Kafka - la metamorfosis

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    17-Aug-2015

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<ol><li> 1. 1 La Metamorfosis de Franz Kafka I Cuando Gregor Samsa se despert una maana despus de un sueo intranquilo, se encontr sobre su cama convertido en un monstruoso insecto". Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazn y, al levantar un poco la cabeza, vea un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas poda mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridculamente pequeas en comparacin con el resto de su tamao, le vibraban desamparadas ante los ojos. Qu me ha ocurrido?, pens. No era un sueo. Su habitacin, una autntica habitacin humana, si bien algo pequea, permaneca tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas. Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paos desempaquetados Samsa era viajante de comercio , estaba colgado aquel cuadro, que haca poco haba recortado de una revista y haba colocado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel, que estaba all, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual haba desaparecido su antebrazo. La mirada de Gregor se dirigi despus hacia la ventana, y el tiempo lluvioso se oan caer gotas de lluvia sobre la chapa del alfeizar de la ventana le pona muy melanclico. Qu pasara pens si durmiese un poco ms y olvidase todas las chifladuras? Pero esto era algo absolutamente imposible, porque estaba acostumbrado a dormir del lado derecho, pero en su estado actual no poda ponerse de ese lado. Aunque se lanzase con mu cha fuerza hacia el lado derecho, una y otra vez se volva a ba lancear sobre la espalda. Lo intent cien veces, cerraba los ojos para no tener que ver las patas que pataleaban, y slo cejaba en su empeo cuando comenzaba a notar en el </li><li> 2. 2 costado un dolor leve y sordo que antes nunca haba sentido. iDios mo!, pens. iQu profesin tan dura he elegido! Un da s y otro tambin de viaje. Los esfuerzos profesionales son mucho mayores que en el mismo almacn de la ciudad, y adems se me ha endosado este ajetreo de viajar, el estar al tanto de los empalmes de tren, la comida mala y a deshora, una relacin humana constantemente cambiante, nunca duradera, que jams llega a ser cordial. Que se vaya todo al diablo! Sinti sobre el vientre un leve picor, con la espalda se desli z lentamente ms cerca de la cabecera de la cama para poder levantar mejor la cabeza; se encontr con que la parte que le picaba estaba totalmente cubierta por unos pequeos puntos blancos, que no saba a qu se deban, y quiso palpar esa parte con una pata, pero inmediatamente la retir, porque el roce le produca escalofros. Se desliz de nuevo a su posicin inicial. Esto de levantarse pronto, pens, le hace a uno desvariar. El hombre tiene que dormir. Otros viajantes viven como pachs. Si yo, por ejemplo, a lo largo de la maana vuelvo a la pensin para pasar a limpio los pedidos que he conseguido, estos seores todava estn sentados tomando el desayuno. Eso podra intentar yo con mi jefe, en ese momento ira a parar a la calle. Quin sabe, por lo dems, si no sera lo mejor para m. Si no tuviera que dominarme por mis padres, ya me habra despedido hace tiempo, me habra presentado ante el jefe y le habra dicho mi opinin con toda mi alma. Se habra cado de la mesa! S que es una extraa costumbre la de sentarse sobre la mesa y, desde esa altura, hablar hacia abajo con el empleado que, adems, por culpa de la sordera del jefe, tiene que acercarse mucho. Bueno, la esperanza todava no est perdida del todo; si alguna vez tengo el dinero suficiente para pagar las deudas que mis padres tienen con l puedo tardar todava entre cinco y seis aos lo hago con toda seguridad. Entonces habr llegado el gran momento, ahora, por lo pronto, tengo que levantarme porque el tren sale a las cinco, y mir hacia el despertador que haca tictac sobre el armario. Dios del cielo!, pens. Eran las seis y media y las manecillas seguan tranquilamente hacia delante, ya haba pasado incluso la media, eran ya casi las menos cuarto. Es que no habra sonado el despertador? Desde la cama se vea que estaba correctamente puesto a las cuatro, seguro que tambin haba sonado. S, pero... Cera posible seguir durmiendo tan tranquilo con ese ruido que haca temblar los muebles? Bueno, tampoco haba dormido tranquilo, pero quiz tanto ms </li><li> 3. 3 profundamente. Qu iba a hacer ahora? El siguiente tren sala a las siete, para cogerlo tendra que haberse dado una prisa loca, el muestrario todava no estaba empaquetado, y l mismo no se encontraba especialmente espabilado y gil; e incluso si consiguiese coger el tren, no se poda evitar una reprimenda del jefe, porque el mozo de los recados habra esperado en el tren de las cinco y ya haca tiempo que habra dado parte de su descuido. Era un esclavo del jefe, sin agallas ni juicio. Qu pasara si dijese que estaba enfermo? Pero esto sera sumamente desagradable y sospechoso, porque Gregor no haba estado enfermo ni una sola vez durante los cinco aos de servicio. Seguramente aparecera el jefe con el mdico del seguro, hara reproches a sus padres por tener un hijo tan vago y se salvara de todas las objeciones remitindose al mdico del seguro, para el que slo existen hombres totalmente sanos, pero con aversin al trabajo. Y es que en este caso no tendra un poco de razn? Gregor, a excepcin de una modorra realmente superflua des pus del largo sueo, se encontraba bastante bien e incluso tena mucha hambre. Mientras reflexionaba sobre todo esto con gran rapidez, sin poderse decidir a abandonar la cama en este mismo instante el.despertador daba las siete menos cuarto , llamaron caute losamente a la puerta que estaba a la cabecera de su cama. Gregor dijeron (era la madre) , son las siete menos cuarto. No ibas a salir de viaje? Qu dulce voz! Gregor se asust, al contestar, escuch una voz que, evidentemente, era la suya, pero en la cual, como des de lo profundo, se mezclaba un doloroso e incontenible piar, que en el primer momento dejaba salir las palabras con clari dad para, al prolongarse el sonido, destrozarlas de tal forma que no se saba si se haba odo bien. Gregor querra haber contestado detalladamente y explicarlo todo, pero en estas circunstancias se limit a decir: S, s, gracias madre, ya me levanto. Probablemente a causa de la puerta de madera no se notaba desde fuera el cambio en la voz de Gregor, porque la madre se tranquiliz con esta respuesta y se march de all. Pero merced a la breve conversacin, los otros miembros de la familia se haban dado cuenta de que Gregor, en contra de todo lo esperado, estaba todava en casa, y ya el padre llamaba suavemen te, pero con el puo, a una de las puertas laterales. iGregor, Gregor! grit . Qu ocurre? tras unos instantes insisti de nuevo con voz ms grave .Gregor, Gregor! Desde la otra puerta lateral se lamentaba en voz baja la hermana. Gregor, no te encuentras bien?, necesitas algo? Gregor contest hacia ambos lados: Ya estoy preparado y, con una pronunciacin lo ms cuidadosa posible, y haciendo largas pausas entre las palabras, se esforz por despojar a su voz de todo lo que pudiese llamar la atencin. El padre volvi a su desayuno, pero la hermana susurr: Gregor, abre, te lo suplico pero Gregor no tena ni la menor intencin de abrir, ms bien elogi la precaucin de ce rrar las puertas </li><li> 4. 4 que haba adquirido durante sus viajes, y esto incluso en casa. Al principio tena la intencin de levantarse tranquilamente y, sin ser molestado, vestirse y, sobre todo, desayunar, y des pus pensar en todo lo dems, porque en la cama, eso ya lo vea, no llegara con sus cavilaciones a una conclusin sensata. Record que ya en varias ocasiones haba sentido en la cama algn leve dolor, quiz producido por estar mal tumbado, do lor que al levantarse haba resultado ser slo fruto de su imagi nacin, y tena curiosidad por ver cmo se iban desvaneciendo paulatinamente sus fantasas de hoy. No dudaba en absoluto de que el cambio de voz no era otra cosa que el sntoma de un buen resfriado, la enfermedad profesional de los viajantes. Tirar el cobertor era muy sencillo, slo necesitaba inflarse un poco y caera por s solo, pero el resto sera difcil, especial mente porque l era muy ancho. Hubiera necesitado brazos y manos para incorporarse, pero en su lugar tena muchas pati tas que, sin interrupcin, se hallaban en el ms dispar de los movimientos y que, adems, no poda dominar. Si quera do blar alguna de ellas, entonces era la primera la que se estiraba, y si por fin lograba realizar con esta pata lo que quera, enton ces todas las dems se movan, como liberadas, con una agita cin grande y dolorosa. No hay que permanecer en la cama intilmente, se deca Gregor. Quera salir de la cama en primer lugar con la parte inferior de su cuerpo, pero esta parte inferior que, por cierto, no haba visto todava y que no poda imaginar exactamente, demostr ser difcil de mover; el movimiento se produca muy despacio, y cuando, finalmente, casi furioso, se lanz hacia adelante con toda su fuerza sin pensar en las consecuencias, haba calculado mal la direccin, se golpe fuertemente con la pata trasera de la cama y el dolor punzante que sinti le ense que precisa mente la parte inferior de su cuerpo era quiz en estos momentos la ms sensible. As pues, intent en primer lugar sacar de la cama la parte superior del cuerpo y volvi la cabeza con cuidado hacia el borde de la cama. Lo logr con facilidad y, a pesar de su anchura y su peso, el cuerpo sigui finalmente con lentitud el giro de la cabeza. Pero cuando, por fin, tena la cabeza colgando en el aire fuera de la cama, le entr miedo de continuar avanzando de este modo porque, si se dejaba caer en esta posicin, tena que ocurrir realmente un milagro para que la cabeza no resultase herida, y precisamente ahora no poda de ningn modo perder la cabeza, prefera quedarse en la cama. Pero como, jadeando despus de semejante esfuerzo, segua all tumbado igual que antes, y vea sus patitas de nuevo luchando entre s, quiz con ms fuerza an, y no encontraba posibilidad de poner sosiego y orden a este atropello, se deca otra vez que de ningn modo poda permanecer en la cama y que lo ms </li><li> 5. 5 sensato era sacrificarlo todo, si es que con ello exista la ms mnima esperanza de liberarse de ella. Pero al mismo tiempo no olvidaba recordar de vez en cuando que reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas. En tales momentos diriga sus ojos lo ms agudamente posible hacia la ventana, pero, por desgracia, poco optimismo y nimo se podan sacar del espectculo de la niebla matinal, que ocultaba incluso el otro lado de la estrecha calle. Las siete ya, se dijo cuando son de nuevo el despertador, las siete ya y todava semejante niebla, y durante un instante permaneci tumbado, tranquilo, respirando dbilmente, como si esperase del absoluto silencio el regreso del estado real y cotidiano. Pero despus se dijo: Antes de que den las siete y cuarto tengo que haber salido de la cama del todo, como sea. Por lo dems, para entonces habr venido alguien del almacn a preguntar por m, porque el almacn se abre antes de las siete. Y entonces, de forma totalmente regular, comenz a balancear su cuerpo, cuan largo era, hacia fuera de la cama. Si se dejaba caer de ella de esta forma, la cabeza, que pretenda levantar con fuerza en la cada, permanecera probablemente ilesa. La espalda pareca ser fuerte, seguramente no le pasara nada al caer sobre la alfombra. Lo ms difcil, a su modo de ver, era tener cuidado con el ruido que se producira, y que posiblemente provocara al otro lado de todas las puertas, si no temor, al menos preocupacin. Pero haba que intentarlo. Cuando Gregor ya sobresala a medias de la cama el nuevo mtodo era ms un juego que un esfuerzo, slo tena que balancearse a empujones se le ocurri lo fcil que sera si alguien viniese en su ayuda. Dos personas fuertes pensaba en su padre y en la criada hubiesen sido ms que suficientes; slo tendran que introducir sus brazos por debajo de su abombada espalda, descascararle as de la cama, agacharse con el peso, y despus solamente tendran que haber soportado que diese con cuidado una vuelta impetuosa en el suelo, sobre el cual, seguramente, las patitas adquiriran su razn de ser. Bueno, aparte de que las puertas estaban cerradas, deba de ver dad pedir ayuda? A pesar de la necesidad, no pudo reprimir una sonrisa al concebir tales pensamientos. </li><li> 6. 6 Ya haba llegado el punto en el que, al balancearse con ms fuerza, apenas poda guardar el equilibrio y pronto tendra que decidirse definitivamente, porque dentro de cinco minutos se ran las siete y cuarto, en ese momento son el timbre de la puerta de la calle. Seguro que es alguien del almacn, se dijo, y casi se qued petrificado mientras sus patitas bailaban an ms deprisa. Du rante un momento todo permaneci en silencio. No abren, se dijo Gregor, confundido por alguna absurda .esperanza. Pero entonces, como siempre, la criada se dirigi, con naturalidad y con paso firme, hacia la puerta y abri. Gregor slo necesit escuchar el primer saludo del visitante y ya saba quin era, el apoderado en persona. Por qu haba sido con denado Gregor a prestar sus servicios en una empresa en la que al ms mnimo descuido se conceba inmediatamente la mayor sospecha? Es que todos los empleados, sin excepcin, eran unos bribones? Es que no haba entre ellos un hombre leal y adicto a quien, simplemente porque no hubiese aprove chado para el almacn un par de horas de la maana, se lo co miesen los remordimientos y francamente no estuviese en condiciones de abandonar la cama? Es que no era de verdad suficiente mandar a preguntar a un aprendiz si es que este pregunteo era necesario? Tena que venir el apoderado en persona y haba con ello que mostrar a toda una familia inocente que la investigacin de este sospechoso asunto solamente poda ser confiada al juicio del apoderado? Y, ms como consecuencia de la irritacin a la que le condujeron estos pen samientos que como consecuencia de una autntica decisin, se lanz de la cama con toda su fuerza. Se produjo un golpe fuerte, pero no fue un autntico ruido. La cada fue amortigua da un poco por la alfombra y adems la espalda era ms elsti ca de lo que Gregor haba pensado; a ello se debi el sonido sordo y poco aparatoso. Solamente no haba mantenido la ca beza con el cuidado necesario y se la haba golpeado, la gir y la restreg contra la alfombra de rabia y dolor. Ah dentro se ha cado algo dijo el apoderado en la ha bitacin contigua de la izquierda. Gregor intent imaginarse si quiz alguna vez no podra ocurrirle al apoderado algo parecido a lo que le ocurra hoy a l; haba al menos que admitir la posibilidad. Pero, como cruda respuesta a esta pregunta, el apoderado dio ahora un par de </li><li> 7. 7 pasos firmes en la habitacin contigua e hizo crujir sus botas de charol. Desde la habitacin de la derecha, la hermana, para advertir a Gregor, susurr: Gregor, el apoderado est aqu. Ya lo s, se dijo Gregor para sus adentras, pero no se atre...</li></ol>