Romancero tradicional

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  • E ' BIBLIOTE-CA LITERA-RIA DEL ES' TUDI A N T I

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    XXV

    ^ J U > J T A P A R A A M P L I A C I O N N S ^ S * ? ' C ^ D D E E S T U D I O S C K 2 ^ I N S T I T U T O ESCUELA

  • BIBLIOTECA LITERARIA DEL ESTUDAME

    L A presente BIBLIOTECA trata de incluir en treinta tomitos las obras cuyo conocimiento nos parece ms esencial o ms conveniente en los pri-meros aos de la ensean-z a . Los treinta volmenes estn formados obedecien-do a un canon literario, a un catlogo previamente establecido, de aquellas obras mejores que el estu-diante debe frecuentar en el comienzo de sus estu-dios para adquirir los fun-damentos de su cultura tra-

    dicional hispnica.

    La BIBLIOTECA LITERARIA

    DEL E S T U D I A N T E est diri-g i d a por Ramn Menndez P i d a l , y la seleccin de los trozos comprendidos en los varios volmenes est encomendada a Pe-dro Blanco, Amrico Cas-tro, Juan Dantn, Enrique Dez-Canedo, Samuel Gil, Justo Gmez Ocern, Ma-ra Goyri de Menndez Pi-dal, Miguel Herrero, J. R. Lomba, Margarita M a y o , Jimena Menndez Pidal, Toms Navarro, Federico Ruiz Morcuende, Josefina Sela, Antonio G. Solalin-de, R. M.* Tenreiro, Jos Vallejo, Gonzalo Menndez

    Pidal, etctera.

    Ilustraciones de Fernando Marco.

    Estos volmenes tendrn de 150 a 350 pginas, y sus precios sern de 2 a 4 pesetas, segn el nme-

    ro de sus pginas.

    Se admiten desde ahora pedidos de la BIBLIOTECA

    completa.

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    ROMANCERO

  • BIBLIOTECA LITERARIA DEL ESTUDIANTE D I R I G I D A P O R R A M N M E N N D E Z P I D A L

    T O M O X X V

    R O M A N C E R O

    SEGUNDA EDICIN

    S E L E C C I N H E C H A P O R

    G O N Z A L O M E N N D E Z P I D A L

    Dibujos de A. Ruic Castillo

    MADRID, MCMXXXVI

    I N S T I T U T O E S C U E L A J U N T A P A R A A M P L I A C I N D E E S T U D I O S

    15:

  • Tipografa de Archivos, Olzaga, 1. Madrid

  • PRLOGO

  • Los romances son poemas pico-lricos cor-tos que se recitan o cantan. En Espaa este tipo de poesa tiene caracteres particulares que marcan una gran diferencia con la considerada equivalente en otros pases.

    Siguiendo en uno de los grupos la historia, en el de los picos como ejemplo, nos encon-tramos que en su origen se apartan ya estos romances de sus semejantes de otras nacio-nes. El primitivo romance pico espaol nace desgajado de poemas que se cantaron en Es-paa durante la Edad Media. La poesa pica espaola es en su origen esencialmente cas-tellana: castellanos son sus hroes; castella-na su composicin, que desde el siglo x a las refundiciones del x v va difundindose por toda Espaa y abandonando su exclusivismo local. Y estos cantares de gesta, de los que a fines del x i v o principios del x v han de arrancarse los romances picos, se diferen-

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  • PROLOGO

    cian ya claramente de sus hermanos extran-jeros. Ninguna pica nacional tiene su ins-piracin en sucesos tan cercanos como la es-paola (el mismo poema del Cid se supone compuesto unos cuarenta aos despus de la muerte de su hroe); lo que condiciona una serie de rasgos, como son la verosimilitud y el realismo, mal o bien llamado asi, pues des-de un principio tiene la pica espaola un ca-rcter en gran modo informativo.

    La extensin de los poemas espaoles es mucho ms reducida que la de los franceses: el cantar de mo Cid tiene slo unos cuatro mil versos; pero esta diferencia que se marca ya en los comienzos, se va agrandando de un modo marcadsimo en la decadencia, don-de, mientras la pica francesa va hinchando sus poemas hasta llegar a extensiones de 40.000 versos, los poemas picos espaoles se han llegado a convertir en los pocos versos de un romance.

    El primitivo romance no es nada ms que un pequeo fragmento de un cantar de gesta, no es un resumen, en l no se cuenta ni intere-sa el principio ni el fin. El romance:

    "Rey don Sancho, rey don Sancho, no digas que no te aviso . . . "

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  • PROLOGO

    es un buen ejemplo de ello; en l no se nos sita la accin, nosotros tenemos que saber que doa Urraca est cercada en Zamora por su hermano don Sancho; que es un zamora-no que teme hacerse cmplice de traicin el que avisa al Rey, y en este caso da la ca-sualidad de que los diez ltimos versos, aa-didos felizmente para redondear el episodio, estn compuestos por una persona enterada, que sigue la historia de los hechos; pero que aun as nos deja sin conocer cul es la pro-mesa de Bellido Dolfos a doa Urraca. Cla-ro que el romance no pierde nada por ello.

    En Francia la pica muri de hartura, in-terminables compilaciones para lectores pro-fesionales fueron su mortaja; en Castilla se dedic al pueblo y l le dio nueva vida, y ste fu en Espaa el origen del romancero heroi-co. Por esto en un principio los romances se inspiran nicamente en la tradicin peninsu-lar; aunque al poco tiempo aparecen figuras extraas a esta tradicin, como Melisenda, la hija del Emperante, el Marqus de Man-tua, etc., perdiendo ya as el exclusivismo po-ltico militar de un principio: pero siempre siendo prximo reflejo de la vida nacional. Cuando, sin apoyo oficial (como supo repe-ler la invasin francesa), el pueblo y los par-

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  • PROLOGO

    ticulares continan la obra de cinco siglos, la Reconquista, naci el romance fronterizo, que nos cuenta la lucha contra los musulmanes en su ltimo siglo, donde tanto abund esa ga-lantera ensangrentada tan tpicamente espa-ola.

    Con la toma de Granada la poesa heroica agot su segunda vida. Los conquistadores de Indias, tal vez por estar en su apogeo el romancero, no fueron inspiracin para l, aun-que s sus propagadores. El siglo x v i no da hechos histricos al romancero, pero es el si-glo de la gran difusin del romancero. Los romances invaden los cancioneros cortesanos (pgs. 1 5 9 y 1 6 4 ) , incorporndose a la msi-ca culta por mano de los msicos ms famo-sos: Miln (pg. 1 5 6 ) , Pisador (pgs. 109 y 1 7 3 ) , Salinas (pgs. 1 7 0 y 1 7 8 ) . Invaden el teatro, llevados por los mejores autores dra-mticos : Lope (pg. 2 3 ) , Tirso, Caldern. La poesa culta gusta de cubrirse con el annimo del romance: Lope (pg. 1 1 7 ) , Gngora (p-gina 1 2 1 ) .

    Y el romancero, despus de una floracin tan intensa, estaba condenado a pasar un mal invierno de siglo y medio, durante el cual se refugia y conserva su vitalidad en sus races populares; hasta que el romanticismo, por una

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  • PROLOGO

    aficin hacia lo original, siendo el romanti-cismo la exaltacin del individuo, busca en lo annimo su inspiracin. Porque el roman-cero durante su ltimo perodo, con el olvido a que se le releg, haba de cobrar su mayor poder: el del annimo.

    Hemos visto cmo en el siglo X V I I I el ro-mance sigue viviendo gracias a que la tradi-cin popular lo conserv, pues si no, el mo-mento romntico a lo ms habra sido el de la resurreccin de un cadver. Y resulta que al repasar los romances que en cualquier po-ca se han seleccionado como mejores, nos en-contramos con que en su inmensa mayora son del grupo de los tradicionales, tradicionales viejos o tradicionales actuales; pero casi todos tradicionales. Porque es que una gran belleza del romance tradicional es su estilo, en verdad algo difcil de caracterizar, porque es algo en que siempre participamos nosotros. Veamos cmo en el siglo xvi poetas como Lope y des-pus Gngora, atrados por el estilo del ro-mance tradicional, componan otros, sugeri-dos por aqullos; pues bien, estos romances, en los cancioneros en que aparecieron publica-dos, figuran como annimos; sus autores

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  • PROLOGO

    comprendan que el mayor encanto del roman-ce es que, al pasar por nosotros, lo recibamos como algo annimo y sin acabar, en cuya for-macin nos sentimos llamados a colaborar, aun cuando slo sea conservndolo en su mis-ma forma. La vida de lo tradicional necesita, en primer lugar, de esa transmisin a travs del tiempo en que su elaboracin transcurre, desde su nacimiento condenada a no alcanzar forma definitiva.

    Cada variante que cada individuo introduce en el romance al sentirse coautor, est presi-dida por un impulso dirigido a la ms abso-luta impersonalidad, y que podramos definir por la negacin de todos los impulsos que ri-gen al autor erudito al fijar su empeo en que la obra se reconozca como hija solamente de l, su autor, y la cual, al pasar por los aos, ser transmitida con la inerte pasividad con que manejamos aquello que slo podemos con-templar y en nada influir. La obra personal reviste la forma rgida de la expresin agota-da, mientras el romance tradicional presenta la intranquilidad joven de lo que tiene la fle-xibilidad del cuerpo en formacin.

    Pero es el caso que dentro de estos roman-ces, que por lo dicho deban tener la delimi-tacin de lo infinito, encontramos una forma

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  • PROLOGO

    particularsima; pues es innegable que aun cuando de momento nadie pueda concretarla, sin embargo, todos podrn decirnos instant-neamente si un romance es o no tradicional, y si en l hay versos que no le pertenecen.

    Qu caracteriza la forma del romance tra-dicional? Primeramente su pura accidentali-dad, cada palabra del romance tradicional es simple pretexto de expresin, el fondo dram-tico o lrico queda libre a travs de la forma que no lo aprisiona. En esto es opuesto por completo a la tendencia erudita que cifra su empeo en aprisionar la idea en una forma, que muchas veces la supera: mientras la ex-presin tradicional del romance no sobrepasa nunca el sentimiento subjetivo que despierta en nosotros, porque es simple camino de su-gerencia. El ser de lo tradicional no est en la expresin, sino que nace en nosotros al con-tacto de la expresin.

    La expresin tradicional, por el fin a que est destinada, tiende a ser inadvertible: la forma del romance tradicional es un todo so-litario, "pero su soledad no es aisla