Ella y sus circunstancias

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    17-Aug-2015

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<ol><li> 1. Sus circunstancias y Ella. Era pequea, del tamao de su avatar contemporneo. Un simple proyecto que no se acababa de decidir por arrancar, quizs por no decir esta boca es ma. Despus estuvo creciendo sinparones, para seguircreciendo ms tarde slo de vez en cuando, a e s t i r o n e s al ritmo de unas p u l g a d a s por ao. Sus circunstancias (que era nicamente suyas ), la miraban con estupor en cada novsima ocasin, y mientras tanto, tambin pasaban y se iban, y ella pasaba con ellas, hasta que coincidieron en mirarse hacia atrs, casi como si se vieran a travs de una lente que les reflectase hacia un lugar muy muy lejano, casi como si pudieran verse las dos cuando habin sido pequeas, y an todava ms pequeas e incluso lo ms pequeas que alguna vez pudieron llegar a ser. De un modo diferente, tal vez un tanto hiperblico, tambin se acordaron de cuando era tan altas yelevadas </li><li> 2. como podan recordar haber sido alguna vez, ahora que se hacian disminuidas y mnimas (a algo as como al ritmo de una pulgada de tanto en tanto), y an as, les pareca que haba sido ayer, y slo ahora, justo ahora, se daban cuenta que hay cosas que no se pueden llegar a volver a ser ni aunque se quiera. En lo que a ella respecta, se estaba preparando para no volver a ninguna parte y a no-ser nadie. Se estaba preparando a su vuelta al cajn de sastre dond sali , a su regreso a ser pequea, infinitesimal y fragmentada al ritmo acostumbrado (algo as como una pulgada de vez en cuando, a riesgo de no ser exacto). Y desde ese momento empez a observarlo todo desde una perspectiva mucho ms a m p l i a acorde con su nueva vieja edad. Tambin sus circunstancias (pasado su auge y esplendor), se lanzaron ladera abajo por un declive muy p r o n u n c i a d o hacia una abrup ta </li><li> 3. despedida, exhalada por alguien despistado, pero finalmente desnuda y liberada de atavios y contingencias, y ya plenamente resuelta a baarse en la ltima playa, all donde acaba la costa. As, mientras a una se le encoga todo y a la otra se le acortaban las distancias por la parte del futuro, se contemplaron un instante a solas donde ninguno pudiera importunarles, escrutndose la una a la otra y entonces, lnguidas, echaron la vista atrs a lo que fueron, para despus decirse mutuamente: -Estuvo bien mientras dur. -Te vas a quedar conmigo hasta que termine la fiesta ? -Ya sabes que s, y que incluso te voy a ayudar a arreglar la casa cuando todos se vayan. Certificaron el hecho de que por fin se habian hecho amigas, ahora que las dos se encontraban tan arrugadas y encojidas. Y decidieron dejar de contar pulgadas y minutos pues ya saban que al final no queda nada. La cuenta continua aunque no quieran pues no precisa de observadoras ni testigos, para dar bien la hora. Y es que Aqu, en esta planeta perecedero (y podemos extrapolar al Universo), como es de suponer a pesar de los deseos, lo nico inmortal son las arenas del tiempo queseguirn ca yen do, tras el teln de una aurora (*) arcoiris anunciando la direccin de la avenida/ </li><li> 4. donde an vive el ngel del acaso de los das. Y por fin, despes de tantos aos de entrenamiento, de puras probaturas, errores continuos y algn acierto (no pienso aburriros con nmeros), y justo cuando la soga apretaba ms el nudo, aprendieron a vivir mejor consigo mismas las circunstancias y ella, al ritmo de las olas y sus vientos. Se pusieron a vivir sin hipotecas, con el canto alegre de la tierra que resuena Y con el regreso de las estaciones cuando toca. Y Supieron que ahora y para siempre son una y la misma cosa y se alojaron ligeras en la claridad del da, como huspedes del aire, ya vencido su alquiler de tiempo limitado, de residencia en la tierra. (*)Y Mientras tanto, el Amanecer seguir avanzando por los espejos asesinando sueos, y la materia retornar a la materia fabricando nuevos prototipos y diseos. </li></ol>