarismo una solucin a la larga e infecunda serie de golpes de Estado, de todas las tendencias, que se haban sucedido desde la proclamacin de la Repblica, exhaustivamente estudiada por nuestro gran historiador Jess Pabn en su magistral obra La Revolucin portuguesa. Quienes hacen historia desde lo que pas despus intentan borr...</p>