Revista Agenda Viva. Edición Nº3. Primavera 2006

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Revista de divulgacin cientfica y ambiental, con ideas prcticas para mejorar tu calidad de vida y la de tu entorno. Edicin de la Fundacin Flix Rodrguez de la Fuente (FFRF)

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  • Darya Von Berner_artistaJess Garzn_naturalistaJordi Pigem_losofo de la ciencia

    Centro de Astrobiologa de Madrid_En busca delorigen de la Vida

    EpicentroAl Descubierto EntrevistasAlimentostransgnicosS o No? EJE

    MPLA

    R GR

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    006

    N03

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    Con la colaboracin de:

  • editorial

  • La Tierra es el nombre con el que hemos bautizado anuestro planeta, contrariamente a la singularidad deque ste es, en realidad, un planeta de agua. En losocanos, de hecho, comenz la vida, y aunque stalograra conquistar tierra firme, nunca dej atrs suestrecha dependencia del elemento lquido que enel caso de los seres humanos constituye hasta un75% de nuestro organismo.

    Por que entonces se ha sentido el hombre tanestrechamente ligado e identificado con esa fina pielde fertilidad que recubre islas y continentes? Polvosomos y en polvo nos convertiremos, meros moldesde barro dotados de vida.

    Quizs porque la tierra es el elemento que mejorejemplifica la convergencia de la vida con lo inerte, delo horizontal con lo vertical, de la reciprocidad cclicay permanente, del enriquecimiento continuo. En estesentido la tierra es Vida. Vida como ente de fronterasdifusas, donde lo que emerge es mucho ms que losseres visibles e invisibles que se extienden en mlti-ples niveles de aprovechamiento de los recursos, for-mando una complejsima urdimbre de intercambio.Esa multiplicidad infinitamente creativa es en reali-dad slo un reflejo tangible del movimiento incesantey palpitante de energa, de las redes multi-direccio-nales albergadas en el suelo que hacen posible laexistencia de rboles, aves, mamferos, insectos,hongos, musgos, etc Debajo de todas las formas devida que pueblan los paisajes de la Tierra se escon-den millones otros organismos y micro-organismosque, como en un iceberg, constituyen el verdaderosostn y flotabilidad del pequeo porcentaje queasoma en la superficie. La tierra es el lugar dondetodo se aprovecha en un ciclo magnfico de reciproci-dad, simbiosis y cooperacin.

    La humanidad, testigo durante generaciones de loevidente e intangible en la naturaleza, albergaba ensus tradiciones esa sabidura de lo que ES. Comoparte ntegra del mismo ciclo de la vida del quedependa ntimamente, incorporaba a su cultura el

    respeto y cuidado a la tierra y su realidad, intrnsecosa su propia existencia. Sin frmulas, sin conocimien-tos cientficamente probados, incluso sin escritura, elsaber de lo que es la tierra era mucho ms prximo ala verdad de lo que ahora interpretamos.

    El hombre moderno, desarraigado de su propiaesencia, se presupone dueo y seor de la Vida. Creeque puede exprimir sus frutos sin comedimiento ena-jenndose de la realidad vital. Cree que puede alte-rar la urdimbre, el crculo de reciprocidad, sin poneren peligro su propia supervivencia. Para el hombreactual, la tierra ya no es ms que una realidad hori-zontal, un substrato cuya nica funcin es la de serexplotado para obtener el mximo rendimiento. Laciencia y la tecnologa, presuntuosas de saber msque millones y millones de aos de evolucin deposi-tados en la naturaleza, han convertido a la tierra enuna industria ms, una fbrica de alimentos inspi-dos, fruto de plantas endebles sustentadas a base defertilizantes y pesticidas. El alimento de nuestroshijos no es el resultado y reflejo de la fuerza y saludde la naturaleza, es la cristalizacin de la agona deuna tierra erosionada y envenenada que pronosticauna esterilidad irreversible. Hemos olvidado la infini-ta generosidad de la tierra, trasformando el ciclo vitalde reciprocidad en un crculo vicioso de empobreci-miento, alimentado por el afn de consumo ilimitadoque nos caracteriza.

    Debemos cambiar nuestra mirada hacia lo quesomos, devolver la tierra a nuestros hijos, religarnuestra existencia al fenmeno vital. El hombre estierra, y como extensin sublime de la misma debevivir en armona con todas sus criaturas, maravillar-se ante el milagroso ciclo de la vida y la muerte. Enalgn lugar de todos nosotros la llamada de la tierranos urge a abrir los ojos a una existencia a la alturadel lugar verdadero que el hombre debe ocupar en laTierra y el Cosmos.

    Odile Rodrguez de la Fuente

    Terra/Tierra proviene de ters, de raz indo-europea, que quiere decir seca/secar, sedienta, deseosa.Earth (tierra en ingls) proviene de eraw, verbo griego que significa enamoramiento.

    La tierra de todos

  • 01 la estacin

  • Y pasa la tormenta, que todo lo transforma,atraviesa el bosque y el tiempoy todo parece carecer de edad:el paisaje, como un verso del salterio,es pujanza, rigor, eternidad.

    Qu pequeo es aquello contra lo que luchamos,lo que contra nosotros lucha, qu grande es;si, parecindonos ms a las cosas, nos dejramosasaltar de esta forma por una gran tormenta,-nos volveramos extensos y annimos.

    El libro de las imgenes. Rainer Maria Rilke.

    L a primavera es la estacindel surgimiento de la vida,en ella se despiertan las flo-res sobre la gravedad del invierno,los cielos amplan su altura y suazul, las personas, como la vida engeneral, se buscan en un cortejoque anuncia una explosin lenta dedeseos, un apetito por lo bello.

    Y entre todo este resurgimien-to, aparece entre tus manos y tusojos este nuevo nmero deAgendaViva, al que hemos incor-porado pequeas novedades. A lospromotores de esta publicacinnos complace que as sea, porquesomos comprensivos con los sig-nos y nos esforzamos en ver tra-mas donde otros ven el artficeciego del azar. As pues, tenemosuna revista renovada en la esta-cin del nacimiento, celebrandocon sus pginas la primavera ysaludando los secretos y los men-sajes de este ciclo.

    Extendamos con brevedad y sinagotar sus sentidos el mapa de laprimavera, la estacin solar quedespliega su caligrafa en un juego

    de textos, subtextos y metatextosque son como significados queocultan otros significados, o comogrados que conducen a balconesde distinta altura donde asomarsea la vida.

    Hay grados en la mirada. As,hay seres que ven en una hierbadoblada una aventura, un rumorlejano, una noticia callada, comootros ven peso, accidente y cada;un cazador siente el apetito de supresa y ese deseo da forma ytiempo a la hierba doblada; unpoeta ve que el mundo se dobla enla hierba para saludarlo, y el cien-tfico ve una geometra medida porla gravedad.

    El que tiene la paciencia y elarte de este ver con grados, noslo percibe a los brotes abrindo-se camino en los tallos, a los olo-res derramndose, a los instintoshostigando rebaos de hormonas;ve ms y comprende que esosfenmenos se acunan en la urdim-bre del tiempo. Por lo tanto, la pri-mavera es hija del calendario, consus citas y finales, por eso le habla

    nn LLAA PPRRIIMMAAVVEERRAA YY LLOOSS GGRRAADDOOSS DDEE LLAA MMIIRRAADDAA

  • 8 la estacin

    de la belleza fugaz, de la imperma-nencia, de la renovacin. Al con-templar un paisaje primaveral leeen la impresin de sus sentidosfugacidad, renacimiento y belleza.En ese grado de la mirada, las flo-res no slo abren ptalos, sinotambin ideas, los olores seexpanden ms all del olfato y laluz del sol es un confidente quenos habla de los viejos tiempos,cuando la naturaleza era transpa-rente para el hombre.

    Estos grados de la mirada, a suvez, nos sealan otros ms inmen-sos. Pero no inmenso a la maneraracional y cuantitativa del hombremoderno para el cual el universo seha multiplicado y ensanchado entamao, pero se ha reducido ensentido. Para un hombre de los or-genes, la luna estaba cerca y lasestrellas tan prximas como elaliento. El firmamento era como unprpado que cubra de sentido yemocin su ojo. Hubo un tiempo enque los grados de la visin estabanunidos a los grados del ser y todohombre tena el don de la ciencia,de la poesa y de la revelacin; esonos cuentan todas las tradiciones,desde las occidentales a las orien-tales o los pueblos primordiales.Hoy en da debemos recordar yrecordarnos para tener una porcinde ese sentido de la unidad y delsecreto. Si decimos que los gradosde la mirada se corresponden a losgrados del ser, afirmamos y conello recordamos que ver y cono-cer tienen una intimidad efectiva yvital, que por tanto la contempla-cin de la belleza de la primaveraanuncia que el mundo es bello yama la belleza, o si se prefiereque lo bello convoca en nuestramirada la Belleza, para elevarnosen la intimidad de la naturaleza.

    La ciencia ve que tal flor des-pliega su funcin en tal planta, yconstruye alrededor de sus ptalosuna red de afirmaciones y obser-vaciones. Esa red que atrapa la

    flor, como un guante, es para unojo potico ms amplia; al ver quela flor no nace de un tallo concreto,sino del cuerpo de la tierra, que sunombre no se agota porque serenueva en los subsuelos del len-guaje, su peso es tan ligero comouna galaxia y su forma es la de unaestrella que antes de morir extien-de su tacto sobre las hojas blancasdel asombro.

    Esa red que envuelva flor y uni-verso es para un ojo contemplativola negacin de lo ilusorio y la afir-macin de lo bello que regresa a laBelleza, de lo luminoso que serepliega en la Luz, de la primaverainmovilizada en la estacin SinEstaciones; ese lugar tan lejanocomo el polen y tan cercano comola materia oscura del universo.Una flor de silencio que calla conla palabra. Si para el poeta la pala-bra anuncia el silencio, para elcontemplativo el silencio anunciala Palabra.

    La naturaleza nos habla con unlenguaje que hemos olvidado, unlenguaje de smbolos. Cada ele-mento, criatura, suceso y rastro esun algo visible que esconde otroalgo invisible que lo completa y leda sentido; as nos hablan los sm-bolos, y as la primavera mira aleste, el lugar del nacimiento delsol, la brecha donde el horizontenos devuelve la infancia y nuevaspromesas.

    El que tiene un poco de inocen-cia, piensa con razn y sabiduraque la primavera llega para citarsecon un secreto que solo l puededesvelar. Ese hombre in