Zarate Jesus - La Carcel

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    21-Jul-2016

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  • Jess ZrateLA CRCEL Herederos de Jess Zrate, 1972Editorial Planeta, S. A.

  • Primera parteLa rata

    MIRCOLES. OCTUBRE 14sta es la definicin de la ley: algo que puede serviolado. GILBERTK. CHESTERTON

    MI NOMBRE ESANTNCASTN.En realidad, me llamo Antonio Castn. Pero en la escuela, siendomuy nio, por una concesin cordial, mis compaeros decidieron des-pojar la palabra de las dos ltimas letras. Letras intiles, desde entoncesyo mismo me encargu de echarles encima la tierra del olvido.Esta mutilacin verbal, lejos de deformar mi personalidad, la hadefinido y completado. Antn me caracteriza civilmente, puesto queconserva en esencia mi verdadero nombre. Por otro lado, Antn idealizaun poco la vulgaridad de Antonio.Antonio es nombre de patricio o de santo, y yo no tengo nada de louno ni de lo otro. Antn se aproxima ms a mis autnticas disposiciones,puesto que es nombre de revolucionario o de prisionero. Siendo la formaaceptada y comn de mi identificacin legal, es a la vez mi ttulo deguerra. Llamarse Antn es como llevar en la vida una bandera.Antonio es nombre para inscribirse en el censo nacional. Es nombrede estadstica tributaria y de catastro urbano. Por el contrario, Antn esun nombre de letras, como se deca antiguamente para calificar lo queimplicaba una actividad intelectual. Antn sera un buen seudnimopara escribir versos o novelas.Un da, Mister Alba me dijo:Antonio es nombre de decadentes cadencias latinas. Antn esnombre de mstica precisin eslava. Hizo usted bien en cambiarse elnombre. En esta crcel, como en la historia de Roma, todos los hroes sellaman Antonio.No siendo yo latino, sino latinizado a la fuerza, por asimilacinaccidental, Antn me sirve para desatarme una cadena. La voz, agudacomo una orden militar, es a la vez mi gracia y mi apodo. Esta dualidadme desvincula de las limitaciones espirituales de una raza y de un pueblo

  • 682 Jess Zaratey me convierte en lo que efectivamente quiero ser: una parteinsignificante pero sustancial de la humanidad.He mencionado las cadenas. De cadenas va a hablarse mucho en estelibro. Tal vez se sea el secreto de mi complacencia con la decisininfantil que me bautiz en aquella forma. Antonio fue el nombre que meimpuso la ley de una larga tradicin familiar, cultural y religiosa,ineludible e impositiva. Antn es el nombre con que yo violo esa ley.Antn fue el nombre que me dio la amistad, es decir, la libertad.Antn es el nico modo que me queda de ser libre.Cuando yo era lo que se llama un hombre libre, todo esto meimportaba muy poco. Bajo el rgimen de la eleccin individual da lomismo llamarse de cualquier modo. En esas condiciones est permitidohasta el lujo bastardo y hermoso de carecer de nombre y apellido. Bastaentonces con saber que uno es un ser humano.En la crcel, al tocarme el cuerpo y esculcarme el alma, encuentroslo la protuberancia remanente de mi nombre, y eso ya es un consuelo.La crcel me ha despojado de todo, menos de una conviccin quesobrevive an en el seno de mi conciencia, y es que todava puedoparecerme a un hombre libre. A pesar del nmero conque aqu me hanmarcado, me queda todava una tabla de salvacin, puesto que me quedael refugio ntimo de mi nombre, para conservar la certidumbre de quesigo perteneciendo al gnero humano.JUEVES. OCTUBRE 15Adonde iramos a parar, si en seguida em-pezramos a hablar de nuestra inocencia?FRANZKAFKA

    No S POR QU me he decidido a empezar este libro. Con toda sencillez,sin un propsito literario concreto, como quien abre la llave del aguacorriente, ayer result escribindolo.Ayer cumpl tres aos en la crcel. Quizs el hito sombro delaniversario explique el impulso inconsciente que me llev a emprenderesta tarea.Ahora, ya no puedo abandonarla. El ro de mi voz ya no puede dejarde correr.Dispongo de un lpiz y de algunas hojas de papel que me regalDavid. El mayor problema lo ofrece la dificultad de sacarle punta allpiz. Para ello he de valerme de un guardin que no muestra muy buenadisposicin de colaborar. Tendr que circunscribir mi inspiracin almbito de la bondad o del capricho del guardin. En la crcel, el geniodepende un poco de la punta de un lpiz.La inquietud de escribir algo me acosaba desde haca varias sema-nas, aunque no lograba decidirme sobre el medio que deba adoptarpara consignar mis pensamientos y ordenar mis experiencias y recuer-dos. El verso exige un don de profeca csmica del que yo carezco. Lanovela es un espejo en un camino, como dijo Stendhal, y en la crcel nohay espejo ni camino. El teatro sera ms adecuado, pero el teatro imita

  • La crcel 683tan mal la realidad, que el teatro me da siempre ms miedo que la vida.Las memorias son una venganza de los estadistas en decadencia o unacoquetera de relaciones pblicas de las damas galantes. El ensayo esfilosofa periodstica, algo as como decir religin irreligiosa.No me quedaba ms recurso que el diario. Y no me arrepiento. Apesar de estar desacreditado tambin, el diario es el instrumento deexpresin ms honesto, porque es el nico que desde el principio se sabeque no es sincero. No pretende adivinar, como el verso, ni colabora en lalocura, como la novela, ni aspira a suplantar la verdad, como el teatro, nise maquilla el rostro, como las memorias, ni posa de pedante, como elensavo. Participa, sin embargo, de los ingredientes de todos esos estilos,los buenos y los malos, aunque bien dosificados. Entre todos ellos, eldiario es la manera ms inofensiva de mentir.Adems, siendo la crcel tan verdadera y tan falsa como la mismaliteratura, el diario es por excelencia un gnero literario para presos. Noes muy exigente que digamos. No impone pensar, sino llenar conpalabras la soledad y el silencio. No obliga a correr, como el periodismo:pensar en correr, en la crcel, no deja de ser una irona. El diario estambin un instrumento cmodo para los ignorantes. El diario puede serla cmara de una cinematografa popular, el apunte cotidiano de untendero, el cuadro instantneo de un fotgrafo ambulante, la pubertadlrica de una muchacha, la contabilidad incisiva de un muerto dehambre. Ser tan fcil que hasta hombres que no han estado presos hanescrito diarios.Se me ha agotado la punta del lpiz. El guardin est lejos y, comoes tarde, no puedo gritar para llamarlo.Mister Alba se ha quitado la camisa. Se prepara para dormir. Sincamisa, no s por qu, se hace ms notoria en su rostro la falta de un ojo.Su barriga muestra un brillante tatuaje que imita a la perfeccin lacuchilla de una navaja barbera. Dos o tres olas de gordura ondulanteesconden o muestran el tatuaje segn la voluntad respiratoria de MisterAlba.Es un tatuaje bien expresivo en un preso que no es un asesino.Siempre me ha llamado la atencin este tatuaje estomacal, cuando, porlo comn, el pecho y los brazos son el campo preferido para esta suertede paleografa epidrmica. Al verme titubeando con el lpiz sobre elpapel, Mister Alba se lleva la mano al tatuaje. Ante mis ojos ocurreentonces algo que no puedo creer.Como quien se quita las gafas, Mister Alba se despoja del tatuaje, ypone en mis manos la cuchilla de una navaja barbera, sin cierre y sincabo, pero con un ribete de plstico en el filo. Es una cuchilla real. Tanreal que antes pareca un tatuaje.Miro sucesivamente la navaja y los ojos de Mister Alba. Me doycuenta de que, efectivamente, lo que Mister Alba me acaba de revelar noes un dibujo chino en la piel, sino una incisin en forma de cuchilla, unarepisa en la carne, en la cual se coloca el arma, que adquiere entoncestodo el aspecto de un tatuaje. Es una obra perfecta de incrustacin del

  • 684 Jess Zaratemetal en el cuerpo humano. Con una muela, un dentista no hara unaobra de arte semejante.Me lo hicieron en Panam explica Mister Alba. Despus ledir cul es el procedimiento.Y sonre orgulloso cuando yo empiezo a sacarle punta al lpiz. Lehablo en voz baja.Es raro que no lo hayan descubierto.Ni lo descubrirn mientras no me toquen contesta MisterAlba. Un polica le toca todo a un preso. Todo menos el vientre. La leyslo le toca el vientre a las mujeres.

    VIERNES. OCTUBRE 16Ser libre, no es querer hacer lo que se quiere, sinoquerer hacer lo que se puede.JEANPAULSARTRE

    ACOSTADO EN EL CAMASTRO, cuando apenas acabo de abrir los ojos,percibo el trajn asiduo y conocido.Miro hacia el suelo, hacia los ladrillos que a fuerza de no serfregados han acabado por perder su brillo rojizo original. Ah est elzapato.Observando el zapato da a da, antes que descubriera cul era elresorte secreto o la energa desconocida que lo impulsaba a moverse,pas una poca que puede considerarse la ms feliz, si aqu cabe lapalabra, de mis tres aos de confinamiento. El estpido letargo delencierro se rompi por un tiempo con la perspectiva luminosa delmilagro. El zapato que caminaba por s solo representaba para m lapuerta de la poesa, la promesa de la libertad, el halago del ensueo; elescape, en fin, hacia todo lo que la crcel me haba robado. Puesto queexista un misterio yo volva a ser un hombre, y no cualquier hombre,sino un ser atrado a lo inexplicable por el hilo maravilloso de la fantasa.Aquello se repite todas las maanas. Me despierto, y como si el actode abandonar el sueo estuviese comunicado con el zapato por medio dealguna antena invisible, automticamente el zapato empieza a moverse.Poco despus la rata asoma la trompa hmeda poblada de unos dientesinfantiles y chistosos. Me mira con cierta burla irracionalmente humana,y de un salto se hunde en el tnel que la conduce al festn de la basura. Dealgn modo la rata ha descubierto que esto es una crcel, una zonaprohibida, y que ella tiene el honor de ser compaera de Mister Alba.Por eso se porta como una rata excepcional, durmiendo de noche en lacrcel y merodeando de da entre los desperdicios de la libertad.De los cuatro hombres que compartimos la celda, Braulio Coral letiene franca antipata a la rata. Braulio tiene celos de la rata. DavidFresno, en cambio, la quiere como yo. En cuanto a Mister Alba, eso esotra historia. Mister Alba ha tratado de domesticarla.

  • La crcel 685Una tarde, despus de una salida, al regresar a la crcel, MisterAlba sac del bolsillo una cadena de metal, semejante a las que se usanpara atar a los perros, pero mucho ms fina y liviana.Qu es eso? le pregunt David.En lenguaje proletario, es un smbolo del capitalismo opresor;tejido de plata, o sea plusvala en cadena.Qu?En lenguaje marxista, una cadena de plata.Cmo pudo pasarla, sin que lo descubrieran?Aprovech la hora del dlar.Cul es la hora del dolar?La hora en que los carceleros no ven.No veo para qu quiere la cadena.Para qu ha de ser? Para atar a la rata.Va a amaestrarla?En los Estados Unidos, un preso, un tal Stroud, se hizo famosocriando canarios, que son un smbolo de la libertad. Por cierto, el talStroud soaba con recobrar la libertad para establecer una granja yseguir haciendo de carcelero de los canarios. Yo no vuelo tan alto comoStroud. Conozco el suelo que piso. Voy a amaestrar ratas, que son unsmbolo de la crcel. Se las vender a los presos. Ser bonito verlospaseando las ratas, tirando de las cadenas de las ratas.Para m, el descubrimiento de la rata destruy el milagro. Por untiempo no pude dejar de pensar que detrs de todo el misterio delhombre hay siempre una rata que se oculta y que salta. Desapareci elmisterio, y al aparecer la rata, descubr sin dificultad por qu desde elprimer momento me sent compenetrado con ella, la rata es un animalacorralado. La rata es como yo. En la zoologa social mi solidaridad conella proviene de que la rata es tambin un ser perseguido. Tenemos unvnculo recndito. Somos de la raza de los que huyen, del grupo de losque caen en trampas, de la especie de los que son cazados, de la familiade los que no deben vivir.Me levanto tan pronto como desaparece la rata. Debe de ser muytemprano, pues no hay luz ni se percibe el movimiento habitual de lacrcel en las primeras horas del da. Meto el pie en el zapato y puedocomprobar que an est caliente en una pequea zona interior. No tengoescrpulos, a pesar de que Braulio dice que la rata es infecciosa, como elperro del leproso. Eso me lleva a pensar que para m hay un hecho quedestaca la existencia de la rata con caracteres peculiares.De da, yo tengo mis zapatos puestos. Los zapatos son para llevarlosen los pies. No me ocupo de ellos. De da, mis zapatos no existen para m,puesto que son una parte de m mismo.Pero existen tambin los zapatos de Braulio Coral, quien pasa laprimera parte de la maana y la ltima hora de la tarde dedicado alimpiarlos. Los lustra incansablemente, hasta que brillan entre susmanos, deslumbrantes de oscuridad. Lo que sorprende es que los limpiepara no ponrselos. De ordinario calza alpargatas y as pasa el da hasta

  • 686 Jess Zarateque, de noche, rendido de lustrar zapatos, se libra tambin de 1; salpargatas.A la rata no se le ha ocurrido nunca preferir los zapatos higinicosde Braulio Coral a mis zapatos sucios. Quizs el descuido proletario queles da aspecto de basura es precisamente lo que ms le gusta de los mos.De todos modos, nunca se aloja en los zapatos de Braulio Coral, quien loscoloca de cierto modo, cerca de los mos, acaso con la esperanza noconfesada de que la rata pueda llenarlos alguna vez con el calor de sucuerpo y de su noche.Me atrevo a decir que el desprecio de la rata humilla mucho aBraulio Coral. Para l, los zapatos son el mecanismo fsico de la libertad.Son la carrillera de cuero que un da ha de sacarlo, como un tren, de laestacin de la crcel. Los brilla con frenes, como si con ellos quisieradarle lustre a la libertad. Braulio no le perdona a la rata el desprecio quemuestra por sus zapatos rutilantes.

    SBADO. OCTUBRE 17Once horas ms, hasta el relevo de la guardia. Iba avivir su noche ms larga, a noche interminable.EMMANUELROBLES

    EL LPIZ SE HA GASTADO TANTO que ya casi empiezo a escribir con laua. Por fortuna, ayer tarde David me prest una estilogrfica con lacondicin de que no escriba mucho. Mientras consigo otro lpiz tendrque ser breve.Me encuentro de nuevo, al amanecer, en el rincn donde un ensayofrustrado de pared ha dado lugar a que se coloquen all un aguamanil demetal y los cubos higinicos. En la celda, los otros tres hombres duermenan. Aunque una ventana enrejada que da al patio grande impide laacumulacin excesiva de la fetidez de nuestro sueo, en la celda serespiran las cien mil atmsferas de las profundidades terrestres de quehabla la geofsica. Sin embargo, en cierto modo, esta celda no constituyeuna desgracia aplastante, como esos calabozos que yo mismo he visto enotra crcel, a le cual fui muchas veces, no como prisionero, sino comohijo del alcaide que la tiranizaba.Despus de lavarme la cara, lo primero que hago es regar el rosal.Lo llamamos as, pero el rosal consiste en una rosa que siempre est viva,porque, siendo una rosa artificial, est destinada a demorarse en morir.Nunca supe cmo lleg la rosa a la prisin. Lo cierto fue que lleg y que,como un tributo a la belleza del mundo, resolvimos conservarla en lacelda. De todos modos, por ser espuria, era una flor apropiada para elambiente de invernadero de la crcel.Ms tarde, a Braulio Coral se le ocurri que la plantramos. En unataza de barro pusimos un poco de tierra y all clava...