LOS ARARAS EN CUBA

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A usted, dulce Ma Florentina, que si pudiésemos Señalarle en una flor, sea el aguinaldo blanco quien la represente en estos amaneceres de invierno en que se coronan de ellos los campos Cubanos, y hagan, inquietas, las sombras más tristes de la memoria.

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  • 1. LOS ARARAS EN CUBA FLORENTINA, LA PRINCESA DAHOMEYANA POR GUILERMO ANDREU ALONSO

2. PARA LA ABUELA VICTORIA PRESENTE EN CADA LETRA Y EN TODA MARIPOSAA usted, dulce Ma Florentina, que si pudisemos Sealarle en una flor, sea el aguinaldo blanco quien la represente en estos amaneceres de invierno en que se coronan de ellos los campos Cubanos, y hagan, inquietas, las sombras ms tristes de la memoria. 3. Cuatro siglos de ignominia, donde se destruyeron los ms altos valores del espritu, conformaron el tiempo de la esclavitud, que fomentara las bases materiales de la sociedad capitalista y cuya maternidad engendrara la prctica descarnada del racismo. En nuestra isla, la historia de aquel perodo fue demostrativa de todo lo que signific la esclavitud en abandonos, injusticias y crueldades; y nos muestra cmo las races destrozadas lograron matizar aspectos de la nacionalidad Cubana en gradual proceso de transculturacin. El mosaico tico que en Cuba segn Don Fernando Ortiz se logr con la soldadura completa de ambas razas. Mestizaje que seala Guilln no siempre sale a piel, pero que es el color de nuestro espritu. Al mediar el siglo XIX, se podan hallar en nuestro pas ejemplares de todas las razas del occidente de frica y hasta esclavos trados del oriente negro. Pero olvidaron los esclavistas que en los barcos de la trata no slo venan hombres, sino tambin espritus. Y con el dolor y la muerte se asentaron las costumbres, las creencias, los mitos, la poderosa magia del modo de vivir de aquellos seres convertidos en bestias por la desmedida ambicin. Fueron estos rasgos, inherentes a la cultura de esos pueblos, los que no pudieron ser dominados. Eran firmes los cimientos y muy alta la dignidad de los que lucharon por la supervivencia de su mundo. Sobre el ltigo inclemente crecieron los helechos de Yeb y maduraron las naranjas de 1Oshn. El inters por el personaje central que vertebra toda la atmsfera que hemos pretendido detener en estos apuntes, provoc el natural recelo entre los posibles informantes. Sin embargo, vencidos los obstculos, ofrecieron su valiosa ayuda. Martnez Fur seala en sus Dilogos imaginarios sobre los 4. arars, que es tradicional la reserva que caracteriza a los sectores de nuestro pueblo que conservan este patrimonio nacional, y reconoce que algunos miembros de la conocida familia Zulueta en Perico y Jovellanos, provincia de Matanzason considerados como grandes conocedores de la cultura arar. A travs de una individualidad enmarcamos el espritu de esa cultura, cuyos rasgos perviven ms all de un tiempo miserable. La grafa de las voces del habla arar receptadas en muy difciles condiciones- obedecen a su concepcin fontica. Estos vocablos, en muchos casos, constituyen slo sonidos onomatopyicos, que la nasalizacin del habla original hace ms complejos an. No fue posible ofrecer una traduccin al espaol de los cantos insertados en el texto, pues la misma es desconocida hasta por los propios practicantes. La correcta utilizacin de estos cantos dentro del ceremonial arar, no supone el conocimiento de una versin a nuestra lengua. Como se ha sealado es ms poderosa la tradicin oral que la palabra escrita. Los propios fundadores se abstenan frecuentemente de dar a conocer a los descendientes criollos muchos aspectos de su sabidura tradicional. Tambin han desaparecido fsicamente quienes pudieran obviar este impedimento. Florentina, polvo ya de nuestra tierra, es un momento, un aire tal vez que se ha quedado entre nosotros. Como smbolo lo representamos. Su triste destino impuesto se vuelve historia. La historia de la princesa Dahomeyana de Perico. 5. Ena de do Mij o de Fina do de Mij de Ofido a bi di gag a Me ju de Ofido o mi ca ca2TOLO-O, NA-TEGU 6. La Costa de Oro comenzaba en el Cabo Apolonia y finalizaba en el Volta. Cerca de las orillas del Volta, el gran ro del frica occidental, est Dahomey. Descendan los fundadores de este reino de los Ew, habitantes de la actual regin de Togo, los que sometieron a los Fon, establecidos all, el pueblo Fon de Dahomey tena conexiones con los Yorubas de If. Numerosos aspectos de sus culturas se identifican a travs de un profundo sincretismo religioso, logrado por el panten Yoruba al difundirse a los pueblos fronterizos, adentrndose en territorio Dahomeyano y en su vecino Arad o Adr, que lo absorbi ms profundamente. Es por lo que para muchos los Arar son una especie de Lucums. Se ha sugerido la existencia de una familiaridad tnica entre Yoruba y Adjs . Se sitan a los Arar dentro del contexto geogrfico del Dahomey. Proceden del reino de la costa Oriental, entre el Volta y el Benn, fundado en el siglo XVII, que tuvo por capital a Abomey. Los Dahomeyanos durante muchos aos, fueron sbditos del Alafin de Oy (Monarca Yoruba), hasta su liberacin en 1835, en que lograron una poderosa unidad militar que le vali a Dahomey el calificativo de la pequea Esparta Negra. Martnez Fur seala que La presencia de los Arars en nuestra isla se remonta a los albores de nuestra historia. Los Ew-Fon fueron introducidos en Cuba bajo las denominaciones de Arar ajicn, Arar cuvano, Arar Sabal, arar Nezeve, Arar Dajom y minas. Entre nosotros los negros arar son los mantenedores del culto Dahomeyano. No es posible precisar el ao en que, por el infamante comercio humano, llegaron Arar a nuestra Isla. Pero ya 7. durante el siglo XVI-Archivo de Protocolos y Libro Baraja de la Catedral aparecen Arars entre los esclavos trados a cuba. Don Fernando Ortiz seala, en la lejana fecha 1691, la existencia en la Habana de un cabildo Arar magino. Esta etnia no tuvo gran representatividad dentro de las dotaciones esclavas como sucedi con los Yorubas, Congos o carabales. De aquella hermosa tierra la trata desembarc cientos de hombres en nuestra costa. Llegaron desnudos, maldispuestos, agnicos. En abyecta condicin de esclavos. Florentina fue uno de ellos. Dos pueblos donde vivi, pero la misma tierra. En cada uno de ellos tuvo una consagracin religiosa. Haba venido a territorio Dahomeyano desde tierra Lucum .fueron dos nombres que se engendraron entre el gris amoroso de los nidos y el abismo espumoso de los rboles. Primero fue Tolo-o, con sus peces luna y frodendas; de soplo y piedras. Msica de antiguos atabales los marcaron en la distancia eran los dos hermosos nombres de Florentina Zulueta cuando la apresaron. Los nombres Africanos que permanecieron inviolables en el tiempo de la muerte. Slo recordaba la caravana bajo el fuerte sol ecuatorial. Con tiras de piel de buey se ataban por el cuello los condenados. Iban quedando atrs las altas sombras humedecidas, los tambores que llamaban y los lamentos de la madre. Lejos; la costa, donde los barcos esperaban. Cuando cay la noche, entr al mar como a la muerte. No supo en qu momento brot el canto. La apremiaban inquietas mordeduras. En su cuerpo, huesos y tojosas en 8. vibracin desordenada. Slo el mar la vasta espuma y el silencio fijo. Entonces, la voz se ofreci: Enagua un mi Gua gua mi gua Enagua o nona llea Enaguanu un mi Gua gua mi gua Enagua o no na llea.3 Las escotillas del bergantn negrero eran cuidadas por feroces perros que no permitan a los esclavos acercarse a ellas. Enjaulados, en afrentosas condiciones, la travesa pudo calificarse de infernal. De noche llegaron a las costas. La Isla reciba el cargamento en medio de una aplastante soledad. Como brumas le asaltaban a Na-Tengu los recuerdos: impacientes, despeados, convulsos. En nombre de Sechem4 se haba unido la noble muchacha a Gesu, el Rey5. De su pequeo trono fe princesa, y creci en el amor junto a la tribu que la respetaba. Tuvo conciencia cuando la calimbaron; cuando la marcaron con un hierro caliente distintivo del amo comprador. Se haban sellado los requisitos. Valdra sobre doscientos cincuenta pesos. Tena 15 aos de edad. La noche se deshaca. Slo el vuelo de algn pjaro perdido o el sostenido, continu, invariable chasquido de la resaca. Los 9. infelices negros mostrbanse asustados, impacientes; presos al ms incierto destino. Una madre, en franco enajenamiento, golpeaba a su pequeo hijo contra el maderaje del barco, desesperada porque no viviera, porque terminara para l aquella muerte lenta, cruel. De un salto Na-Tengu se lo arrebat, apretndolo contra su pecho. Con las manos, limpi la sangre que brotaba en hilillos violceos, indetenibles, dulcemente lo arrull: Era cheguela te A cae te E no mn Era cheguela te A cae te E no ma n6 La noche se aquietaba sobre el inmenso mar7.FLORENTINA ZULUETA 10. El que sera amo de Florentina, Julin de Zulueta y Amondo, Marqus de lava, era un reconocido mercader de esclavos. Estaba el peninsular entre los que manejaban el contrabando humano del Cribe y del Sur de los Estados Unidos, sus intereses se expandan. Tena oficinas en Nueva York, el sur de la Florida y una agencia en Londres. Este negrero era a la sazn Coronel de Voluntarios y ostentaba la Gran Cruz de Carlos III, la que llevaba anexo el tratamiento oficial de Excelentsimo Seor. Uno de sus principales interese era el arrendamiento de negros, lo que supona una fuerte actividad lucrativa. Era de una implacable ferocidad, y se menciona como uno de los primeros esclavistas de Cuba. Durante la dcada del 50 del siglo pasado, Zulueta se incorpor al negocio de importar nios esclavos. Y no podemos dejar de consignar que fue uno de los promotores del trfico de chinos. Verdaderamente impresionante era la actividad de este hacendado, quien llegara a fomentar una de las ms slidas fortunas del Fraginals seala la importancia de estos inescrupulosos comerciantes afirmados: Si hay un personaje capaz de simbolizar la primera mitad de nuestro siglo XIX, ste es el negrero. Durante la dcada del 60 de ese definidor siglo, Zulueta adquiere dos caballeras de la hacienda Altamira (partido de Jquimas), por fundar, en tierras de lo que hoy es el Municipio de Perico, el ingenio Arguedas, que fuera una rstica edificacin industrial. Muy cerca se levant el barracn de los esclavos, con paredes de cantera techo de tej