Tercer Grito

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Tercer Grito

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  • Tercer grito

    Era tarde temprana. La luz del medioda entraba por el ventanal y caa directamente sobre

    la figura yacente sobre el lecho de la amplia habitacin, deslumbrndola. DeathMask

    rebull, gimi, y finalmente se resign a abrir los ojos. Afrodita, que lo vigilaba desde un

    silln junto al lecho, le alarg un vaso de agua con el ademn de quien ha hecho lo mismo

    muchas veces.

    Cunto tiempo ha sido esta vez?

    La voz de DeathMask sonaba pastosa. Despertarse en el templo de Piscis le daba una cierta

    idea de lo que deba haber sucedido, pero estaba desorientado respecto al alcance de lo

    ocurrido.

    Veintin das.

    El italiano mascull una blasfemia mientras se incorporaba y beba el agua lentamente.

    Cuando termin dej el vaso en la mesilla y se sent en el borde de la cama. Hizo ademn

    de preguntar algo a Afrodita, pero no consigui encontrar las palabras y guard silencio; el

    sueco no obstante adivin lo que quera saber incluso sin necesidad de que lo dijera.

    Te vel la primera noche. Al amanecer se lo llevaron.

    Hasta cundo estar retirado?

    Sali ayer.

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  • DeathMask frunci el ceo. No era difcil adivinar por qu Aioria no haba ido a visitarle

    despus de salir; no habiendo recibido ningn mensaje del italiano mientras estaba preso,

    deba de estar furioso. O ms probablemente, decepcionado.

    Imagino que no se te ocurri ir a explicarle lo que pasaba.

    No me pareci una buena opcin. Cuando se fue no tena buena pinta.

    Qu quieres decir?

    Delirabas en sueos. Llamaste a Alessandro varias veces.

    El albino maldijo de nuevo en voz alta, mirando a Afrodita con expresin torva.

    Y por supuesto t no le aclaraste nada.

    El sueco le devolvi la mirada, con calma aplastante.

    Evidentemente no puedo contar una cosa y no contarla a la vez.

    DeathMask asinti. Se levant de la cama, un poco tambaleante, y se estir despacio,

    haciendo crujir todos los huesos poco a poco entre muecas de desagrado mientras iba

    recuperando la sensibilidad lentamente.

    Voy a mi templo. Necesito una ducha. Mir de hito en hito a Afrodita Siento que

    hayas tenido que vivir esto otra vez.

    El sueco desech la disculpa con un gesto de la mano; los dos se haban velado el uno al

    otro infinidad de veces, y Afrodita odiaba que el italiano se culpabilizara a s mismo cada

    vez que ello suceda.

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  • Qu vas a hacer?

    DeathMask suspir y se encogi de hombros.

    Bajar a verle, qu otra cosa puedo hacer si no? una sonrisa se abri paso por su

    rostro cansado Si ves un relmpago, ven a defenderme.

    Afrodita levant una ceja en su direccin con expresin inmutable.

    No pienso hacerlo. finalmente le devolvi la sonrisaNo me gustan nada las

    tormentas.

    No mucho ms tarde DeathMask lleg hasta la puerta de Leo y se confes que se senta

    inseguro. No saba qu poda esperar, o qu le preocupaba ms encontrar, si un len furioso

    o uno dolido. En cualquier caso no quiso detenerse a pensarlo, simplemente encendi su

    cosmos a modo de llamada y aguard; si Aioria no le franqueaba el paso, simplemente se

    ira a su casa y lo dara todo por terminado. La posibilidad le hizo sentir una punzada de

    miedo.

    En poco tiempo alguien abri la puerta del templo, pero no se trataba del len sino de Litos.

    Sus grandes ojos estudiaron al caballero que tena frente a ella sin disimulo, reducindolo, a

    su parecer, al nivel de un simple mortal. Y tal y como no esconda su escrutinio, igual hizo

    al mostrarle el desagrado que le produca el verle all, lo molesto que resultaba tenerle de

    frente despus de que Aioria hubiese impuesto su presencia en el templo. Llevaba los

    suficientes aos sirviendo al len estelar como para que nada se le escapase, como para

    olvidar ciertos episodios de su vida bastante desagradables que mucho tenan que ver con el

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  • hombre parado frente a la puerta del que ella consideraba, ms que un lugar de trabajo, su

    hogar. Conoca tanto a Aioria como para amarlo, para sentirse dolida al ver que de nuevo

    elega a un compaero inadecuado para l.

    Qu desea?

    El italiano vacil antes de responder. Aioria no se haba dignado a abrirle l mismo,

    tratndole como a un desconocido. Bien, al menos ya saba lo que haba en la guarida: un

    len herido. Le devolvi la mirada a la muchacha sin alterarse. No le faltaba costumbre en

    aguantar escaneos, y no poda por menos que comprender a la chica; no deba ser fcil estar

    enamorada de alguien tan promiscuo como Aioria, y si probablemente habra sentido celos

    de sus otros amantes, sin duda la intrusin de alguien como l, a sus ojos casi adolescentes

    un monstruo con total certeza, deba de resultarle inadmisible.

    S, ya lo s, se merece alguien mejor. Pero que me cuelguen si me voy a volver a amilanar

    por eso. Tengo una cuenta pendiente con l.

    Ver a tu seor respondi al fin, sencillamente.

    Eso es imposible de momento, el seor Aioria acaba de volver de un largo viaje y

    necesita descanso.

    Y que se atreviese a intentar desmentir sus palabras. Las rdenes eran no dejar pasar a

    nadie, no dar explicaciones y mucho menos aumentar el ro de rumores que seguramente

    circularan acerca del castigo al len dorado. El orgullo de Aioria estaba demasiado

    maltrecho. Ella, que tantas veces le vio perdido en el pasado, no encontraba justificacin

    para el desnimo que se haba apoderado de l; al menos no lo hizo hasta que encontr una

    vez ms a aquel hombre frente a su puerta. Un intruso que se le estaba metiendo en las

    venas a su seor, alejndolo de ella como tan solo Escorpio consiguiese hacer hasta el

    momento. Y no lograba entenderlo; porque el custodio de Cncer se ceb en la pena de su

    seor una y otra vez durante aos, recordndole incesantemente la desgracia familiar que

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  • acarreaba sobre sus hombros, atacndole por la espalda, infligindole heridas ms

    profundas que las fsicas. Si por ella fuese, DeathMask no habra franqueado jams las

    puertas del quinto templo, porque desde el primer da en que le vio entrar junto a su dueo

    supo que no traera con l ms que desgracias.

    Vuelva en un par de das, seguro que entonces le recibe. Dando fuerza a sus palabras

    comenz a cerrar la puerta.

    La desconfianza de la muchacha era ms que patente para el italiano, quien no tuvo ms

    remedio que reconocer que era perspicaz; no haba tardado ni un minuto en adivinar que si

    su seor tena problemas, sin duda estaban relacionados con el hombre de aspecto

    desagradable parado en el vano. DeathMask se inclin hacia ella.

    Litos le dijo con suavidad al tiempo que impeda que le cerrase la puerta en las

    narices, hazme un favor. La mir atrapndola en sus intensas pupilas rojas, que ardan

    con fiereza desmintiendo su tono amable Ve y dile a tu seor que estoy esperando en la

    puerta y que si no me deja entrar acabar lo que ya empec en otra ocasin y echar abajo a

    patadas su jodido templo de mierda.

    La muchacha no se amilan por su aspecto feroz, consciente de que al dorado no le

    interesaba que ella fuese con quejas ante Aioria, as que continu manteniendo la puerta

    entreabierta con firmeza, pero el alivio que se expandi por todo su ser al sentir a su seor

    tras ella fue totalmente visible en su mirada victoriosa. Ahora, el intruso tendra que lidiar

    directamente con Aioria, y esperaba con todas sus fuerzas que esta vez no le dejase

    franquear la entrada.

    No eres muy amable tratando de intimidar de esa forma a mi sirvienta.

    El tono hosco de aquella voz precedi a la mano que se apoy en el marco de la puerta un

    momento antes de que el cuerpo del len asomase por completo. La mirada de Aioria se

    clav en el italiano con evidente molestia. Se mostraba serio, distante; el mentn tenso que,

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  • cubierto por una capa de vello fruto de los das de dejadez en su retiro involuntario, haca

    ms pronunciados los firmes rasgos caractersticos de su patria.

    Ya me encargo yo de esto. Al no recibir repuesta volvi su mirada hacia la

    muchacha y cada uno de sus gestos se dulcific, aunque el tono de su voz no admita

    rplica alguna; se agach ligeramente, aun cuando Litos posea una altura considerable, y la

    bes en la cabeza como haca desde que era tan solo una nia Te llamar si te necesito.

    Ignorando la expresin de censura que mostraron sus ojos esper a que se marchara y

    despus, apoyndose en la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho y ya sin rastro

    alguno de ternura en el rostro, aguard a que el cangrejo se dignase a hablar, dejndole

    muy claro que no sera invitado a traspasar el umbral.Y bien?

    DeathMask no se inmut ante la postura defensiva del len y su negativa a dejarle entrar;

    ambas cosas eran predecibles. Lo que no haba esperado el italiano era que su corazn se

    desbocara de aquella manera ridcula al tener delante a Aioria, dejndole temporalmente sin

    palabras.

    No tienes buen aspecto.

    Menta. Descaradamente. Pero el ego del len le llev a pasar una mano por la rasposa

    barba; haba pensado en quitrsela nada ms llegar a su templo, pero en vez de eso se haba

    metido en la cama hasta haca poco ms de una hora. Ms que su cuerpo era la mente la

    necesitada de descanso, abstraerse de todo lo que estuviese fuera de las paredes de su

    santuario. Dejar de pensar en l por unas horas, unos minutos seran incluso suficientes

    para encontrar un poco de calma. La m