Sobre el diálogo interreligioso

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    13-Apr-2017

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  • A 7 de enero, 2016.

    Dago Anaya Trevio

    (Lic. en filosofa y letras en la Universidad Autnoma de Chihuahua, Campus Virtual)

    Sobre el dilogo interreligioso.

    Anoche escuch con agrado y con cierta dosis de sorpresa- el reciente anuncio del papa

    Francisco que, en s, es ms bien una peticin, una invitacin a la oracin y al dilogo

    interreligioso.

    Despus de ver el video ms de tres veces reflexion un poco. Las palabras del papa

    Francisco son genuinamente catlicas, es decir, se apegan a la esencia de la doctrina que

    desde siempre ha ofrecido y conservado la Iglesia. Sin embargo, no pude evitar intuir cierta

    posibilidad de que el mensaje del papa no sea captado (entendido) de manera adecuada. En

    efecto, viene a mi pensamiento la preocupacin por el fenmeno de la hermenutica: la

    interpretacin del texto Tema que, de por s, para los filsofos y estudiosos, resulta ya en

    s mismo tan interesante como complicado. Pero ese la hermenutica- no es tema ni objeto

    de este pequeo ensayo. Aunque, empero, en el fondo, el problema que aqu abordar, entre

    otros, es ese, el de la hermenutica. Cmo comprender las palabras del papa Francisco,

    que, tan comnmente son descontextualizadas y malinterpretadas?

    Antes de abordar el tema, quisiera hacer una pausa para hacer una reflexin paralela: De

    manera indirecta, el papa Francisco me ha llevado a especular en torno a la obediencia,

    fidelidad y confianza que le debemos todos los que nos llamamos catlicos al Pontfice

    Romano. Sea quien sea. Y es que, me parece sumamente peligrosa para la Iglesia (los

    fieles) la prctica de una sumisin ciega, fundamentada en la ignorancia de la doctrina y fe

    catlica. Es decir, si en algn momento de la historia llegara a haber un antipapa, como ha

    ocurrido en el pasado, los catlicos enfrentaramos una crisis que llevara a un cisma, que

    nos obligara a tomar necesariamente partido. Pues, una cosa es la obediencia a Pedro, a ese

  • que el Espritu Santo pone al frente de la barca que es la Iglesia, y otra muy distinta sera la

    ciega e ignorante sumisin a un pontfice apcrifo que llegara a negar o contradecir las

    enseanzas y doctrinas esenciales de la Iglesia.

    Por suerte nuestro amado papa Francisco no es el caso! Pero su pontificado parece

    invitarnos implcitamente a vivir una fe con conciencia y conocimiento de lo que es la

    genuina fe catlica. Evitando subjetivismos y relativismos epistemolgicos.

    La primera cuestin que analizaremos es: a quin va dirigido el mensaje del papa, esa

    importantsima y urgente exhortacin al dilogo, particularmente, intercultural e

    interreligioso? A todos. Sin lugar a dudas. Esto es, al mundo entero. Pero, podemos dividir

    esa inmensa multiplicidad de personas, creencias, culturas e ideas, en dos grandes bloques:

    Los catlicos, y los no-catlicos. Por un lado, a los no catlicos les hace un llamado, una

    invitacin fraterna a quitarse los prejuicios que pesan y acusan a la Iglesia de ideas que son

    incorrectas, falacias. El papa les muestra, a los que estn fuera del seno de la Iglesia, la

    otra cara, que, de hecho, es la cara frontal de la Iglesia. La cara de la Misericordia Divina

    encarnada en la Iglesia-, la apertura al dilogo (a un dilogo abierto e inteligente que no

    diviniza la razn, ni le rehye acobardado), el respeto por el otro (la dignidad humana) y

    por toda forma de diversidad cultural; es la cara del amor personal de Dios que es tan

    grande y perfecto que lo ha llevado a Encarnarse en el seno virginal de Mara Santsima

    (humillarse a ser de carne y naturaleza humana), y andar el viacrucis, sufrir la pasin,

    morir, y resucitar por cada uno de nosotros. En otras palabras, es una invitacin a la

    conversin y la reconciliacin con el Dios nico y Verdadero que Es Cristo Jess.

    La ligereza-ingenuidad o aparente ambigedad de su mensaje tiene la astucia de diluir

    sanamente el anuncio de la Buena Nueva, pues, el mundo de hoy, como un enfermo que no

    puede comer cualquier cosa, no podra digerir la profundidad de la fe cristiana en su slo

    trago o bocado. Esto les hara vomitar lo ingerido como de hecho ocurre-. Es necesaria

    primero una muestra de cario y de apertura real y genuina que arranque de los corazones

    empaados ese odio y aversin visceral que hoy muchos sienten casi a priori- por la

    Iglesia Catlica y todo lo que tiene que ver con ella.

  • No obstante, empero, el verdadero reto viene para los que estamos ya dentro de casa El

    catlico puede llegar a sentir cierta confusin al ver-escuchar el video en el que aparecen

    personas de distintas religiones unidas por una idea comn, la del amor. Podramos pensar

    que la religin es, a fin de cuentas, indistinta, superficial e intrascendente; que las

    diferencias son superfluas y simblicas; que en el fondo todos creemos en lo mismo y

    nos dirigimos inequvocamente al Padre-Dios. Pero esta confusin inicial es parte de una

    purificacin que nos empuja a salir de la comodidad de la ignorancia de nuestra fe catlica.

    Basta leer el Catecismo de la Iglesia Catlica, o, mejor an, estudiar las enseanzas de los

    padres y doctores de la Iglesia, y las ideas de Juan Pablo II y Benedicto XVI (entre tantos

    santos y pontfices) en torno al tema del dilogo interreligioso, para poder comprender el

    verdadero y ms profundo sentido de las palabras e intenciones del papa Francisco, que, en

    definitiva, no tienen nada que ver con un pluralismo que se abre a un eclecticismo torcido

    que degenera en cierta forma de sincretismo idolatra y neopagano. En la Iglesia Catlica

    nunca ha habido ni habr jams apertura al relativismo filosfico y epistemolgico. Pues la

    Verdad Es Una, y se Revel (se entreg) en la persona de Cristo, El Verbo Divino (Logos),

    que Es Dios mismo. De modo que, como bien ensea el papa emrito Benedicto XVI (y ya

    encontramos este argumento filosfico-teolgico desde san Agustn) en su obra: Fe,

    verdad y tolerancia, es Dios quien sale al encuentro del hombre; es Dios quien se presenta,

    se muestra, se revela, se desnuda ante la inteligencia, el alma y el corazn del hombre. Lo

    que implica que el hombre es capaz de conocer a Dios en la Persona de Cristo. Y que, a

    diferencia de esa corriente posmoderna, neopagana (de la nueva era) que se cierra en esa

    concepcin de un dios interior en el que el hombre ha de fundirse y perder su subjetividad

    (individualidad y personalidad), un dios que es el todo y la nada, y que por tanto, es y

    no-es, que existe y no-existe, y tantas otras contradicciones y sinsentidos que se infieren de

    semejante premisa, reitero, la fe cristiana es contraria a todo lo anterior, e insiste en la

    apertura a la alteridad: la otredad (en lenguaje de filsofos), la realidad del otro, que se

    configura en la relacin y dilogo entre Dios y el hombre; y que confirma mi

    individualidad: la realidad personal intrnseca a la naturaleza misma del ser humano. Eh

    ah el reto del catlico de estos tiempos: estudiar y conocer la Verdad de la Fe cristiana.

  • Finalmente, la invitacin al dilogo interreligioso que nos hace el papa Francisco tiene

    si no me equivoco- dos intenciones: 1) Que tanto catlicos como no-catlicos busquemos

    ante todo el respeto y el amor al prjimo: la interaccin y el apoyo (solidaridad) ms all de

    las diferencias culturales y doxolgicas (de doxa, en el sentido griego de creencias): de

    las diversas creencias religiosas. Y 2) fomentar, impulsar, incentivar, propiciar el dilogo,

    esto es: el intercambio de ideas, reflexiones y pensamientos. Pero no con el fin de la mera

    charla infructfera (como el chisme mexicano), sino con la idea y genuina intencin de

    buscar un acuerdo, aclarar conceptos, despejar confusiones, y, ante todo, buscar con amor,

    respeto, humildad y tolerancia, con apertura intelectual (de mente), la verdad, esa verdad

    universal (o comn) que nos une como seres humanos.

    El primer esfuerzo es de naturaleza tica: se busca trabajar en el amor al prjimo para una

    sana y justa convivencia entre los hombres; pero en el segundo (el intelectual) se ejercita el

    amor a Dios, quien es, en efecto, Amor y Verdad. Quien busca la verdad con y por amor,

    busca aunque no lo sepa- a Dios. Pues no hay ms verdad fuera de l. Y esa Verdad

    ltima es Cristo, Dios y Hombre verdadero. De modo que ese dilogo interreligioso es un

    caminar hacia Cristo, porque l Es el Camino, la Verdad y la Vida. Pues, nadie va al Padre

    si no es por medio de Jesucristo. (Juan 14:6).

    BIBLIOGRAFIA:

    - JOSEPH RATZINGER; Fe, Verdad y Tolerancia.

    - Catecismo de la Iglesia Catlica.

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