Charles dickens oliver twist blog

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    14-Apr-2017

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  • Charles Dickens

    OLIVER TWIST

    CAPTULO UNO

    LOS PRIMEROS AOS

    DE OLIVER TWIST

    Una fra noche de invierno, en una pequea ciudad de Inglaterra, unos transentes

    hallaron a una joven y bella mujer tirada en la calle. Estaba muy enferma y pronto

    dara a luz un beb. Como no tena dinero, la llevaron al hospicio, una institucin

    regentada por la junta parroquial de la ciudad que daba cobijo a los necesitados. AE

    da siguiente naci su hijo y, poco despus, muri ella sin que nadie supiera quin era

    ni de dnde vena. Al nio lo llamaron Oliver Twist.

    En aquel hospicio pas Oliver los diez primeros meses de su vida. Transcurrido este

    tiempo, la junta parroquial lo envi a otro centro situado fuera de la ciudad donde

    vivan veinte o treinta hurfanos ms. Los pobrecillos estaban sometidos a la crueldad

    de la seora Mann, una mujer cuya avaricia la llevaba a apropiarse del dinero que la

    parroquia destinaba a cada nio para su manutencin. De modo, que aquellas

    indefensas criaturas pasaban mucha hambre, y la mayora enfermaba de privacin y

    fro.

    El da de su noveno cumpleaos, Oliver se encontraba encerrado en la carbonera con

    otros dos compaeros. Los tres haban sido castigados por haber cometido el

    imperdonable pecado de decir que tenan hambre. El seor Blumble, celador de la

    parroquia, se present de forma imprevista, hecho que sobresalt a la seora Mann. El

    hombre tena por costumbre anunciar su visita con antelacin, tiempo que la seora

    Mann aprovechaba para limpiar la casa y asear a los nios, ocultando as las malas

    condiciones en las que vivan los pobres muchachos.

    -Dios mio! Es usted, seor Bumble? -exclam horrorizada la seora Mann.

    Y, dirigin se en voz baja a la criada, orden:

    -Susan, sube a esos tres mocosos de la carbonera y lvalos inmediatamente.

    -Vengo a llevarme a Oliver Twist -dijo el celador-. Hoy cumple nueve aos y ya es

    mayor para permanecer aqu.

    -Ahora mismo lo traigo -dijo la seora Mann saliendo de la habitacin.

    Oliver lleg ante el seor Bumble limpio y peinado; nadie hubiera dicho que era el

    mismo muchacho que poco antes estaba cubierto de suciedad. Al poco rato, el celador

    y el nio abandonaban juntos el miserable lugar

    Oliver mir por ltima vez hacia atrs; a pesar de que all nunca haba recibido un

    gesto carioso ni una palabra bondadosa, una fuerte congoja se apoder de l.

    Cundo volver a ver a los nicos amigos que he tenido nunca?, se pregunt. Y, por

    primera vez en su vida, sinti el nio la sensacin de su soledad.

    Nada ms llegar al nuevo hospicio, Oliver fue llevado ante la junta parroquial y all, el

    seor Limbkins, que era el director, se dirigi a l.

    -Cmo te llamas, muchacho?

    Oliver, asustado, no contest; de repente, sinti un fuerte pescozn que le hizo

    echarse a llorar, haba sido el celador que se encontraba detrs de l.

    -Este chico es tonto -dijo un seor de chaleco blanco.

    -Chist! -orden el primero. Y, dirigindose a Oliver, dijo-: Hasta ahora, la parroquia

    te ha criado y mantenido, verdad? Bien, pues ya es hora de que hagas algo til. Ests

    aqu para aprender un oficio. Entendido?

    -S. S, seor-contest Oliver entre sollozos.

  • En el hospicio, el hambre segua

    atormentando a Oliver y a sus compaeros: slo les daban un cacillo de gachas al da,

    excepto los das de fiesta en que reciban, adems de las gachas, un trocito de pan. Al

    cabo de tres meses, los chicos decidieron cometer la osada de pedir ms comida y,

    tras echarlo a suertes, le toc a Oliver hacerlo. Aquella noche, despus de cenar,

    Oliver se levant de la mesa, se acerc al director y dijo:

    -Por favor, seor, quiero un poco ms.

    -Qu? -pregunt el seor Limbkins muy enfadado.

    -Por favor, seor, quiero un poco ms -repiti el muchacho.

    El chico fue encerrado durante una semana en un cuarto fro y oscuro; all pas los

    das y las noches llorando amargamente. Slo se le permita salir para ser azotado en

    el comedor delante de todos sus compaeros. El caso del insolente muchacho fue

    llevado a la junta parroquial; sta decidi poner un cartel en la puerta del hospicio

    ofreciend cnco libras a quien aceptara hacerse cargo de Oliver.

    El seor Gamfield era un hombre de rasgos groseros y gestos rudos, deshollinador de

    profesin. Una maana iba paseando por la calle, pensaba cmo podra pagar sus

    deudas; al pasar frente al hospicio, sus ojos se clavaron en el cartel recin colocado.

    -Sooo! -orden el seor Gamfield azotando a su burro.

    El hombre del chaleco blanco estaba en la puerta, y al momento entendi que

    Gamfield era el tipo de amo que le haca falta a Oliver; de modo que fue a llamar al

    seor Limbkins. ste sali inmediatamente y, al ver el inters que manifestaba el

    deshollinador por el muchacho, se frot las manos y dijo con aire apesadumbrado:

    -Usted quiere al chico para realizar un oficio peligroso; as que cinco libras nos

    parece mucho dinero.

    -Entonces, cunto me darn si me lo quedo? -pregunt Gamfield.

    -Tres libras y diez chelines -contest el director.

    -No seas tonto -dijo el seor del chaleco blanco-, llvatelo. Es exactamente el

    muchacho que necesitas. Unos cuantos palos le vendrn bien y no te preocupes por su

    manutencin: no est acostumbrado a llenar su estmago, ja, ja, ja!

    El trato qued inmediatamente cerrado. A continuacin, se orden al seor Bumble

    que llevara aquella misma tarde a OIver ante el juez para que aprobara y firmara el

    contrato. El magistrado se encontraba en una estancia enorme sentado detrs de un

    escitorio. Bumble coloc a Oliver frente a l y dijo:

    -ste es el muchacho, seora.

    El anciano se puso las gafas y sus ojos toparon con el rostro plido y aterrorizado de

    Oliver.

    -Muchachito! -dijo el anciano-. Por qu ests asustado?

    Oliver, desconcertado por el tono suave y benvolo del juez, cay de rodillas y,

    juntando las manos, suplic:

    -Por favor, seor! Mndeme al cuarto oscuro... mteme de hambre si quiere...; pero

    no me obligue a it con este hombre.

    Tras unos instantes de silencio, el juez dijo en tono solemne:

    -Me niego a firmar este contrato. Llvese al muchacho de nuevo al hospicio, y trtelo

    bien. Creo que lo necesita.

    A la maana siguiente, el cartel en el que se ofrecan cinco libras a quien quisiera

    llevarse a Oliver, estaba otra vez colocado en la puerta del hospicio. El primero en

    interesarse por el negocio fue el seor Sowerberry, encargado de la funeraria

    parroquial. Era un hombre esculido que siempre vesta un traje negro y rado.

    Despus de revisar minuciosamente al muchacho, decidi quedrselo.

    La junta parroquial decidi que Oliver se fuera con l aquella misma noche. Pero de

    camino a casa de su nuevo amo, el chico no pudo reprimir las lgrimas.

    -Eres el muchacho ms desagradecido que he visto en mi vida -le dijo el seor

    Bumble.

  • -No, no seor No soy desagradecido;

    pero es que me siento tan solo -contest Oliver entre sollozos-. Por favor, seor, no se

    enfade conmigo.

    Cuando llegaron a la funeraria del seor Sowerberry, Bumble orden a Oliver que se

    secara las lgrimas.

    -Aqu estoy con el muchacho.

    -Dios mo! -exclam la seora Sowerberry-. s muy pequeo.

    -S, es bastante pequeo, pero no se preocupe, seora -dijo el seor Bumble-, ya

    crecer.

    -Claro que crecer! -contest la mujer malhumorada-. Y quin lo va a pagar?

    Mantener a los nios de la parroquia cuesta ms de lo que se obtiene de ellos.

    Menudo ahorro!

    Y dirigindose a Oliver aadi:

    -Venga, talego de huesos.

    La mujer del dueo de la funeraria abri una pequea puerta y empuj a Oliver por

    una empinada escalera. Al final de ella, se encontraba la cocina, que era un stano de

    piedra hmeda y oscura. All sentada estaba una muchacha sucia y desastrada.

    -Charlotte -orden la seora Sowerberry-, dale a este muchacho algunas de las

    sobras que hemos apartado para Trip.

    Los ojos de Oliver se iluminaron al ver llegar el cuenco de comida y se lanz sobre

    unos restos que hasta el perro habn desdeado, Cuando hubo acabado de comer, la

    seora Sowerberry llev a Oliver hasta la tienda bajo cuyo mostrador haba puesto un

    viejo colchn.

    -Dormirs aqu. Supongo que no te molestar estar entre atades. Y si te molesta, te

    aguantas. No hay otro sitio.

    Solo ya en la funeraria, Oliver sinti un escalofro, el hueco donde estaba el colchn

    tambin pareca un sepulcro. Oliver lo mir y, por un momento, dese que aqulla

    fuera de verdad su tumba; as podra dormir eternamente y descansar en el cam-

    posanto, con la hierba acariciando su cabeza.

    CAPTULO DOS

    EN LA FUNERARIA

    Por la maana, unas violentas patadas en la puerta de la tienda despertaron a Oliver

    -Abre de una vez! -grit una voz detrs de la puerta.

    -Ya voy, seor -contest Oliver vistindose a toda prisa.

    -Supongo que eres el mocoso del hospicio -sigui la voz-. Cuntos aos tienes?

    -Tengo diez, seor

    Oliver abri la puerta con manos temblorosas, pero slo vio a un muchacho de la

    inclusa que estaba sentado en un mojn comiendo una rebanada de pan con

    mantequilla.

    -Perdone -dijo sliver-, es usted el que ha llamado?

    -Soy el que ha dado patadas -rectific el muchacho-. Veo que no sabes con quin

    ests hablando. Soy el seor Noah Claypole, y t eres mi subordinado.

    Diciendo esto, propin a Oliver una patada, y entr en la tienda pavonendose. Y es

    que, Noah era un acogido de la inclusa, per