Zarate el Temible Willka

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    07-Aug-2015

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Historio de la revolucin india en Bolivia

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CONCLUSIN

Al decidirnos a dar por concluido el presente trabajo, consideramos indis pensable formular, a manera de breve esbozo de sntesis, un ltim o conjunto de reflexiones:

Perspectiva histricaLa rebelin acaudillada por Pablo Zarate W illka, en el curso de los ltimos aos del pasado siglo, fue una de las ms grandes conm ociones sociales promovidas y realizadas por la poblacin indgena de Bolivia. N i antes ni despus, registra el acontecer nacional un m ovim iento similar de tan vastas proporciones ni de tan ambiciosos fines e impresionantes hechos. Precedida por aisladas reacciones em ocionales y locales contra la creciente expansin del latifundio, fue la ms acabada expresin de las aspiraciones de reivin dicacin agraria y em ancipacin social y poltica de las nacionalidades indgenas de la R epblica de Bolivia. Apreciada en la natural perspectiva histrica configurada por la sucesin de los hechos histricos que le preceden desde la fundacin de la R ep blica, fue la culminacin de dos grandes procesos de conflagracin social ocurridos entre las minoras dominantes del pas y las mayoras agrarias del mismo, procesos gestados y provocados por dos causas: La primera se hallaba representada, en prim er lugar, por el m enospreciado estado de opresin econm ica y social en que, dentro la subsistente sociedad de castas, se encontraban las poblaciones indgenas conver tidas, a partir de la conquista peninsular, de prsperas y florecientes nacionalidades en castas subyugadas, y, en segundo lugar, por la natural necesidad de liberacin resultante de ese estado. La segunda, que en realidad no es nada ms que un parti cular fenm eno de las generales condiciones de opresin econm ica anterior mente mencionadas, se encontraba encarnada por la conversin de la propiedad comunal en pertenencia particular, por un lado, y en la consiguiente tendencia a la recuperacin de la tierra usurpada. La creciente acentuacin experim entada por estos agentes de perturbacin social a raz de la progresiva ruina industrial de la nacin en los primeros aos de vida republicana, ocasionaron esos dos grandes procesos de con m ocin social en el campo.

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El prim ero se inici por efecto de la usurpacin de tierras comunarias autori zada por el decreto de 20 de marzo de 1866 y por la ley de 28 de septiembre de 1868, lleg a su instante de crisis con los m uchos levantamientos y consiguientes expediciones punitivas ocurridas en los aos 1869 y 1870, y culm in con la inter vencin de las comunidades indgenas en la insurreccin que abati y derroc al responsable de esas medidas depredatorias. El segundo se inici com o consecuencia del despojo de tierras de comunidad operado al amparo de las leyes de ex-vinculacin promulgadas entre los aos 1874 y 1895, alcanz su mayor desarrollo en los aos 1895 y 1896 y term in con la rebelin indgena provocada por la revolucin poltico-regional proclamada a fines de 1898 en la ciudad de La Paz. Cuando, con anterioridad a este pronunciam iento, la plutocracia del sur, repre sentada por las fracciones polticas conservadoras, tom el poder, la gran mayora de la poblacin indgena se hizo adicta fantica del partido liberal. Adm iti la prdica dem aggica de aqul y cifr sus esperanzas de una vida m ejor en los fementidos propsitos pregonados por los agentes proselitistas de ese partido. Llegado el ao 1898, la crisis poltica entre las facciones en pugna, por un lado, y la social entre los pueblos del norte y del sur, por el otro, alcanzaron su m om ento de mayor vicisitud. Proclamada en La Paz la mal llamada revolucin federal, com o directa conse cuencia de ambas, fraternizaron en esa ciudad los partidos polticos rivales con el aparente propsito de perseguir la realizacin de un fin com n. C om o la rebelin, en las condiciones que los revolucionarios se encontraban, importaba una empresa descabellada, acudieron aqullos a la utilizacin de recursos extremos: gestionaron la adquisicin de armas en la vecina R ep blica peruana y llamaron en su auxilio a la poblacin campesina tradicionalm ente adicta ya al partido liberal cuya jefatura dirigi, a la postre, la revolucin. La participacin de las nacionalidades autctonas en la guerra civil emergente, llev al terreno de la lucha las particulares tendencias de em ancipacin y reivindi cacin de la poblacin campesina. Las proporciones nacionales de la guerra civil generalizaron el levantamiento en la mayor parte de la zona andina e hicieron posible la unificacin de miras y la centralizacin del alzamiento indgena bajo un solo mando, excluida la actitud disidente de algunas comunidades indgenas cismticas com o la de Unala. La violencia de la guerra civil en con y estimul el furor blico de colonos y comunarios, de tal suerte que en determ inado m om ento de la guerra civil, el levan tamiento indgena com enz a orientarse gradual y paulatinamente hacia metas propias, inevitable resultado de las particulares am biciones con que la poblacin indgena concurra a la conflagracin civil. La lucha prosigui, y, en m edio de la atmsfera de iniquidad y barbarie desatada por la rebelin del norte, acab por abrirse paso una fuerte corrien te de liberacin

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social puesta en marcha, con em puje vigoroso, por una gran parte de la poblacin aborigen encabezada por Zarate W illka y por un puado de audaces caudillos indgenas. Es grandem ente penoso que, en lo concern iente a estas tendencias, la escasez de docum entos no nos permita hacer afirm aciones con absoluta entereza de convic cin, afirm aciones claram ente formuladas. Es, por otra parte, desalentador tener que sentirnos obligados a confesar nuestra ntima inconform idad con las muchas lagunas e interrogantes que infortunadam ente deben perm anecer sin solucin ni respuesta. N o son pocos los frutos provechosos de nuestro em peo inquisitorio, pero son muchas tam bin las sombras que impiden la deseable percepcin del campo estudiado. Diferentes y crecidos en nm ero han sido los escollos y difi cultades que nos fue im perioso salvar y superar para obtener nociones aproxi madas de la realidad sujeta a exam en. M uchas son las sugestiones procedentes de la tradicin oral, y escaso el nm ero de los testimonios veraces que las confirm an o rectifican. Por esto, muchas de nuestras aseveraciones no tienen otro carcter que el de simples enunciados hipotticos sujetos a verificacin posterior, aunque los esclarecimientos de esta segunda edicin les proporcionen mayor elocuencia, firmeza y verosimilitud. En tal situacin se encuentra la conjetura segn la cual el caudillo Zrate W illka fue el inspirador y prom otor de las tendencias de liberacin total, demostradas por la poblacin indgena en el curso de la guerra civil y con posterioridad a ella. Por desgracia, no existen docum entos que permitan aseverar con convencim iento absoluto este aserto. Tal suposicin se halla fundada en declaraciones judiciales de sindicados y testigos, y en inferencias expuestas por ju eces, defensores y acusadores pblicos, y no en testim onios que, a semejanza de las proclamas o cartas confiden ciales, sean capaces de revelar directam ente que, en efecto, Zrate W illka indujo a las poblaciones autctonas a levantarse contra las minoras blancas. Sin duda, la proclama de C aracollo formulada por los W illka en 28 de marzo de 1899, slo conocida por el autor con posterioridad a la primera edicin de este libro, es un docum ento que contribuye grandem ente a iluminar la responsabi lidad de Zrate W illka en la obra de reorientacin y consiguiente conversin del movimiento autctono de apoyo a la revolucin liberal del norte en m ovim iento independiente de em ancipacin indgena. Gracias a ella sabernos, por ejemplo, que Zrate W illka profesaba la doctrina segn la cual: la sociedad andina deba retornar un da al antiguo orden prehispnico o por lo menos a uno parecido, y esto hace suponer su intencin de favorecer, en los hechos, la vuelta del mismo aprovechando el estado de guerra (Pachacuti) en el que intervino. N o es tam poco desestimable, com o elem ento de verificacin, el sugestivo hecho constituido por la estrecha unidad de pretensiones demostradas por todos aque llos levantamientos iniciados a instancias de Pablo Zrate W illka con el aparente propsito de coadyuvar a la revolucin del norte.

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Es sugerente que justam ente los levantamientos producidos por obra de las instrucciones escritas de Zarate W illka se hallen animados, por lo m enos, de cinco pretensiones: I a La restitucin de las tierras de origen. 2 a La guerra de exterm inio contra las minoras dom inantes. 3a La constitucin de un gobierno indgena. 4a El desconocim iento de las autoridades revolucionarias. 5a El recon ocim ien to de Zarate W illka com o je fe supremo de la insurreccin autctona. Tales circunstancias se presentan, de m odo uniform e, en los sucesos de M ohoza, Peas y Sacaca, es decir, en tres series de acontecim ientos ocurridos una vez que Zrate W illka solicit a las parcialidades indgenas de esos lugares su concurso a las fuerzas revolucionarias. N inguna de esas circunstancias, por el contrario, se presentan en la rebelin de Umala, lo que parece indicar que fue realm ente Zrate W illka el prom otor de las tendencias de liberacin que tuvo su ms audaz expre sin en la constitucin del gobierno indgena de Peas. Causalmente considerada la rebelin indgena acaudillada por Zrate W illka resulta de causas que, de manera esquemtica, se reducen a cuatro: dos necesarias y dos contingentes. Es la primera, el estado de opresin social de las mayoras cam pe sinas, y la segunda, la creciente expansin del latifundio en perjuicio de las tierras de comunidad. La tercera se halla encarnada por la accin instigadora desplegada por los revolucionarios del norte en su desesperado em peo de im poner sus ambi ciones de poder. La cuarta, finalm ente, se encuentra representada por las provoca ciones y agravios infligidos a los indgenas por las fuerzas beligerantes. La rebelin indgena fracas, por otra parte, debido a las siguientes causas: I a La deficiencia de los elem entos blicos utilizados por las huestes de Zrate W illka. 2a La conducta disidente de muchas comunidades indgenas aimaras m condicionalmente puestas al servicio de los intereses polticos de los revolucionarios. 3 a La actitud represiva de las fuerzas rebeldes. 4 a La prematura conclusin de la guerra civil.

Fuentes prehispnicas de inspiracin en la ideologadel m ovim ientoHoy ms que ayer, finalm ente, nos encontram os lejos de considerar a los levan tamientos campesinos com o simples y desordenadas reacciones del instinto o del espritu de represalia provocado por el resentim iento nacido de la opresin en el fuero interno de los expoliados labriegos andinos. Ellos se levantaron, sin duda, al calor de esos incentivos pero, ante todo, no slo por estmulos de orden incidental o por factores de hecho, sino por obra de una conciencia bsicamente iluminada por sus antiguas tradiciones histrico-polticas y religiosas. Tal hecho no tiene nada de particular. H a ocurrido tam bin en otras latitudes que por lo enteram ente distantes de las nuestras no admite ser concebido com o resultado de ninguna dependencia gentica posible.

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El doctor don M anuel Sarkisyanz.de la Universidad de H eidelberg,por ejemplo, nos ha hecho con ocer las ms sobresalientes caractersticas del 'budismo popular mesinico com o ideologa de las rebeliones campesinas birmanesas durante la deci monovena y vigsima centurias,1 y es sorprendente com probar com o el concepto del declive del orden moral del mundo com o sntoma de la term inacin de un ciclo fue, all com o aqu, el pensam iento que condicion la creencia en la proxi midad del retorno de la regeneracin de la sociedad y en la consiguiente necesidad de seguir al conductor m esinico, en nuestro caso: el W illka, hom bre-sol o je fe sagrado y providencial predestinado al triunfo. Tal convergencia es enteram ente explicable si recordamos que com o lo ha explicado Jos Im belloni tanto el sudeste del Asia com o la zona andina perte necen al mismo m bito de los grandes estados protohistricos del mundo, y sin que nos sea im prescindiblem ente necesario admitir las conclusiones difusionistas del expresado etnlogo preexistan, por lo mismo, en una y otra, en lo esencial, las analogas seculares que hicieron posible la referida convergencia. Lo evidente de todo es que segn acabamos de sugerir el m ito de las cuatro edades y sus consiguientes convicciones cclicas regenerativas particular mente la relativa a la esperanza mesinica de una nueva edad, son compartidas en trm inos del profesor Sarkisyanz por las ms representativas culturas humanas, desde las arcaicas o protohistricas hasta las postmedievales en contextos de reli giones universales profesadas precipuamente por las poblaciones campesinas, tal com o lo han docum entado, aparte del profesor Sarkisyanz en 1955, C lem ea Ileto en 1979 respecto al catolicism o rural com o ideologa de los levantamientos rurales filipinos , y Servier en 1967 respecto a la tradicin de los parasos terres tres o islas benditas .2 Q uiz la universalidad de tales arquetipos m ticos se explica ms que por la preexistencia de una sola tradicin universalmente difundida en tiempos proto histricos por la observacin espontneam ente universal del acaecer natural del da y la noche, del mes lunar y del ao solar, y de la vuelta cclicam ente repetida de las estaciones, observacin independientem ente posible, de acuerdo con los principios bsicos de la teora de la convergencia postulada en el siglo pasado por Adolfo Bastin, a la que no es ajeno el anlisis de la universalidad del concepto de la regeneracin cclica del mundo vegetal prioritaria y seductoram ente estudiado y docum entado por Jam es Frazer en L a ram a de oro. Tales conceptos filosficos bsicos no pudieron ser, as, simple herencia muerta del pasado protohistrico sino corolario perm anente de une funcin viva, propia de las sociedades rurales ordinariam ente contradas a la observacin de las regulari

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M. Sarkisyanz, Mesianic Folk-Buddihisin as idiology o f peasant revolts in mineteentha and early twentieth century Burma, Apud R ev iew o f R elig io u s Research, fall, 1968. Fragenzum problem des chronologischen Verhaltnisses des Buddhistischen Modernismus in Ceylon und Birma, apud B uddhism in Ceylon, etc. A Abhandlungen der Akademie der Wissenschaften in Gttingen, Gottinga, 1978. Del Ph. D. don Manuel Sarkisyanz a R . Condarco Morales, Heildelberg, 13 de mayo de 1983.

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dades anuales gracias a las cuales la vida se regenera cclicam ente. Desde este punto de vista, quiz no es casual que W illka en jaqaru signifique sol, es decir el astro que siempre vuelve.

El liberalismo y federalismo del m ovim iento indgenaSi bien no cabe duda que la ideologa de la rebelin campesina acaudillada por Zrate W illka se encontraba fundam entalm ente inspirada en el tradicional p...