Tercer Grito

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    30-Mar-2016

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Tercer Grito

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<ul><li><p> Tercer grito </p><p>Era tarde temprana. La luz del medioda entraba por el ventanal y caa directamente sobre </p><p>la figura yacente sobre el lecho de la amplia habitacin, deslumbrndola. DeathMask </p><p>rebull, gimi, y finalmente se resign a abrir los ojos. Afrodita, que lo vigilaba desde un </p><p>silln junto al lecho, le alarg un vaso de agua con el ademn de quien ha hecho lo mismo </p><p>muchas veces. </p><p> Cunto tiempo ha sido esta vez? </p><p>La voz de DeathMask sonaba pastosa. Despertarse en el templo de Piscis le daba una cierta </p><p>idea de lo que deba haber sucedido, pero estaba desorientado respecto al alcance de lo </p><p>ocurrido. </p><p> Veintin das. </p><p>El italiano mascull una blasfemia mientras se incorporaba y beba el agua lentamente. </p><p>Cuando termin dej el vaso en la mesilla y se sent en el borde de la cama. Hizo ademn </p><p>de preguntar algo a Afrodita, pero no consigui encontrar las palabras y guard silencio; el </p><p>sueco no obstante adivin lo que quera saber incluso sin necesidad de que lo dijera. </p><p> Te vel la primera noche. Al amanecer se lo llevaron. </p><p> Hasta cundo estar retirado? </p><p> Sali ayer. </p><p> 1</p></li><li><p>DeathMask frunci el ceo. No era difcil adivinar por qu Aioria no haba ido a visitarle </p><p>despus de salir; no habiendo recibido ningn mensaje del italiano mientras estaba preso, </p><p>deba de estar furioso. O ms probablemente, decepcionado. </p><p> Imagino que no se te ocurri ir a explicarle lo que pasaba. </p><p> No me pareci una buena opcin. Cuando se fue no tena buena pinta. </p><p> Qu quieres decir? </p><p> Delirabas en sueos. Llamaste a Alessandro varias veces. </p><p>El albino maldijo de nuevo en voz alta, mirando a Afrodita con expresin torva. </p><p> Y por supuesto t no le aclaraste nada. </p><p>El sueco le devolvi la mirada, con calma aplastante. </p><p> Evidentemente no puedo contar una cosa y no contarla a la vez. </p><p>DeathMask asinti. Se levant de la cama, un poco tambaleante, y se estir despacio, </p><p>haciendo crujir todos los huesos poco a poco entre muecas de desagrado mientras iba </p><p>recuperando la sensibilidad lentamente. </p><p> Voy a mi templo. Necesito una ducha. Mir de hito en hito a Afrodita Siento que </p><p>hayas tenido que vivir esto otra vez. </p><p>El sueco desech la disculpa con un gesto de la mano; los dos se haban velado el uno al </p><p>otro infinidad de veces, y Afrodita odiaba que el italiano se culpabilizara a s mismo cada </p><p>vez que ello suceda. </p><p> 2</p></li><li><p> Qu vas a hacer? </p><p>DeathMask suspir y se encogi de hombros. </p><p> Bajar a verle, qu otra cosa puedo hacer si no? una sonrisa se abri paso por su </p><p>rostro cansado Si ves un relmpago, ven a defenderme. </p><p>Afrodita levant una ceja en su direccin con expresin inmutable. </p><p> No pienso hacerlo. finalmente le devolvi la sonrisaNo me gustan nada las </p><p>tormentas. </p><p>No mucho ms tarde DeathMask lleg hasta la puerta de Leo y se confes que se senta </p><p>inseguro. No saba qu poda esperar, o qu le preocupaba ms encontrar, si un len furioso </p><p>o uno dolido. En cualquier caso no quiso detenerse a pensarlo, simplemente encendi su </p><p>cosmos a modo de llamada y aguard; si Aioria no le franqueaba el paso, simplemente se </p><p>ira a su casa y lo dara todo por terminado. La posibilidad le hizo sentir una punzada de </p><p>miedo. </p><p>En poco tiempo alguien abri la puerta del templo, pero no se trataba del len sino de Litos. </p><p>Sus grandes ojos estudiaron al caballero que tena frente a ella sin disimulo, reducindolo, a </p><p>su parecer, al nivel de un simple mortal. Y tal y como no esconda su escrutinio, igual hizo </p><p>al mostrarle el desagrado que le produca el verle all, lo molesto que resultaba tenerle de </p><p>frente despus de que Aioria hubiese impuesto su presencia en el templo. Llevaba los </p><p>suficientes aos sirviendo al len estelar como para que nada se le escapase, como para </p><p>olvidar ciertos episodios de su vida bastante desagradables que mucho tenan que ver con el </p><p> 3</p></li><li><p>hombre parado frente a la puerta del que ella consideraba, ms que un lugar de trabajo, su </p><p>hogar. Conoca tanto a Aioria como para amarlo, para sentirse dolida al ver que de nuevo </p><p>elega a un compaero inadecuado para l. </p><p> Qu desea? </p><p>El italiano vacil antes de responder. Aioria no se haba dignado a abrirle l mismo, </p><p>tratndole como a un desconocido. Bien, al menos ya saba lo que haba en la guarida: un </p><p>len herido. Le devolvi la mirada a la muchacha sin alterarse. No le faltaba costumbre en </p><p>aguantar escaneos, y no poda por menos que comprender a la chica; no deba ser fcil estar </p><p>enamorada de alguien tan promiscuo como Aioria, y si probablemente habra sentido celos </p><p>de sus otros amantes, sin duda la intrusin de alguien como l, a sus ojos casi adolescentes </p><p>un monstruo con total certeza, deba de resultarle inadmisible. </p><p>S, ya lo s, se merece alguien mejor. Pero que me cuelguen si me voy a volver a amilanar </p><p>por eso. Tengo una cuenta pendiente con l. </p><p> Ver a tu seor respondi al fin, sencillamente. </p><p> Eso es imposible de momento, el seor Aioria acaba de volver de un largo viaje y </p><p>necesita descanso. </p><p>Y que se atreviese a intentar desmentir sus palabras. Las rdenes eran no dejar pasar a </p><p>nadie, no dar explicaciones y mucho menos aumentar el ro de rumores que seguramente </p><p>circularan acerca del castigo al len dorado. El orgullo de Aioria estaba demasiado </p><p>maltrecho. Ella, que tantas veces le vio perdido en el pasado, no encontraba justificacin </p><p>para el desnimo que se haba apoderado de l; al menos no lo hizo hasta que encontr una </p><p>vez ms a aquel hombre frente a su puerta. Un intruso que se le estaba metiendo en las </p><p>venas a su seor, alejndolo de ella como tan solo Escorpio consiguiese hacer hasta el </p><p>momento. Y no lograba entenderlo; porque el custodio de Cncer se ceb en la pena de su </p><p>seor una y otra vez durante aos, recordndole incesantemente la desgracia familiar que </p><p> 4</p></li><li><p>acarreaba sobre sus hombros, atacndole por la espalda, infligindole heridas ms </p><p>profundas que las fsicas. Si por ella fuese, DeathMask no habra franqueado jams las </p><p>puertas del quinto templo, porque desde el primer da en que le vio entrar junto a su dueo </p><p>supo que no traera con l ms que desgracias. </p><p> Vuelva en un par de das, seguro que entonces le recibe. Dando fuerza a sus palabras </p><p>comenz a cerrar la puerta. </p><p>La desconfianza de la muchacha era ms que patente para el italiano, quien no tuvo ms </p><p>remedio que reconocer que era perspicaz; no haba tardado ni un minuto en adivinar que si </p><p>su seor tena problemas, sin duda estaban relacionados con el hombre de aspecto </p><p>desagradable parado en el vano. DeathMask se inclin hacia ella. </p><p> Litos le dijo con suavidad al tiempo que impeda que le cerrase la puerta en las </p><p>narices, hazme un favor. La mir atrapndola en sus intensas pupilas rojas, que ardan </p><p>con fiereza desmintiendo su tono amable Ve y dile a tu seor que estoy esperando en la </p><p>puerta y que si no me deja entrar acabar lo que ya empec en otra ocasin y echar abajo a </p><p>patadas su jodido templo de mierda. </p><p>La muchacha no se amilan por su aspecto feroz, consciente de que al dorado no le </p><p>interesaba que ella fuese con quejas ante Aioria, as que continu manteniendo la puerta </p><p>entreabierta con firmeza, pero el alivio que se expandi por todo su ser al sentir a su seor </p><p>tras ella fue totalmente visible en su mirada victoriosa. Ahora, el intruso tendra que lidiar </p><p>directamente con Aioria, y esperaba con todas sus fuerzas que esta vez no le dejase </p><p>franquear la entrada. </p><p> No eres muy amable tratando de intimidar de esa forma a mi sirvienta. </p><p>El tono hosco de aquella voz precedi a la mano que se apoy en el marco de la puerta un </p><p>momento antes de que el cuerpo del len asomase por completo. La mirada de Aioria se </p><p>clav en el italiano con evidente molestia. Se mostraba serio, distante; el mentn tenso que, </p><p> 5</p></li><li><p>cubierto por una capa de vello fruto de los das de dejadez en su retiro involuntario, haca </p><p>ms pronunciados los firmes rasgos caractersticos de su patria. </p><p> Ya me encargo yo de esto. Al no recibir repuesta volvi su mirada hacia la </p><p>muchacha y cada uno de sus gestos se dulcific, aunque el tono de su voz no admita </p><p>rplica alguna; se agach ligeramente, aun cuando Litos posea una altura considerable, y la </p><p>bes en la cabeza como haca desde que era tan solo una nia Te llamar si te necesito. </p><p>Ignorando la expresin de censura que mostraron sus ojos esper a que se marchara y </p><p>despus, apoyndose en la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho y ya sin rastro </p><p>alguno de ternura en el rostro, aguard a que el cangrejo se dignase a hablar, dejndole </p><p>muy claro que no sera invitado a traspasar el umbral.Y bien? </p><p>DeathMask no se inmut ante la postura defensiva del len y su negativa a dejarle entrar; </p><p>ambas cosas eran predecibles. Lo que no haba esperado el italiano era que su corazn se </p><p>desbocara de aquella manera ridcula al tener delante a Aioria, dejndole temporalmente sin </p><p>palabras. </p><p> No tienes buen aspecto. </p><p>Menta. Descaradamente. Pero el ego del len le llev a pasar una mano por la rasposa </p><p>barba; haba pensado en quitrsela nada ms llegar a su templo, pero en vez de eso se haba </p><p>metido en la cama hasta haca poco ms de una hora. Ms que su cuerpo era la mente la </p><p>necesitada de descanso, abstraerse de todo lo que estuviese fuera de las paredes de su </p><p>santuario. Dejar de pensar en l por unas horas, unos minutos seran incluso suficientes </p><p>para encontrar un poco de calma. La misma que no senta desde aquella noche. </p><p> Prueba a dormir veinte das en poco ms que un catre y luego comparamos aspectos. </p><p>Su cuerpo se tens al darse cuenta de que le estaba contestando de forma relajada, no era </p><p>eso lo que quera; no iba a permitir que su enfado desapareciese tan rpidamente. Dime </p><p>de una vez qu buscas aqu, tengo cosas que hacer. </p><p> 6</p></li><li><p>Pero ya se haba delatado. No todo estaba perdido; DeathMask se sinti ms tranquilo al </p><p>darse cuenta de eso. Aioria se mostraba framente formal, pero lo haca ms por </p><p>obstinacin que porque realmente se sintiera de aquella forma. As y todo, el italiano saba </p><p>que deba andar con cuidado o todo se ira al infierno. Tena que ser sincero hasta donde le </p><p>permitiera su naturaleza introvertida. </p><p> Quera Bueno, la otra noche pasaron muchas cosas, y pienso que te debo al menos </p><p>una explicacin sobre el final de fiesta. Hubiera podido subir a contrtelo a la crcel, pero </p><p>hubiese tenido que sobornar a alguien para que me dejara romper tu retiro y no andaba </p><p>largo de fondos. Adems no he estado muy fresco ltimamente se encogi de hombros </p><p>Tengo una cierta alergia a las rosas. </p><p> Aj. El griego respondi con evidente hasto, sin dejarse ablandar por los recuerdos </p><p>del miedo pasado al pensar que el italiano podra haber muerto. </p><p>Realmente no necesitaba aquellas explicaciones ni sus estpidas bromas acerca de Piscis. </p><p>Intua que como siempre sus palabras callaban ms de lo que contaban, y estaba harto, </p><p>hasta el punto de cerrar su mente a las palabras del italiano, a su significado. La ltima </p><p>noche en el templo de Piscis haba resultado particularmente dura y el sentimiento de </p><p>derrota que le embarg en el momento en que le escuch llamar a otro mientras era l quien </p><p>permaneca a su lado como un idiota an no le haba abandonado. No era que se sintiese </p><p>engaado, ni su cinismo ni su inocencia llegaban a cotas tan altas, simplemente crea </p><p>injusto que si estaba enamorado de alguien no se lo hubiese contado. De esa forma al </p><p>menos sabra qu esperar de l y qu no, en vez de recibir slo silencio una y otra vez. </p><p> No quiero orlo. declar, tajante. </p><p> De acuerdo. </p><p>DeathMask mir de hito en hito a Aioria. La expresin del albino delataba su agotamiento, </p><p>apenas se haba parado en su templo para asearse un poco despus de veintin das de </p><p> 7</p></li><li><p>fiebre, pero sus ojos mostraban firmeza. Y fue a esta fuerza a la que el len se aferr con tal </p><p>de no claudicar en su decisin. </p><p> He venido a darte una explicacin. No te la ofrecer dos veces. zanj el asunto el </p><p>italiano, y sacudi la cabeza, dndose por vencido a ese respecto. No tena recursos, de </p><p>momento, para vencer la obstinacin de Aioria; si las cosas salan bien lo hablaran en </p><p>mejor ocasin, y si salan mal ya no importara Tambin haba venido a traerte esto, </p><p>creo que es tuyo. </p><p>Alarg la mano hacia el griego, con el puo cerrado. Si ni siquiera la curiosidad le haca </p><p>dejar a un lado el orgullo, no haba nada que hacer. Pero no tuvo que esperar demasiado </p><p>antes que los ojos del len se desviasen hacia el objeto escondido. El griego maldijo su </p><p>curiosidad mil veces pero naci siendo incapaz de mirar hacia otro lado cuando se le </p><p>presentaba un enigma y morira con el mismo defecto. </p><p> Qu es eso? Intentaba mantenerse firme en su decisin pero al preguntar acababa </p><p>de dar un paso hacia su derrota. </p><p>Sin embargo el italiano no quiso jugar a las adivinanzas. Abri la mano y mostr un objeto </p><p>pequeo en la palma, sin hacer ademn de tendrselo al len, dejando que fuera l quien se </p><p>acercara a cogerlo. </p><p> T deberas saberlo mejor que yo. </p><p>La expresin de Aioria mut por completo al tiempo que desligaba los brazos y daba un </p><p>pequeo paso hacia Mscara. Aquel colgante era mucho ms importante para l de lo que </p><p>le gustaba reconocer. No poda creer que lo hubiese encontrado, mucho menos que todava </p><p>significase tanto como para olvidarse de su promesa de mantenerse alejado de Cncer y le </p><p>rozase la palma de la mano al recoger el preciado objeto. </p><p> Dnde...? </p><p> 8</p></li><li><p> Donde lo dejaste: en el fondo de la laguna. </p><p>No pudo aadir nada ms, tuvo que poner toda su voluntad para no cerrar los dedos sobre </p><p>los de Aioria. </p><p>Lo que me faltaba, encima manco. Las manos quietas, Papi. </p><p>Con el colgante enredado entre los dedos, Leo llev el ndice y el pulgar al nacimiento de </p><p>la nariz apretndolo con algo de fuerza. Luchaba contra todos sus temores. Aquel gesto </p><p>poda no significar nada o todo lo contrario y no le gustaba admitir que deseaba que la </p><p>segunda opcin fuese la verdadera. </p><p> Eres el mayor hijo de puta que he conocido nunca. Se hizo a un lado dejndole </p><p>espacio suficiente para pasar al interior. No me hagas esperarte. Se intern en sus </p><p>dominios dejando que las sombras le cobijasen unos segundos, los necesarios para </p><p>recomponerse de la sorpresa. </p><p> Dime algo que no sepa mascull el italiano. </p><p>Haba ganado algo de terreno, esperaba que el suficiente para montar una palanca y </p><p>levantar el mundo, o al menos la situacin entre los dos. Sigui al len y aguard sin </p><p>sentarse hasta ver qu haca l; aunque haba superado un par de escollos, estaba muy lejos </p><p>de sentirse en territorio seguro. </p><p> No tengo mucho tiempo as que di lo que tengas que decir. Si no continuaba </p><p>manteniendo la distancia con el italiano, muy pronto acabara corriendo a sujetarle para que </p><p>no cayese. Desde la primera mirada haba sospechado que algo no andaba bien con l, pero </p><p>ni muerto caera en una trampa tan poco sutil. Qu le importaba si se le vea ojeroso y ms </p><p>plido de lo normal? No era a l a quien quera a su lado para que le cuidase. </p><p> 9</p></li><li><p> Qu quieres que te diga? Ests al fondo de la guarida con todas las garras sacadas, y </p><p>me gustara saber cul de mis pecados imperdonables debera expiar primero. Es difcil </p><p>complacerte con tan pocas pistas. </p><p>Mala eleccin. En esos momentos lo peor que poda hacer era intentar acorralarlo, </p><p>mostrarle sus debilidades. Se supona que estaba all para disculpa...</p></li></ul>