En La Soledad De Los Campos De AlgodóN

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    30-Jun-2015

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  • 1. EN LA SOLEDAD DE LOS CAMPOS DE ALGODN.Bernard Marie Kolts.

2. EN LA SOLEDAD DE LOS CAMPOS DE ALGODNBernard Marie Kolts Un deal es una transaccin comercial concerniente a valores prohibidos o estrictamente controlados, que se realiza en espacios neutros, indefinidos y no previstos para ese uso, entre proveedores y clientes, por acuerdo tcito, signos convencionales o conversaciones con doble sentido, con el propsito de evitar los riesgos de traicin y estafa que implica una operacin de esa naturaleza, a cualquier hora del da y la noche, independientemente de las horas de apertura reglamentarias de los comercios aceptados y, por lo general, a la hora de cierre de los mismos. EL DEALER Si usted anda paseando a esta hora y por este lugar, es porque desea algo que no tiene, y yo se lo puedo ofrecer; porque, si estoy en este lugar desde hace ms tiempo que usted y por ms tiempo que usted, y si incluso a esta hora que es la hora de las relaciones salvajes entre los hombres y los animales no me voy de aqu, es por que tengo lo necesario para satisfacer el deseo que pasa delante de m, y es como un peso que tengo que sacarme de encima para ponerlo en alguien que pase delante de mi, hombre o animal. Por eso me acerco a usted, a pesar de esta hora, que es cuando, generalmente, el hombre y el animal se arrojan salvajemente uno sobre el otro; yo me le acerco con las manos abiertas y las palmas vueltas hacia usted, con la humildad del que propone frente al que compra, con la humildad del que posee frente al que desea; y veo su deseo como se ve una luz que se enciende, en la ventana de un edificio, al anochecer; me acerco a usted, como el anochecer se acerca a esa primera luz, suavemente, respetuosamente, casi afectuosamente, dejando muy abajo en la calle al animal y al hombre tirar de sus correas y mostrarse salvajemente los dientes. No es que haya adivinado lo que usted puede desear, ni que este apurado por conocerlo; 2 3. porque el deseo de un comprador es lo ms melanclico que existe, algo que se contempla como un secreto que slo pide ser penetrado y con el cual nos tomamos un tiempo antes de penetrarlo, como un regalo que recibimos embalado y con el cual nos tomamos un tiempo en desatar. Pero es que yo mismo he deseado, desde el momento en que estoy en este sitio, todo lo que todo hombre o animal puede desear a esta hora de oscuridad que lo hace salir fuera de su casa, a pesar de los gruidos salvajes de los animales insatisfechos y de los hombres insatisfechos; por eso s mejor que el comprador inquieto que guarda por un instante su misterio, como una virgencita educada para ser puta - que lo que usted me va a pedir, ya lo tengo, y que para usted es suficiente pedrmelo, sin sentirse herido por la aparente injusticia que suele sentir el que pide frente al que propone. Ya que en esta tierra no hay otra injusticia ms verdadera que la injusticia de la tierra misma, que es estril por el fro o estril por el calor, y raramente frtil por la suave mezcla de lo caliente y lo fro, no hay injusticia para quien anda por el mismo pedazo de tierra sometida al mismo fro a al mismo calor o a la misma suave mezcla, y todo hombre o animal que puede mirar a otro hombre o animal a los ojos es su par porque andan sobre la misma lnea fina y plana de latitud, esclavos de los mismos fros y de los mismos calores, igualmente ricos e igualmente pobres; y la nica frontera que existe es la que hay entre el comprador y el vendedor, pero es incierta, porque los dos poseen el deseo y el objeto del deseo, a la vez hueco y abultado, con menos injusticia todava de la que hay en ser macho o hembra entre los hombres o los animales. Por eso es que provisoriamente tomo prestada la humildad y le presto la arrogancia, para que se nos distinga a uno del otro a esta hora que es ineluctablemente la misma para usted y para m. Dgame, entonces, virgen melanclica, en este momento en el que gruen sordamente hombres y animales, dgame que desea para que pueda proveerlo, y lo voy a proveer suavemente, casi respetuosamente, y tal vez con afecto; luego, despus de haber colmado los huecos y aplanado los montones que hay entre nosotros, nos alejaremos el uno del otro, en equilibrio sobre la delgada y plana lnea de nuestra latitud, satisfechos en medio de los hombres y de los animales insatisfechos de ser hombres, insatisfechos de ser animales; pero no me3 4. pida que adivine su deseo; estara obligado a enumerar todo lo que poseo para satisfacer a los que pasan delante de m desde que estoy ac, y el tiempo que necesitara esa enumeracin desecara mi corazn y quiz fatigara su esperanza. EL CLIENTE No camino en un cierto lugar y a una cierta hora; camino a secas, yendo de un punto a otro, por asuntos privados que se tratan en esos puntos y no en el recorrido; no conozco ningn crepsculo ni ningn tipo de deseos y quiero ignorar los accidentes de mi recorrido. Iba desde esa ventana iluminada, detrs de m, all arriba, hasta esa otra ventana iluminada, all, enfrente de m, segn una lnea muy resta que pasa a travs de usted, porque usted deliberadamente se situ ah. Ahora bien, no existe ningn medio que permita, a quien va de una altura a otra, evitar descender para volver a subir despus con el absurdo de dos movimientos que se anulan, y el riesgo entre uno y otro de pisar los deshechos arrojados por las ventanas; cuanto ms alto se vive, ms sano es el espacio, pero ms dura la cada; y cuando el ascensor lo ha dejado a usted abajo, lo condena a caminar en medio de todo lo que desde arriba uno no quera, en medio de un montn de recuerdos que se pudren como en el restaurante, cuando un mozo le hace la cuenta enumerando a sus odos todos los platos que usted ya digiere desde hace rato. Por otra parte, habra sido necesario que la oscuridad fuese todava ms espesa y que yo no pudiera percibir en absoluto su rostro; en ese caso habra podido, quizs, equivocarme acerca de la legitimidad de su presencia y del desvo que usted hizo para ponerse en mi camino y, a mi vez, desviarme y acomodarme al suyo; pero, qu oscuridad sera lo bastante densa como para hacer que usted parezca menos oscuro que ella? No existe una noche sin luna que no parezca medio da cuando usted pasea debajo de ella, y ese medioda es suficiente para demostrarme que no es el azar de los ascensores lo que lo puso a usted aqu, sino una imprescriptible ley de gravedad que le es propia, que usted carga, visible, sobre los hombros, como un bolso que lo ata a esta hora, en este lugar desde donde usted evala, suspirando, la altura de los edificios.4 5. En cuanto a lo que deseo, si hubiera algn deseo que pudiera recordar ahora, en la oscuridad del crepsculo, en medio de gruidos de animales a los que ni siquiera se les ve el rabo adems deseo que se olvide de la humildad y que no me ofrezca la arrogancia, porque si tengo alguna debilidad por la arrogancia, odio la humildad, en m y en los otros y este intercambio me disgusta -, lo que yo pudiera desear seguramente usted no lo tendra. Mi deseo, si lo hubiera, quemara su rostro al expresrselo, le hara retirar las manos con un grito y usted huira en la oscuridad como un perro que corre tan rpido que no se le ve la cola. Pero no, lo turbio de este lugar y de esta hora me hace olvidar que alguna vez pude haber tenido algn deseo del cual acordarme; no, no tengo ningn deseo como tampoco nada que ofrecerle, as que va a ser necesario que se corra para que no me desve, que se salga del eje que yo segua, que se anule porque esa luz, all arriba, en lo alto del edificio, al cual se acerca la oscuridad, contina brillando imperturbable; perfora esa oscuridad, como un fsforo encendido perfora el trapo que pretende ahogarlo. EL DEALER Hace bien en pensar que no desciendo de ninguna parte y que no tengo ninguna intencin de subir, pero se equivocara si creyera que lo lamento. Evito los ascensores como un perro evita el agua. No es que se nieguen a abrirme la puerta ni que me repugne encerrarme, sino que los ascensores en movimiento me hacen cosquillas, y, entonces, all pierdo mi dignidad; y, aunque me gusta que me hagan cosquillas, tambin quiero que no me las hagan apenas lo exige mi dignidad. Los ascensores son como ciertas drogas; demasiado uso hace que uno flote, nunca subir, nunca bajar, confundir lneas curvas con lneas rectas y congelar el fuego en su centro. Sin embargo, desde que estoy en este lugar s reconocer las llamas que, de lejos, detrs de los vidrios, parecen heladas como crepsculos de invierno; pero basta que nos acerquemos suavemente, tal vez afectuosamente, para recordar que no hay ninguna luz definitivamente fra; mi propsito no es 5 6. hacer que usted se apague, sino protegerlo del viento y secar la humedad del instante al calor de esta llama. Porque, diga lo que diga, la lnea, tal vez recta, sobre la cual usted caminaba, se torci cuando usted me percibi y capte el instante preciso en que su camino se volvi curvo; y no curvo para alejarlo de m, sino curvo para venir a m; de otra manera, nunca nos hubiramos encontrado y, de antemano, se habra alejado de m, porque usted caminaba a la velocidad de quien se desplaza de un punto a otro, y nunca lo habra alcanzado porque yo slo me desplazo lentamente, tranquilamente, casi con inmovilidad, al paso de quien no va de un punto a otro, sino que, en un lugar invariable, se acerca a quien pasa delante de l y espera que modifique ligeramente su recorrido. Y si digo que describi una curva y quiz va a pretender que era un desvi para evitarme, a lo cual voy a afirmar, en respuesta, que fue un movimiento para acelerarlo -, sin duda es porque, a fin de cuentas, usted no se desvi, porque toda lnea recta slo existe en relacin con un plano, porque nos movemos segn dos planos distintos y porque, sintetizando, el nico hecho que cuenta es que mir y que intercept esa mirada, o fue al revs, y que la lnea sobre la cual se desplazaba, de absoluta que era se hizo relativa y compleja en consecuencia: ni curva ni recta, sino fatal. EL CLIENTE Sin embargo, para agradarle, no tengo deseos ilcitos. Mi propio negocio lo hago en las horas aceptadas del da, en los comercios aceptados e iluminados con luz elctrica. Tal vez sea puta, pero si lo soy, mi prostbulo no es de este mundo; el mo se extiende bajo la luz legal y cierra sus puertas a la noche, sellado por la luz e iluminado con luz elctrica, porque ni siquiera la luz del sol es confiable; adems es complaciente. Qu es lo que usted espera de un hombre que no da un paso sin que ste sea aceptado y sellado y legal e inundado de luz elctrica en sus menores recovecos? Y si estoy aqu, en recorrido, a la espera, en suspensin, en desplazamiento, fuera de juego, fuera de vida, provisorio, prcticamente ausente, por as decir en otra parte porque si se dice de un hombre que cruza el Atlntico, 6 7. que en un momento dado est Groenlandia, est en Groenlandia o en el corazn tumultuoso del ocano? -, y si yo me desvi, a pesar de que no haya razn alguna para que se tuerza de repente mi lnea recta, del punto desde donde vengo al punto hacia donde voy, es porque usted me impide el camino, lleno de intenciones ilcitas y de sospechas referidas a m de intenciones ilcitas. Ahora bien, sepa que lo que ms me repugna en el mundo, incluso ms que la intencin ilcita, ms que la actividad ilcita misma, es la mirada de quien sospecha que uno esta lleno de intenciones ilcitas y que acostumbra tenerlas; no solamente a causa de esa mirada misma - aunque es turbia al punto de enturbiar un torrente de montaa (y la mirada suya hara subir el barro desde el fondo de un vaso de agua) -, sino porque, por el solo peso de esa misma mirada sobre m, la virginidad que hay en m se siente repentinamente violada, la inocencia culpable, y la lnea recta, destinada a llevarme de un punto luminoso a otro punto luminoso, por culpa suya, se tuerce y se vuelve un laberinto oscuro en el oscuro territorio donde me perd. EL DEALER Usted trata de poner una espina debajo de la silla de mi caballo para que se ponga nervioso y se deboque, pero, aunque mi caballo es nervioso y poco dcil, lo tengo con las riendas cortas y no se desboca con tanta facilidad; una espina no es un cuchillo, el caballo conoce el espesor de su cuero y puede aguantar la picazn. Sin embargo, quin conoce de verdad los humores de los caballos? A veces aguantan una aguja en su flanco, a veces algo que queda debajo del arns puede hacerlos encabritar y girar sobre ellos mismos y desensillar al jinete. Sepa entonces que, si le hablo a esta hora, as, suavemente, tal vez todava con respeto, usted no me responde de la misma manera, sino forzosamente, segn un lenguaje que hace que lo reconozcamos como miedo, con un miedo pequeito y agudo, sin sentido, demasiado visible, como el de un chico frente a un posible paliza de su padre; yo tengo el lenguaje del que no se deja reconocer, el lenguaje de este territorio y de este lapso en que los hombres tiran de la correa y en el que7 8. los cerdos chocan con la cabeza contra el corral; yo contengo mi lengua como se contiene a un semental por las riendas para que no se lance sobre la yegua, porque si soltara las riendas, si distendiera levemente la presin de mis dedos y la traccin de mis brazos, mis palabras me haran caer de la silla y se lanzaran hacia el horizonte con la violencia de un caballo rabe que huele el desierto y que no puede frenar. Por eso, sin conocerlo, lo he tratado correctamente desde la primera palabra, desde el primer paso que di en su direccin, un paso correcto, humilde y respetuoso, sin saber siquiera si algo en usted mereca respeto, sin conocer nada de usted que pueda ensearme si la comparacin de nuestros dos estados autorizaba que yo fuera humilde y usted arrogante, le he dejado la arrogancia a causa de la hora del crepsculo en la que nos acercamos uno al otro, porque la hora del crepsculo en la que se acerc a m es aquella en la que la correccin ya no es obligatoria y por eso se hace necesaria, en la que slo es obligatoria una relacin salvaje en la oscuridad, y hubiera podido arrojarme como un trapo sobre la llama de una vela , hubiera podido tomarlo por el cuello de la camisa, por sorpresa. Y esa correccin, necesaria pero gratuita, que le he ofrecido lo liga a m, solamente porque hubiera podido, por orgullo, pisarlo como una bota pisa un desecho de papel, porque saba, por esa altura que nos diferencia bsicamente y a esta hora y en este lugar, slo la altura nos diferencia -, ambos sabemos quin es la bota y quien el desecho de papel. EL CLIENTE Aunque lo haya hecho, sepa que hubiera deseado no haberlo mirado. La mirada pasea, se posa y cree encontrarse en terreno neutro y libre, como una abeja en un campo florecido, como el hocico de una vaca en el espacio cerrado de una pradera. Pero, qu hacer con la mirada? Mirar hacia el cielo me pone nostlgico y fijar la mirada en el suelo me entristece: extraar algo y recordar que no lo tenemos son dos cosas igualmente agobiantes. Entonces es necesario mirar bien delante de uno, a la propia altura, sea cual sea el nive...