Charles perrault

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    09-Jul-2015

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Seleccin de Cuentos del famoso escritor Charles Perrault

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<p>Barba AzulCharles PerraultTeodoro Bar (trad.)</p> <p>En otro tiempo viva un hombre que tena hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles muy adornados y carrozas doradas; pero, por desgracia, su barba era azul, color que le daba un aspecto tan feo y terrible que no haba mujer ni joven que no huyera a su vista.Una de sus vecinas, seora de rango, tena dos hijas muy hermosas. Pidiole una en matrimonio, dejando a la madre la eleccin de la que haba de ser su esposa. Ninguna de las jvenes quera casar con l y cada cual lo endosaba a la otra, sin que la otra ni la una se resolvieran a ser la mujer de un hombre que tena la barba azul. Adems, aumentaba su disgusto el hecho de que haba casado con varias mujeres y nadie saba lo que de ellas haba sido.Barba Azul, para trabar con ellas relaciones, llevolas con su madre, tres o cuatro amigos ntimos y algunas jvenes de la vecindad a una de sus casas de campo en la que permanecieron ocho das completos, que emplearon en paseos, partidos de caza y pesca, bailes y tertulias, sin dormir apenas y pasando las noches en decir chistes. Tan agradablemente se desliz el tiempo, que a la menor pareciole que el dueo de casa no tena la barba azul y que era un hombre muy bueno; y al regresar a la ciudad celebraron la boda.Al cabo de un mes Barba Azul dijo a su esposa que se vea obligado a hacer un viaje a provincias, que a lo menos durara seis semanas, siendo importante el asunto que a viajar le obligaba. Rogole que durante su ausencia se divirtiese cuanto pudiera, invitara a sus amigas a acompaarla, fuera con ellas al campo, si de ello gustaba, y procurara no estar triste.-Aqu tienes, aadi, las llaves de los dos grandes guardamuebles. Estas son las de la vajilla de oro y plata que no se usa diariamente; las que te entrego pertenecen a las cajas donde guardo los metales preciosos; estas las de los cofres en los que estn mis piedras y joyas, y aqu te doy el llavn que abre las puertas de todos los cuartos. Esta llavecita es la del gabinete que hay al extremo de la gran galera de abajo. brelo todo, entra en todas partes, pero te prohbo penetrar en el gabinete; y de tal manera te lo prohbo, que si lo abres puedes esperarlo todo de mi clera.Prometiole atenerse exactamente a lo que acababa de ordenarle; y l, despus de haberla abrazado, metiose en el carruaje y emprendi su viaje.Las vecinas y los amigos no esperaron a que les llamasen para ir a casa de la recin casada, pues grandes eran sus deseos de verlo todo, que no se atrevieron a realizar estando el marido, porque su barba azul les espantaba. Acto continuo pusironse a recorrer los cuartos, los gabinetes, los guardarropas, siendo sorprendente la riqueza de cada habitacin. Subieron enseguida a los guardamuebles, donde no se cansaron de admirar el nmero y belleza de los tapices, camas, sofs, papeleras, veladores, mesas y espejos que reproducan las imgenes de la cabeza a los pies y en los que los adornos, los unos de cristal, de plata dorados los otros, eran tan bellos y magnficos que iguales no se haban visto. No cesaban de ponderar y envidiar la dicha de su amiga, que no se diverta viendo tales riquezas, pues la dominaba la impaciencia por ir a abrir el gabinete de abajo.Empujola la curiosidad, sin fijarse en que faltaba a la educacin abandonando a sus amigas, baj por una escalerilla reservada, con tanta precipitacin que dos o tres veces corri peligro de desnucarse. Al llegar a la puerta del gabinete detvose algn tiempo, pensando en la prohibicin de su marido y reflexionando que la desobediencia poda atraerle alguna desgracia; pero la tentacin era tan fuerte que no pudo vencerla, y tomando la llavecita abri temblando la puerta del gabinete.Al principio nada vio, debido a que las ventanas estaban cerradas. Al cabo de algunos instantes comenzaron a destacarse los objetos y not que el suelo estaba completamente cubierto de sangre cuajada y que en ella se reflejaban los cuerpos de varias mujeres muertas y sujetas a las paredes. Estas mujeres eran todas aquellas con quienes Barba Azul haba casado, a las que haba degollado una tras otra. Crey morir de miedo ante tal espectculo y se le cay la llave del gabinete que acababa de sacar de la cerradura.Despus de haberse repuesto algo, cogi la llave, cerr la puerta y subi a su cuarto para dominar su agitacin, sin que lo lograse, pues era extraordinaria.Habiendo notado que la llave del gabinete estaba manchada de sangre, la enjug dos o tres veces, pero la sangre no desapareca. En vano la lav y hasta la frot con arenilla y aspern, pues continuaron las manchas sin que hubiera medio de hacerlas desaparecer, porque cuando lograba quitarlas de un lado, aparecan en el otro.Barba Azul regres de su viaje la noche de aquel mismo da y dijo que en el camino haba recibido cartas noticindole que haba terminado favorablemente para l el asunto que le haba obligado a ausentarse. La esposa hizo cuanto pudo para que creyese que su inesperada vuelta la haba llenado de alegra.Al da siguiente le dio las llaves y se las entreg tan temblorosa, que en el acto adivin todo lo ocurrido.-Por qu no est con las otras la llavecita del gabinete? -Le pregunt.-Probablemente la habr dejado sobre mi mesa, contest.-Dmela enseguida, aadi Barba Azul.Despus de varias dilaciones, forzoso fue entregar la llave. Mirola Barba Azul y dijo a su mujer:-A qu se debe que haya sangre en esta llave?-Lo ignoro, contest ms plida que la muerte.-No lo sabes? -replic Barba Azul-; yo lo s. Has querido penetrar en el gabinete. Pues bien, entrars en l e irs a ocupar tu puesto entre las mujeres que all has visto.Al or estas palabras arrojose llorando a los pies de su esposo y pidiole perdn con todas las demostraciones de un verdadero arrepentimiento por haberle desobedecido. Hubiera conmovido a una roca, tanta era su afliccin y belleza, pero Barba Azul tena el corazn ms duro que el granito.-Es necesario que mueras, le dijo, y morirs en el acto.-Puesto que es forzoso, murmur mirndole con los ojos anegados en llanto, concdeme algn tiempo para rezar.-Te concedo diez minutos, replic Barba Azul, pero ni un segundo ms.En cuanto estuvo sola llam a su hermana y le dijo:-Anita de mi corazn; sube a lo alto de la torre y mira si vienen mis hermanos. Me han prometido que hoy vendran a verme, y si les ves hazles sea de que apresuren el paso.Subi Anita a lo alto de la torre y la msera le preguntaba a cada instante.-Anita, hermana ma, ves algo?Y Anita contestaba:-Slo veo el sol que centellea y la hierba que verdea.Barba Azul tena una enorme cuchilla en la mano y gritaba con toda la fuerza de sus pulmones a su mujer:-Baja enseguida o subo yo.-Un instante, por piedad! -le contestaba su esposa; y luego deca en voz baja-: Anita, hermana ma, ves algo?Su hermana responda:-Slo veo el sol que centellea y la hierba que verdea.-Baja pronto, bramaba Barba Azul, o subo yo.-Bajo -contest la infeliz; y luego pregunt-, Anita, hermana ma, viene alguien?-S, veo una gran polvareda que hacia aqu avanza...-Son mis hermanos?-Ay!, no, hermana ma; es un rebao de carneros.-Bajas o no bajas? -vociferaba Barba Azul.-Un momento, otro instante no ms! -exclam su mujer; y luego aadi-: Anita, hermana ma, viene alguien?-Veo -contest-, dos caballeros que hacia aqu se encaminan, pero an estn muy lejos. Alabado sea Dios!, exclam, poco despus; son mis hermanos! Les hago seas para que apresuren el paso.Barba Azul se puso a gritar con tanta fuerza que se estremeci la casa entera. Baj la infeliz mujer y fue a arrojarse a sus pies llorosa y desgreada.-De nada han de servirte las lgrimas, le dijo; has de morir.Luego agarrola de los cabellos con una mano y levant con la otra la cuchilla para cortarle la cabeza. La infeliz hacia l volvi la moribunda mirada y rogole le concediese unos segundos.-No, no, rugi aquel hombre; encomindate a Dios.Y al mismo tiempo levant el armado brazo...En aquel momento golpearon con tanta fuerza la puerta, que Barba Azul se detuvo. Abrieron y entraron dos caballeros, quienes desnudando las espadas corrieron hacia donde estaba aquel hombre, que reconoci a los dos hermanos de su mujer, el uno perteneciente a un regimiento de dragones y el otro mosquetero; y al verles escap. Persiguironle tan de cerca ambos hermanos, que le alcanzaron antes que hubiese podido llegar a la plataforma le atravesaron el cuerpo con sus espadas y le dejaron muerto. La pobre mujer casi tan falta de vida estaba como su marido y ni fuerzas tuvo para levantarse y abrazar a sus hermanos.Result que Barba Azul no tena herederos, con lo cual todos sus bienes pasaron a su esposa, quien emple una parte en casar a su hermanita con un joven gentilhombre que haca tiempo la amaba, otra parte en comprar los grados de capitn para sus hermanos y el resto se lo reserv, casando con un hombre muy digno y honrado que la hizo olvidar los tristes instantes que haba pasado con Barba Azul.</p> <p>Moraleja</p> <p>De lo dicho se deduce,</p> <p>si el cuento sabes leer,</p> <p>que al curioso los disgustos</p> <p>suelen venirle a granel.</p> <p>La curiosidad empieza,</p> <p>nos domina, y una vez</p> <p>satisfecha, ya no queda</p> <p>de ella siquiera el placer,</p> <p>pero quedan sus peligros</p> <p>que has de evitar por tu bien.</p> <p>Otra moraleja</p> <p>A tiempos ya muy lejanos</p> <p>se refiere aqueste cuento.</p> <p>Mas ahora, aunque el marido</p> <p>devorado est por celos</p> <p>y tenga la barba azul,</p> <p>o bien negro tenga el pelo,</p> <p>le domina la mujer</p> <p>con la dulzura y talento.</p> <p>Para que haya paz en casa,</p> <p>ya sabis cul es el medio.</p> <p>Caperucita rojaPerrault, CharlesBar, Teodoro (trad.)</p> <p>En tiempo del rey que rabi, viva en una aldea una nia, la ms linda de las aldeanas, tanto que loca de gozo estaba su madre y ms an su abuela, quien le haba hecho una caperuza roja; y tan bien le estaba que por caperucita roja conocanla todos. Un da su madre hizo tortas y le dijo: -Irs casa de la abuela a informarte de su salud, pues me han dicho que est enferma. Llvale una torta y este tarrito lleno de manteca. Caperucita roja sali enseguida en direccin a la casa de su abuela, que viva en otra aldea. Al pasar por un bosque encontr al compadre lobo que tuvo ganas de comrsela, pero a ello no se atrevi porque haba algunos leadores. Preguntola a dnde iba, y la pobre nia, que no saba fuese peligroso detenerse para dar odos al lobo, le dijo: -Voy a ver a mi abuela y a llevarle esta torta con un tarrito de manteca que le enva mi madre. -Vive muy lejos? -Preguntole el lobo. -S, -contestole Caperucita roja- a la otra parte del molino que veis ah; en la primera casa de la aldea. -Pues entonces, aadi el lobo, yo tambin quiero visitarla. Ir a su casa por este camino y t por aquel, a ver cual de los dos llega antes. El lobo ech a correr tanto como pudo, tomando el camino ms corto, y la nia fuese por el ms largo entretenindose en coger avellanas, en correr detrs de las mariposas y en hacer ramilletes con las florecillas que hallaba a su paso. Poco tard el lobo en llegar a la casa de la abuela. Llam: pam! pam! -Quin va? -Soy vuestra nieta, Caperucita roja -dijo el lobo imitando la voz de la nia. Os traigo una torta y un tarrito de manteca que mi madre os enva. La buena de la abuela, que estaba en cama porque se senta indispuesta, contest gritando: -Tira del cordel y se abrir el cancel. As lo hizo el lobo y la puerta se abri. Arrojose encima de la vieja y la devor en un abrir y cerrar de ojos, pues haca ms de tres das que no haba comido. Luego cerr la puerta y fue a acostarse en la cama de la abuela, esperando a Caperucita roja, la que algn tiempo despus llam a la puerta: pam! pam! -Quin va? Caperucita roja, que oy la ronca voz del lobo, tuvo miedo al principio, pero creyendo que su abuela estaba constipada, contest: -Soy yo, vuestra nieta, Caperucita roja, que os trae una torta y un tarrito de manteca que os enva mi madre. El lobo grit procurando endulzar la voz:-Tira del cordel y se abrir el cancel.Caperucita roja tir del cordel y la puerta se abri. Al verla entrar, el lobo le dijo, ocultndose debajo de la manta: -Deja la torta y el tarrito de manteca encima de la artesa y vente a acostar conmigo. Caperucita roja lo hizo, se desnud y se meti en la cama. Grande fue su sorpresa al aspecto de su abuela sin vestidos, y le dijo: -Abuelita, tenis los brazos muy largos. -As te abrazar mejor, hija ma.-Abuelita, tenis las piernas muy largas.-As correr ms, hija ma. -Abuelita, tenis las orejas muy grandes. -As te oir mejor, hija ma. -Abuelita, tenis los ojos muy grandes. -As te ver mejor, hija ma. Abuelita, tenis los dientes muy grandes.-As comer mejor, hija ma. Y al decir estas palabras, el malvado lobo arrojose sobre Caperucita roja y se la comi. </p> <p>Moraleja</p> <p>La nia bonita, </p> <p>la que no lo sea, </p> <p>que a todas alcanza</p> <p>esta moraleja, </p> <p>mucho miedo, mucho,</p> <p>al lobo le tenga, </p> <p>que a veces es joven </p> <p>de buena presencia, </p> <p>de palabras dulces, </p> <p>de grandes promesas,</p> <p>tan pronto olvidadas </p> <p>como fueron hechas. </p> <p>La Cenicienta o La chinela de cristalCharles Perrault</p> <p>rase un gentil-hombre que cas en segundas nupcias con una mujer altiva y huraa como otra no haya habido. Tena dos hijas, como ella orgullosas y que en todo se le asemejaban. El esposo tena una hija, cuya dulzura y bondad nadie aventajaba; cualidades que asemejaban las de su difunta madre, que fue buena entre las buenas. Apenas celebradas las bodas, la madrastra hizo pesar su psimo carcter sobre la joven, cuyas buenas cualidades no poda sufrir, tanto menos cuanto comparadas con las de sus hijas, stas aparecan ms despreciables. Encargole las ms humildes faenas de la casa; deba fregar los platos y los chismes todos de la cocina, barra los cuartos de la seora y de sus dos hijas; dorma en el granero y en un mal jergn, mientras sus hermanas estaban en habitaciones bien amuebladas, tenan camas lujosas y grandes espejos, en los que se vean de la cabeza a los pies. La desdichada sufra con paciencia y no osaba quejarse a su padre, quien la hubiera reido, pues estaba dominado por su mujer.Cuando haba terminado su tarea iba a un rincn de la chimenea y se sentaba encima de la ceniza, lo que dio origen a que la aplicaran un feo mote; mas la menor, que no era tan mala como su hermana, la llamaba Cenicienta, a pesar de lo cual la pobrecita, con sus remendados vestidos, era cien veces ms hermosa que sus hermanas a pesar de sus magnficos trajes. En aquel entonces el hijo el rey dio un baile al que invit a todas las personas distinguidas y tambin a las dos seoritas, que figuraban en primera lnea entre las de aquel pas. Htelas ocupadas en escoger los vestidos y adornos que mejor haban de sentarles, de lo cual haba de resultar aumento de trabajo para la Cenicienta, porque ella era la que repasaba la ropa de sus hermanas y cuidaba del atadillo y pliegues de sus jubones. Slo se hablaba del traje que se pondran. Yo, dijo la mayor, llevar el vestido de terciopelo rojo y un aderezo de Inglaterra. Yo, aadi la menor, me pondr las sayas que acostumbro llevar, pero, en cambio, ostentar mi manto recamado de flores de oro y mi adorno de diamantes, que es joya de la...</p>