Paradigma Nº 19 UTOPÍA

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    14-Apr-2016

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En el siglo XVI, el pensador Toms Moro, gran conocedor de los problemas de su tiempo, publica Utopa, una obra especulativa cuyo alcance se entiende segn las variables que determinaron la Inglaterra de la poca. En este ttulo, Moro describe una sociedad imaginaria, justa e igualitaria, que pretende apuntar hacia las debilidades de un momento histrico para ofrecer un modelo sociopoltico alternativo. La utopa, idea que perturba y conmueve al ser humano desde la Antigedad, cuyas especulaciones se han modificado conforme nuestra naturaleza evolucionaba, es tema principal de este primer nmero de la nueva poca de Paradigma, un nmero que pretende analizar, revisar y revelar algunas vertientes y versiones de lo utpico en el presente para medir la distancia que separa lo real de lo ideal,para cuantificar injusticias y detectar esperanzas y, como fuerza directriz, para conocer y comprender ms y mejor el mundo que nos rodea. Siempre con una inquebrantable vocacin de solucin y progreso. Desde Paradigma queremos rendir un homenaje a esta idea que ha resistido al paso del tiempo, que procura pensar el acontecer para hacerlo, quiz, ms digno.

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<ul><li><p>1Nmero 19 Enero 2016</p><p>Revista Universitaria de Cultura</p><p>Nmero 19Enero 2016</p></li><li><p>2pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura</p><p>03 Editorial </p><p>04 Post-humanos y utopa Andrs Moya </p><p>08 Arte: Jos Medina Galeote</p><p>14 Poltica y utopa: dos perspectivas ngela Sierra Gonzlez</p><p>22 Arte: Miguel Gmez Losada</p><p>30 Los turbios reflejos de la utopa en la ficcin televisiva serial norteamericana Concepcin Cascajosa Virino</p><p>34 La utopa como consumo Constantino Brtolo</p><p>36 Arte: Urban notes Naikari</p><p>44 La utopa del hombre feminista Enrique Bentez Palma</p><p>48 Entrevista a Csar Rendueles Cristina Consuegra</p><p>54 Nenikkamen Felipe R. Navarro</p><p>58 Periodismo y utopa, el final de un oficio Juan Jos Tellez</p><p>68 Arte: Paco Aguilar</p><p>80 El imperio del amor (o cmo socavar el patriarcado desde la raiz) Juana Gallego</p><p>86 Contra la utopa. Argumentos liberales contra la sociedad ideal Manuel Toscano</p><p>90 Feminismo y utopa Mara Luisa Balaguer</p><p>94 La ciudad como el escenario de nuestras utopas Susana Garca Bujalance</p><p>98 El esfuerzo mercantilismo o pasin? lvaro Ledesma Alba</p><p>105 Poesa: Ana Mara Prieto del Pino</p><p>109 Poesa: Rosa Romojaro</p><p>114 Carro de Heno:</p><p>116 Caminar. andar, pasear Antonio Heredia</p><p>117 Librera Rsistances Fernando Jimnez</p><p>Consejo Editorial</p><p>Cristina Consuegra Abal</p><p>Antonio Heredia Bayona</p><p>Jos J. Reina Pinto</p><p>Correo Electrnico</p><p>paradigma@uma.es</p><p>Diseo y Maquetacin</p><p>Brigada Estudio</p><p>DL: MA-1343-2005 </p><p>ISSN: 1885-7604</p><p>El equipo editorial de Paradigma quiere agradecer el esfuerzo realizado por todas aquellas personas que hacen posible esta publicatin, en especial a los colaboradores, sin cuyas aportaciones este proyecto no podra tener continuidad. Los miembros del consejo editorial de Paradigma no se hacen responsables de las opiniones vertidas por los autores de los artculos, poemas, u otras formas de expreson incluidas en este nmero.</p><p>ndice</p></li><li><p>2 3</p><p>Nmero 19 Enero 2016</p><p>EN EL SIGLO XVI, EL PENSADOR Toms Moro, gran conocedor de los problemas de su tiempo, publica Utopa, una obra especulativa cuyo alcance se entiende segn las variables que determinaron la Inglaterra de la poca. En este ttulo, Moro describe una sociedad imaginaria, justa e igualitaria, que pretende apuntar hacia las debilidades de un momento histrico para ofrecer un modelo sociopoltico alternativo.</p><p>La utopa, idea que perturba y conmueve al ser humano desde la Antigedad, cuyas especulaciones se han modificado conforme nuestra naturaleza evolucionaba, es tema principal de este primer nmero de la nueva poca de Paradigma, un nmero que pretende analizar, revisar y revelar algunas vertientes y versiones de lo utpico en el presente para medir la distancia que separa lo real de lo ideal, para cuantificar injusticias y detectar esperanzas y, como fuerza directriz, para conocer y comprender ms y mejor el mundo que nos rodea. Siempre con una inquebrantable vocacin de solucin y progreso.</p><p>Desde Paradigma queremos rendir un homenaje a esta idea que ha resistido al paso del tiempo, que procura pensar el acontecer para hacerlo, quiz, ms digno.</p><p>EditorialEnero 2016Segunda pocaParadigma #19</p></li><li><p>4pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura</p><p>ALGUNOS DE LOS FILSOFOS MS rele-vantes que a lo largo de la historia han pensado y visionado mundos futuros lo han hecho a partir de la formulacin de postulados que deberan regular las nor-mas de la convivencia humana a todos sus niveles (educacin, trabajo, economa, ocio, etc.). Tal ejercicio intelectual es fun-damental, dicho sea de paso. En efecto, es importante reflexionar sobre mundos futuros en una suerte de lgica deductiva difusa a partir del mundo actual, enten-diendo por mundo actual el compendio de las formas de relacin de los huma-nos a todos sus niveles (de los pueblos y las naciones entre s, de los individuos en las sociedades, de las relaciones con la naturaleza y del aprovechamiento de sus recursos, etc.). Es importante llevar a cabo este ejercicio para que todos dis-pongamos as de elementos de juicio que nos permitan formarnos un criterio sobre qu tipo de sociedad deseamos. Las uto-pas de sociedades futuras constituyen importantes ejercicios de reflexin que tienen un efecto poderoso para la evalua-cin de la calidad moral de la civilizacin actual. Sirven, o pueden servir, como gua para la renovacin permanente. En resumen: a partir de lo que ahora somos y tenemos formulamos mundos futuros que, a su vez, nos retroalimentan para formular dictmenes sobre la bondad de lo que ahora somos, adems de dar-nos guas para lo que podramos llegar a </p><p>ser. Las utopas proporcionan bases para la formulacin de principios que deben regular las sociedades y la conducta de los individuos dentro de ellas.</p><p>En el contexto de esta retroalimentacin que las utopas posibilitan, es impor-tante percatarse de algo bien relevante: que probablemente tenga mayor tras-cendencia y sea ms determinante para la configuracin de una nueva socie-dad la naturaleza de determinados avances cientficos y tecnolgicos que la implantacin de las ideologas que regulan la convivencia social o la eco-noma. Simplemente pensemos en la trascendencia cultural de la invencin del fuego, de la rueda, de los cultivos vegetales y la mejora animal, del vapor, de la electricidad, la radio, la televisin, los antibiticos o el internet, por indicar unos cuantos ejemplos representativos a lo largo de la historia de la humanidad. La ciencia y la tecnologa, aunadas, tienen una presencia muy singular en nuestra especie, tanto que hemos de reconocer que los cambios culturales y sociales que han acontecido desde nuestros orgenes y que aparecen en las diversas sociedades a lo largo de la historia estn muy deter-minados por ellas. La tesis que sostengo es que el futuro (no me atrevo a formular cmo de inmediato) nos depara hallaz-gos cientficos y tecnolgicos de mayor envergadura, si cabe, que los que ya he citado. Tanto, que probablemente nues-tro propio estatus ontolgico est en la diana (Moya, 2011, 2014). Nuestra espe-cie ha intervenido, e interviene, sobre la Naturaleza, sin ningn gnero de dudas. Ms all de cualquier otra con-sideracin sobre la bondad o no de tal accin, hemos de aceptar que nuestra forma de interaccin con ella ha sido </p><p>Post-humanos y utopaAndrs Moya</p><p>Catedrtico de Gentica. Universitat de Valncia.</p></li><li><p>4Las utopas de sociedades futuras constituyen importantes ejercicios de reflexin que tienen un efecto poderoso para la evaluacin de la calidad moral de la civilizacin actual.</p></li><li><p>6pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura</p><p>la de su modificacin. Pero nosotros no somos ajenos a la Naturaleza, formamos parte de ella. Por lo tanto, habremos de aceptar que tambin nos hemos interve-nido, en forma ms o menos racional. Se podra afirmar que la dinmica de nues-tra intervencin sobre la Naturaleza, lo que denomino lo natural otro, adems de lo natural propio, ha sido crecientemente racional. La ciencia viene, en determi-nado momento, a complementar a la tecnologa, logrando formas de explica-cin racional de sus intervenciones. No es solo que las hemos llevado a cabo, en una suerte de pulsin natural muy vinculada con nuestra propia supervivencia, sino que lo hemos hecho progresivamente sabiendo lo que hacamos, entendiendo o explicando por qu hemos tenido xito en unas u otras transformaciones. Dos cuestiones, esenciales a mi juicio, pode-mos formular al respecto: Adnde nos lleva este intervencionismo racional, propio y ajeno? Por qu vamos a dudar del mismo? En este pequeo escrito me interesa ms la primera cuestin que la segunda. No obstante esta ltima merece una breve reflexin. La duda en torno al intervencionismo es de doble natura-leza. Por un lado tenemos la cuestin de si la tendencia al crecimiento cientfico y tecnolgico va a cesar, es decir, si llega-remos a una suerte de plateau donde ya no podamos crecer ms. Es un flaco favor que hacemos a nuestra propia inteligen-cia, la clave de nuestro xito evolutivo. Pero por otro lado, obviamente, est el tema de si limitar o reducir la tendencia a tal crecimiento por razones morales o sociales, dado que est en juego nuestra propia supervivencia porque el planeta ya no aguante ms. Como se podr obser-var esta segunda duda, cuyo prctica, todo sea dicho de paso, es muy saluda-ble socialmente, vive sobre la negacin de la primera. En efecto, la duda moral que puede imponer un freno al creci-miento cientfico y tecnolgico admite, de facto, que este es imparable. El alto o la limitacin al crecimiento cientfico y tecnolgico parte del supuesto de que nuestra especie es lo suficientemente inteligente como para seguir creciendo </p><p>en ciencia y tecnologa, y adems hacerlo en forma acelerada. Si no lo estuviera, si se vislumbrase que hemos llegado al lmite de nuestras posibilidades cientfi-cas y tecnolgicas, que nuestro intelecto no da para ms, no estara en discusin el frenarlos. En realidad siempre hemos asistido al debate entre los que reclaman desacelerar o parar el ritmo de cambio cientfico-tecnolgico y aquellos otros que abogan por mantenerlo. Lo que ocu-rre es que los colectivos implicados han variado cuantitativa- y cualitativamente a lo largo de la historia. La propia racio-nalidad humana, a tenor de los efectos de las intervenciones sobre la Naturaleza, incluida la nuestra, impone reflexio-nes necesarias y obligadas, moratorias y direccionalidad. Utpico sera disponer de procedimientos consensuados a escala mundial para orientar la direccionalidad del cambio cientfico y tecnolgico en pro del bienestar. Pero esto no es todo, por-que est en juego nuestro propio estatus ontolgico. Veamos por qu.</p><p>La historia de la tecnologa y de la cien-cia muestra algo sorprendente: que la evolucin cientfico-tecnolgica es exponencial, que las innovaciones apa-recen con intervalos de tiempo cada vez menores. No todas tienen la misma tras-cendencia, es verdad, pero la pregunta que se puede formular al respecto de tal tendencia es importante: cmo ser ese mundo futuro que experimente una tasa de invencin incluso ms vertiginosa que la que ahora tenemos? Y dado que he hecho referencia a que tanto lo natu-ral propio como lo ajeno ha sido objeto de intervencin por nuestra parte desde nuestro origen, y que la tasa de inter-vencin es exponencial, al menos hasta ahora: qu podemos decir sobre cmo ser la naturaleza ajena intervenida y </p><p>Cmo ser ese mundo futuro que experimente una tasa de invencin incluso ms vertiginosa que la que ahora tenemos?</p></li><li><p>6 7</p><p>Nmero 19 Enero 2016</p><p>nuestra propia naturaleza en un futuro? Por qu nos vamos a sustraer a pen-sar que podemos cambiarnos a entes cuya naturaleza ya no sea la nuestra? En realidad el instinto de superviven-cia, condimentado con la inteligencia y el sentido del yo, est tan arraigado en nosotros que cualquier reflexin en torno a posibles cambios de nuestro estatus ontolgico lo consideramos como una agresin manifiesta contra la humani-dad. A priori nos resistimos a pensar que podamos disponer de voluntad propia como para renunciar a nosotros mismos en pos de otros entes que, siendo pro-ducto de nuestra propia creacin, nos pudiesen superar en muchas cosas. O vamos a ser tan narcisistas como para asumir que somos inmejorables? Si algo pone de manifiesto la naturaleza de los seres vivos es que son francamente mejorables; nadie los dise y echaron mano de lo que tenan para sobrevi-vir. Podemos, entonces, vislumbrar un futuro con seres post-humanos, en reali-dad nuestros propios hijos? Estaramos dispuestos a tamao sacrificio? Parece que nuestro instinto de supervivencia, y la condicin de tener conciencia del yo, como comento ms arriba, nos hace aborrecer ese planteamiento. Ahora bien, esto ya ha ocurrido: la historia evolutiva nos muestra que tales sacrificios existen, que han evolucionado con xito, que no es la primera vez, aunque s lo sera en forma consciente, en que en algunas especies los padres dan la vida por sus hijos.</p><p>La cuestin a debatir, asumiendo que la tasa exponencial al crecimiento cientfico y tcnico nos lleve a la situacin de crear entes post-humanos, es si lo que desea-mos es una sociedad humana futura con todas las mejoras sociales y de convi-vencia que podamos imaginar o, por el contrario, una post-humana de la que apenas poco puede decirse ahora mismo sobre la naturaleza de su organizacin social. En realidad existe un franco des-equilibrio a favor del humanismo porque no hemos llevado a cabo el ejercicio inte-lectual apropiado para pensar sobre la </p><p>naturaleza de la sociedad post-humana. La historia de la humanidad arrastra, a pesar de sus grandes logros sociales y de convivencia, enormes lastres. Nuestra especie no parece capaz de subvertir en modo alguno el enfrentamiento y la bar-barie que supone la auto-destruccin por la guerra, y el desarrollo cientfico y tecnolgico no vienen a aminorar esta circunstancia; todo lo contrario: se pone al servicio de ella. Algo cainita nos con-forma que, si bien ha sido determinante para traernos hasta aqu y hacernos gozar del esplendor de la cultura y la civiliza-cin que ahora disfrutamos, tambin nos ha encaminado hacia la destruc-cin y el exterminio. Cabe pensar en un mundo no cainita? Realmente sera humano?.</p><p>Agradecimientos</p><p>Este trabajo ha sido financiado por los proyectos SAF2012-31187 y SAF2013-49788-EXP del MINECO, y PROMETEO/2014/065 de la Generalitat Valenciana.</p><p>Literatura citada</p><p>Moya, A. 2011. Naturaleza y futuro del hombre. Editorial Sntesis, Madrid.</p><p>Moya, A. 2014. Biologa y espritu. Editorial Sal Terrae, Cantabria. </p></li><li><p>8pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura</p><p>Jos Medina Galeote</p></li><li><p>8 9</p><p>Nmero 19 Enero 2016</p></li><li><p>10</p><p>pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura</p></li><li><p>10 11</p><p>Nmero 19 Enero 2016</p></li><li><p>12</p><p>pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura</p></li><li><p>12 13</p><p>Nmero 19 Enero 2016</p></li><li><p>14</p><p>pArAdigmA Revista Universitaria de Cultura</p><p>EL TRMINO UTOPA, EN LA HISTORIA DE LAS IDEAS POLTICAS, ha dado origen a un trmino utpico usado, particularmente, para significar lo imposible e irrealizable y , a la vez, a un gnero poltico-li-terario autnomo. Toms Moro acu en el siglo XVI el trmino utopa1 en una obra del mismo ttulo en la que concibi una isla lejana en la que se haba llevado a cabo la organizacin ideal de la sociedad. Pero, qu son las utopas? Explicarlo no resulta fcil, pues, todo anlisis del pensamiento utpico ha de superar ineludiblemente una dificultad, a saber: definir las limitaciones de ste. Especialmente las polticas. Las utopas son descripciones de comunidades imaginadas en que se parte de un principio genrico, a saber, que puede haber sociedades felices. El navegante Raphael Hythloday delibera en este texto originario de Moro sobre la mejor forma de comunidad poltica. Una comunidad, a su juicio, en la que la tiranizacin, de unos seres humanos por otros no sea una consecuencia obligada de la naturaleza humana, sino ms bien una arbitraria y accidental violacin de esa naturaleza; as como delibera sobre la posibilidad de que el individuo en la tierra pueda ser feliz gracias a una sabia disposicin de la organizacin social, como l haba descubierto en sus viajes. Una comunidad en la que se respon-da institucionalmente a las demandas de la preservacin de la vida y de la integridad fsica y moral d...</p></li></ul>